viernes, 15 de junio de 2012

Nocilla (la nuestra)


 Tendría unos ocho años  cuando iba a clase de religión y le hablaban del alma y ELLA con una sonrisa pícara me miraba y con el dedo índice se señalaba el centro del pecho, al lado del corazón, luego me decía que ella tenía allí el alma, pegadita a su corazón. Y así fue y así es. Porque ELLA cuando se enamoró no supo que era lo que mandaba si su alma o su corazón, y se dejó llevar; cuando nacieron sus hijos puso toda su alma pero mandada por su corazón y ahora que empiezan los nietos hace las cosas con el corazón pero la que manda es su alma. ELLA guarda todos sus temores, sus dudas, sus inseguridades tras una sutil cortina de mujer dura, pero no lo es tanto y por las noches, ya cansada, le gusta meter su dedo índice (el que señalaba a su alma) en el vaso de la nocilla y cuando estoy a su lado siempre me dice: “¿Quieres? Es lo mejor que hay”.
Con vistas a que ELLA me diga cuando nos veamos, que ahora “mi nocilla” es la mejor que hay; y a que  haya una ELLA que a cada uno de vosotros/as os lo diga también:

NUESTRA NOCILLA


Ingredientes:

30 grs de avellanas.
50 grs de chocolate negro.
20 grs de azúcar.
25 grs de mantequilla.
50 grs de leche (yo he usado de oveja, pero vale la de vaca entera)
Pizca de sal (no necesariamente, a mí se me olvido y no se notó).

Elaboración:

Esparcir las avellanas sobre una bandeja de horno y tostarlas a 180º durante unos 10 minutos, removiéndolas un par de veces para que no se quemen.
Las sacamos del horno, las colocamos sobre un paño de cocina y las frotamos con “alegría”, para que suelten su “camisa”. Esto será lo más duro que hagáis en esta receta. Picamos las avellanas con el azúcar (la mezcla quedará más fina que si lo hacemos por separado), ayudándonos de batidora, thermomix, molinillo…lo que cada uno use, pero conviene reducirlo todo a fino polvo.

 Calentamos la leche  y la vertemos caliente sobre nuestro polvo de avellanas, removiéndolo hasta conseguir una pasta homogénea, sin grumos y lo dejamos reposar.
Fundimos el chocolate al baño maría y una vez que esté le añadimos la mantequilla y removemos con amor hasta que quede bien disuelta.
Es el momento de volcar la mezcla de chocolate sobre el preparado de leche, avellanas y azúcar y mezclar con cariño estos  ingredientes y se producirá el milagrito dulce. La guardamos en un bonito recipiente y no hay que temer que esté muy líquida, ya que al enfriar su textura se volverá un poco más espesa.

VA POR ELLA Y... POR TODOS





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