lunes, 26 de enero de 2015

Pollo al Vinagre y Una Patata Rellena de Ensalada

Me abres la puerta? Necesito sentarme a hablar con alguien y he pensado en ti. Es buena hora? Tienes un ratito para mí? Me reconforta saber que me vas a oír  y que vas a escuchar mis tristezas y soledades. Qué bueno es tenerte! Hoy arrastro alma de bolero hasta tu casa y empezaría pidiéndole al reloj que no marcara las horas por aquello de no enloquecer. Estoy triste, preocupada, nerviosa…y a la vez esperanzada y con la convicción de que es lo mejor para ella. Con los nervios no te lo he dicho aún, es mi hija, hace unas horas ha empezado lo que será su primera  experiencia laboral lejos de su entorno familiar. Otro cambio más en nuestras vidas. Se va a  vivir, trabajar y continuar con su formación académica en Estados Unidos y eso…pues eso, te pone el alma de bolero y el corazón al compás de un fado. Cada  prenda que se guarda en la maleta es un nudo en el corazón y una lagrima en los ojos y por más que te repites que es lo que ella desea y que los hijos deben hacer su vida lejos pero “cerca”, siempre cerca, de los padres… ahí sigue el nudo y ahí comienza a asomar la lágrima. Ya sé que los tiempos han cambiado mucho, y ahora en lugar de cartas utilizaremos el Skype, el Whatsapp y el teléfono para acercar nuestra distancia física, pero... Me viene a la cabeza un hermoso bolero que suena así:

Son tus cartas mi esperanza,
mis temores, mi alegría,
y aunque sean tonterías
escríbeme... escríbeme.
Tu silencio me acongoja
me preocupa y predispone
y aunque sea con borrones,
escríbeme, escríbeme.
Me hacen más falta tus cartas
que la misma vida mía,
lo mejor morir sería
si algún día me olvidaras.
  
(Este bolero lo escribió Guillermo Castillo Bustamante, preso político en el penal de Barquisimeto, pensando en su hija Inés. Sólo tuvo derecho a escribir una carta quincenal, de una cuartilla. Inés, su esposa, estaba presa. Inés, su hija, no lo podía ver, pero era la encargada de hacerle llegar las noticias de la familia y de recibir las cartas. Un productor convenció a Alejandro Sadel, galán de moda en los sesenta, para que cantase el bolero. Luego se convertiría en Venezuela en un himno de los movimientos democráticos. Mucho más adelante, Lucho Gattica lo incluiría en su repertorio.)

Una de las últimas recetas que me pidió mi hija fue esta que ahora te enseño y espero que te guste, es light, light:
POLLO AL VINAGRE Y UNA PATATA RELLENA DE ENSALADA


Ingredientes (4 persosnas):

3 pechugas de pollo.
1 zanahoria limpia y cortada en rodajas.
½ cebolla picada en trocitos.
2 dientes de ajo picados.
½ cebolla morada cortada en trozos verticales grandes + ¼ para la ensalada.
6 tomates cherry.
½ c.c de salsa Tajín (opcional).
3 c.s de aove.
200 ml de vinagre.
100 ml de vino blanco (sustituible por agua).
2 hojas de laurel.
Pimienta molida.
Orégano.
Sal.
4 patatas cocidas.
Unas hojas de lechuga para la presentación.







Elaboración:

Ponemos a calentar el aove y ahí pochamos la cebolla picada, los ajos y la zanahoria, cuando  empiezan a tomar color añadimos  el pollo y lo doramos un poquito durante unos minutos, lo salpimentamos y le añadimos el laurel y el orégano, le damos unas vueltas más e incorporamos el vinagre y el vino blanco, dejamos que cueza todo junto sin la tapadera, para que evapore y reduzca, durante unos 20 minutos.   Cuando faltan 7 minutos para finalizar la cocción incorporamos los trozos de cebolla morada (quedarán perfectamente cocidos y no perderán su color, nos servirán para decorar nuestras patatas cocidas).


Sacamos la cebolla morada, la pasamos por agua muy fría y la ponemos a escurrir, la utilizaremos luego para nuestra
Ensalada de patata:

Cocemos las patatas (yo lo hice en el microondas) y con cuidada vaciamos su interior con ayuda de un sacabolas, reservando  lo que retiramos.
En un bol picamos muy chiquitos los tomates y la cebolla morada y lo mezclamos con la patata cocida que hemos retirado. Esto lo sazonamos con sal y  salsa Tajín y aliñamos a nuestro gusto con vinagre y aceite o zumo de limón y aceite (lo dicho a nuestro gusto).

