domingo, 2 de agosto de 2015

Sweet Varese de Calabacín y Naranja

Llevaba una temporada durmiendo mal, se pasaba las noches despertando cada dos o tres horas. Esta noche también. Por un momento observó lo que le rodeaba. El reflejo de la luna atravesaba los cristales de la ventana y dibujaba formas esquivas en la superficie de la cama, que se transformaban grotescamente cuando se alteraba la perspectiva desde la que eran descubiertas. Eran las figuras de la soledad. La almohada parecía ahora un perro acurrucado y casi redondo, como el viejo Rufo. La sábana, caída hacia el suelo, un velo abandonado, como el de una novia que huye de forma trágica. Encendió la luz de la lámpara de noche y la magia se evaporó: la sábana perdió tragicidad y la almohada recuperó su identidad de simple, vulgar, desconsolada almohada. Miró el reloj: las cuatro y treinta y cinco de la noche…otra noche de desvelo, otra noche que quedaría reflejada en sus ya oscuras ojeras. Se levantó y bajó hasta la cocina, ni siquiera encendió la luz, suficiente con la que entraba por el ventanal. Miró hacia afuera, sin buscar nada y buscando algo que pudiera relajarlo un poco, la luz de un barco en el horizonte, algún gato callejero buscando amores, un papel movido por la brisa de la noche…Recordó algo que había leído hacía tiempo a cerca de que cada noche tiene su manera de ser, como las personas. Hay noches tranquilas, pacíficas, belicosas, antipáticas, felices, profundas, monótonas. Las personas dependen de sus amistades y las noches de los cuerpos, de todo lo que se esconde dentro de un cuerpo. Dime con quién andas y te diré quién eres. Dime qué tipo de oscuridad se esconde en tu cuerpo y te diré cómo anda tu vida y cómo pasas las noches. Antes de llegar a la cara, todas las preocupaciones necesitan por lo menos una noche para dejar su huella. Según esto a él sólo le queda saber qué era lo que le preocupaba y no conseguía ver…Si todo, aparentemente, todo a su alrededor estaba ok.

SWEET VARESE DE CALABACÍN Y NARANJA



El Varese es un dulce típico de la ciudad lombarda de la que toma su nombre, se caracteriza por hacerse en un molde semicircular acanalado y cuyo ingrediente fundamental es la harina fina de maíz utilizada en la elaboración de la polenta, que le otorga el color amarillento característico.
Como ves, mi SWEET VARESE, se parece al original en el color y en la forma. Aparentemente...Sí es un Varese.



Ingredientes:
200 grs de calabacín rallado (con parte de la piel).
2 huevos.
125 grs de azúcar.
6 semillas de cardamomo molidas.
Ralladura de 1 naranja (su piel).
Zumo de 1/2 naranja.
85 grs de aceite de avellana (sustituible por girasol o maíz)
150 grs de harina de todo uso.
50 grs de harina de arroz.
10 grs de levadura (tipo royal).
Pizca de sal.


Elaboración:
Encendemos el horno a 180º para que se vaya calentando mientras preparamos el  Varese.
Rallar el calabacín y reservar bien escurrido.


Batir los huevos junto con el azúcar hasta que doblen su volumen y  la mezcla se vuelva blanquecina (unos 10 minutos con las varillas eléctricas). Entonces, añadir con cuidado el aceite (como si fuera una mayonesa) y seguir batiendo. Incorporar la ralladura de naranja, las semillas de cardamomo, el calbacín rallado y el zumo y mezclar todo bien con la ayuda de una espátula. 
Mezclar la harina de trigo, con la harina de arroz,  la levadura y  la sal  y tamizándola  vamos añadiendo sobre la mezcla.
Mezclar con cuidado y llenar el molde, previamente engrasado.


Nota: como me sobró masa llené unos cuantos moldecitos de madeleines para luego decorar el Varese.



Introducir en el horno y cocer a 180º durante 20/25 minutos (depende del horno: lo mejor es la prueba del palillo). Cuando falten 10 minutos introducimos la bandeja de las madaleines que se harán enseguida.


NOTA: Mis pucheros y cazuelas me han pedido vacaciones hasta septiembre, creo que es justo y hasta necesario que descancansen y yo con ellos...así que ¡Volvemos en Septiembre!!!
Sed Felices...