Sobre unas hojas de lechuga colocamos la patata, la rellenamos con la ensalada y con un poco de cuidado le ponemos de forma decorativa las tiras de cebolla morada cocida.




y aunque sean tonterías
escríbeme... escríbeme.

domingo, 18 de enero de 2015

Tres Chocolates...Una Tarta

Pertenezco a ese tipo de personas que  elabora teorías extrañas sobre cualquier asunto por trivial que este pueda parecer y hasta ser. Tenía que hacer un viaje que llevaba posponiendo años, muchos años y quizás no hubiera muchas más oportunidades. Cuando regresé de mi soñada visita a tía Ángeles, no tuve sensación de melancolía hasta llegar a casa y ver el beso largo de una pareja de novios en el portal. Esta escena me paralizó. Un beso, y se me vino el mundo encima. El beso de una pareja de  novios en un portal puede provocar una grieta en el alma por la que entra la melancolía y el calor de las noches de verano de la infancia.  Esta pareja de novios no pretendía sino, alargar la noche y retrasar la despedida con un beso lento, minucioso, interrumpido de vez en cuando por la necesidad de comprobar (pienso), antes de seguir, que quien entraba en el portal no ejercía de mirón. Se miraban a los ojos, se susurraban algunas palabras y luego el beso renacía. Ese beso escondía las conversaciones largas y los planes de un futuro compartido por los labios. De pronto, me sentí envuelta por otro tiempo. Olí a apuntes de universidad, a piso de estudiantes, a tardes de sentadas en las escaleras de Anaya. Olí a rumor de aula universitaria, a paseos por la Plaza Mayor. Entré en el ascensor de casa, ya es antiguo, pertenece al pasado, igual que algunos besos, y  pensé que estas escenas me parecen costumbres de otra época, que son tan escasas que parecen irreales, la gente ya no se besa en los portales al menos, no como cuando éramos pequeños, los novios no tienen la necesidad de robar unos minutos al horario para invertirlos en despedirse en el portal. Y como eran besos, besos te traigo:

`TRES BESOS, TRES CHOCOLATES…UNA TARTA
TARTA DE TRES CHOCOLATE


Ingredientes:

175 gr. de chocolate blanco (Esmeralda- choco bio leche 35% cacao)
175 gr. de chocolate con leche (Nampán- choco bio leche 32% cacao)
175 gr. de chocolate negro (Cacao Barry Mexique origene rare 66% cacao)
900 gr. de nata (35% M.G)
2 huevos
1 yema de huevo
3 hojas de gelatina


Elaboración:
 
Hidratar 5 minutos en agua fría las hojas de gelatina.  
Por separado, fundimos los chocolates al baño maría.
También al baño maría, batimos los huevos y la yema, y le añadimos las hojas de gelatina, continuamos batiendo hasta que se forma una crema esponjosa y... se retira del baño maría.
La mezcla anterior se divide en tres partes que se añaden a cada uno de los chocolates. 
Se monta la nata, la dividimos en tres partes y se mezcla cada parte con cada uno de los chocolates (una parte con el chocolate blanco, otra con el chocolate con leche y la otra con el chocolate negro).

Primero se echa el chocolate negro y se mete en la nevera para que se solidifique, cuando ya está se le añade el chocolate con leche y se vuelve a introducir en la nevera y finalmente el chocolate blanco (Podemos acelerar el proceso de solidificación recurriendo al congelador).
Si lo que utilizamos es un molde no desmontable el orden de los chocolates sería al revés para que al desmoldar la tarta (volteándola) quedase el chocolate blanco por encima.


Cuando la tarta está solidificada se puede decorar con  frutas, fideos de chocolate, mini-bolitas de chocolate..., o cualquier decoración que consideremos oportuna.


La he decorado con bombones de chocolate kisses.
Se puede congelar. 



Nota:  Me equivoqué y la mezcla de yemas y gelatina la uní con la nata y luego con el chocolate, el resultado final fue que la tarta quedó un  poco más sólida que otras veces, no tan esponjosa, pero aun así me sigue gustando muchísimo más que las que se elaboran con cuajada.



sábado, 10 de enero de 2015

Quiche de Setas de Cardo con Polvo de Jamón

De lugares comunes, para eso nos reunimos, para hablar de lugares comunes. Empezamos por el primero, por el que marca el origen de lo que somos en este momento. Nuestra infancia en el pueblo transcurrió en un barrio lleno de niños y las noches de verano facilitaban nuestras aventuras callejeras. Las madres y abuelas consentían nuestros juegos nocturnos porque el barrio era una pequeña jungla familiar. Un barrio con laguna y plantío cuyos límites al frente lo marcaban los huertos. Este era nuestro territorio. No había peligro, los mayores cuidaban y vigilaban a los pequeños y todos podíamos volver a casa más tarde que las parejas de novios. Un poco antes de las once, siempre había alguno escondido haciendo guardia en la esquina de la callejuela, cerca de la plazuela del Hospital, para dar la voz de alerta en cuanto llegaba Lucita. (A las chicas os lo contamos después, los que miramos somos los chicos)Se trataba de acercarse despacio, sin hacer ruido, como los indios de las pelis que “echaban” en el tele-club y espiar su despedida. Lucita entrecerraba los ojos cuando se dejaba besar por su novio, pero también los mantenía abiertos, vigilantes y atentos a la mirada impertinente de los pequeños gamberros y grandes aprendices. Los besos de Lucita fueron los besos  de nuestra infancia. Todos estábamos pendientes de ellos, los que los disfrutaban en primera línea y los que oíamos, sentados en corro, el relato adornado, exagerado, de la apasionante y apasionada despedida, como si de un serial radiofónico se tratara. Un beso ahora es un beso, pero antes era todo un melodrama, sobre todo si el entorno era  un pueblo y el noviazgo no acababa en boda. Alguna pelea hubo por quién vigilaba, quién se ponía y dónde, quién contaba y qué… nada que no  lograra resolver  una “rifa” diaria de puesto de vigilante primero, segundo, tercero… y así transcurrió nuestra infancia, llena de besos, soñando con besos, contando besos, hablando besos, espiando besos, narrando besos. Y para esta reunión de amigos de la infancia en la que cada uno aporta varios recuerdos y  un plato, yo traigo:

 QUICHE DE SETAS CARDO CON POLVO DE JAMÓN Y ROMERO



Ingredientes:

1 lámina de masa de hojaldre refrigerada.
4 huevos.
200 ml de nata líquida.
100ml de leche entera.
150 grs de queso crema.
Sal y pimienta negra recién molida al gusto.
250 grs aprox. de setas de cardo frescas (Sirven  si las has recogido en temporada y las has congelado, envasado al vacío o deshidratado).
2 puerros (la parte blanca) muy picaditos.
4 c.s de aove.
4 lonchas finas de jamón.
Unas ramitas de romero fresco.


Elaboración:

En papel de cocina ponemos una loncha de jamón lo envolvemos, ponemos otra loncha, la envolvemos y así con las cuatro. Lo ponemos  2 minutos a máxima potencia en el microondas. Nos quedarán muy crujientes, con ellas podremos  hacer el polvo de jamón que reservaremos para  luego echarlo por encima de nuestra quiche.
En una sartén ponemos el aceite y pochamos el puerro, cuando este blandito añadimos las setas, salpimentamos, removemos y dejamos cocinar durante 10 minutos.


Mientras, ponemos un poco de mantequilla en un molde de horno de paredes bajas y lo forramos con papel de hornear (así el papel quedará fijado al molde) y sobre el papel ponemos la masa de hojaldre.
Encendemos el horno a 200º
En un bol amplio, batimos los huevos y mezclamos  muy bien con la nata y el queso.
A la mezcla de huevos con queso le añadimos la de puerros y setas bien escurridas (reservamos las más pequeñitas para adornar por encima la quiche), removemos y vertemos sobre la masa de hojaldre.

Cocemos a 180º de 20 a 25 minutos. Fuera del horno y en caliente espolvoreamos con el crujiente de jamón y le ponemos unas ramitas de romero que con el calor subirán hasta nosotros el agradable aroma de la planta.



Nota: Si las setas están deshidratadas deberás ponerlas un par de horas en agua templada a rehidratar. Si están congeladas, deberás dejarlas descongelar y apretarlas con las manos para que suelten el exceso de agua.  Las que yo he utilizado (recolectadas por mi cuñado) estaban limpias, envasadas al vacío y luego congeladas.