domingo, 17 de julio de 2016

Caramelos Chinatos ( caramelos de aceite al pimentón con pulpo)

Andrés lanzó dos impactos al aire, en direcciones opuestas, un-dos, y bostezó. Le gustaba despertar con la algarabía de los gorriones que, por fortuna, habían anidado justo encima de la ventana de su cuarto y se levantó con un ánimo casi, casi inmejorable. Lentamente, con los pasos suaves y ligeros que los setenta años le habían colocado, llegó hasta la cocina y recibió la taza del eterno café oscuro, caliente y dulzón que le sirvió Mercedes, su mujer de toda la vida. Después de beber a pequeños sorbos su negro café, salió al corral donde el sol era todavía una promesa. Se acercó hasta el grifo del lavadero y al principio no advirtió la terrible ausencia, pero, cuando terminó de lavarse la cara, se volvió rápidamente, con el giro de sus mejores años de mozo, pues sabía que faltaba algo en el ritual inviolable de cada amanecer. Buscó con los ojos y, ya desesperado, Andrés gritó: “Merceditas, Merceditas, los faisanes”, y empezó a arrastrar por el corral una pena sin nombre. Le parecía imposible que alguien, cualquiera, le hubiese llevado aquella pareja de faisanes que, durante todo un año, había criado y alimentado con inmenso celo, como hijos, aquellos animales que rotundamente se había negado a sacrificar la última Navidad. Enloquecido, el anciano salió a la calle y comenzó la investigación que, 12 horas después, lo conduciría hasta el ladrón de sus queridos faisanes, el estupefacto adversario con quien  Andrés “Palancas” celebraría su última pelea. Aquella tarde la silla de Andrés quedó vacía. Ante la sorpresa de los otros viejos jugadores de dominó, el fiel Andrés faltaba, por primera vez en once años, a las partidas que cada tarde después de comer, incluidos domingos y fiestas de guardar celebraban en el bar del pueblo. Ninguno de ellos sabía que aquel antiguo luchador se iniciaba, aquel día, como detective privado. Toda la mañana y parte de la tarde estuvo recorriendo el pueblo, indagando por el paradero  de aquella pareja de faisanes que parecían tragados por la tierra. Cuando empezaba a caer la tarde, ya fatigado y sin esperanzas, el viejo “Palancas” llegó a casa de su sobrina Albina y le pidió un vaso de agua fresca. Al verle el aspecto Albina le preguntó qué le había pasado y él le relató su desgracia. En ese momento, el corazón de Albina estuvo a punto de pararse. Pero rápidamente, como ocurre en las malas noticias, le contó  a su tío que Goyo, el de la calle Mentidero, le había ofrecido unos faisanes “que había traído del plantío”. Andrés no pudo escuchar el precio que le había puesto a sus queridas aves, pues ya había doblado la esquina. Con la seguridad de Philip Marlowe, Andrés entro directo al patio de la casa de Goyo, allí buscó con la vista hasta hallar el bidón de basura y lo destapó; en el fondo del recipiente descansaba el plumaje de sus aves. El resto fue fácil. “Palancas” entró en la casa llamando a Goyo. El hombre que dormía para reponerse de la mala noche, le respondió desde la cama y sus ojos enrojecidos miraron a Andrés con la misma  expresión de las aves degolladas. “Palancas” ganó por nocaut a los 25 segundos de comenzado aquel imprevisible combate y Goyo se tragó, como simples aspirinas, los dos dientes de oro que le gustaba exhibir con su sonrisa estruendosa.

CARAMELOS CHINATOS
(caramelos de aceite al pimentón con pulpo)



Ingredientes (6 caramelos):

30 grs A.O.V.E  (debemos obtener al final 22 grs)
½ c.c Pimentón de La Vera “La Chinata”
1 Ajo.
12 grs Maltodextrina.
12 grs Pulpo cocido.
Sal (opcional).
 6 láminas de Obulato.





Elaboración:
Picamos muy, muy menudito el pulpo y lo reservamos.
Pelamos el ajo, le retiramos el germen y lo laminamos. Ponemos en una sartén  el aceite (en frío) y el ajo y dejamos que se vayan friendo lentamente hasta que las láminas de ajo estén doradas, de esta forma  conseguiremos unos crujientes  chips de ajo.


Retiramos del aceite el ajo y reservamos. En el mismo aceite, caliente pero fuera del fuego echamos el pimentón para que se cocine pero que no se requeme (para evitar que el pimentón amargue). En este aceite de pimentón todavía caliente echamos el pulpo, para que tome sabor. Cuando se enfríe  el aceite totalmente, retiramos el pulpo  lo escurrimos bien y reservamos.


Colamos el aceite de pimentón, debemos obtener 22 grs a los que añadimos el pulpo y un poquito de sal (opcional) e incorporamos poco a poca la Maltodextrina, removiendo bien para que se vaya solidificando nuestro caramelo.


Colocamos un poquito de la masa encima del obulato y lo enrollamos para hacer nuestros caramelos, que decoraremos con un chip de ajo.



Los ingredientes:
El Obulato es una lámina transparente y ultrafina elaborada con almidón de patata, soja y aceite de girasol. Es como “el plástico” que envuelve las capsulas de los medicamentos, pero muchísimo más fino. Se deshace en contacto con líquido, por eso se deshace en la boca. No tiene sabor.
La Maltodextrina es de origen natural, concretamente se obtiene del almidón del maíz, del de la patata y del de la tapioca. Se utiliza entre otras aplicaciones, como espesante para estabilizar alimentos con muchas grasas.
El pulpo aparece aquí como un guiño a la cocina gallega y porque es un alimento que se deja querer por el sabor ahumado del pimentón y la suavidad del aceite de oliva virgen.

El ajo y el pimentón son dos ingredientes básicos en la cocina de cualquier rincón de nuestro país.

domingo, 26 de junio de 2016

Buñuelos rellenos: Ganaché de Avellanas y Nata

Esta es una crónica de pasión y muerte. Cuando Argimiro nació, la prostitución era en su ciudad un negocio todavía caótico, pero potente y en vías de florecimiento. Unos años después, como quince o diez, ante el auge de la ramería, el alcalde creó un departamento especial, encargado de controlar y supervisar la venta de caricias. Así nació la Casa del Servicio de Higiene y Salud, donde eran atendidas y registradas las damas que ejercían el amor pagado. A los dieciocho años, Argimiro pasó a ser conocido como Gigi (yi-yi), un hombre cuya hermosura, generosidad y educación le augurarían un espacio cada vez mayor, hasta convertirse en Gigi el amoroso, el más conocido accionista del amor rentado en toda la provincia. Las mujeres que viven de su sexo, se enamoran. Son mujeres de carne y hueso como las otras, lo que un poquito más desenvueltas, sin tapujos. Gigi tuvo su harén. Mujeres loquitas por él. Se les caía la baba. Se abrían de piernas. La morena Carmela decía que de los mojigatos nadie se enamora, pero de un tipo como el Gigi, era imposible no hacerlo. Que ella misma, sin haberle hablado nunca, sólo de haberle visto pasearse, ya estaba medio embelesada. Porque él era algo imposible. Un tipo de hombre que cuidaba, respetaba y mimaba a las mujeres, un tipo que no se da fácil. Gigi consultaba  a Rosita Puñales cómo iba a irle el día. Rosita tenía poderes de predecir, y aquel día la Puñales había conseguido alarmar a Gigi el amoroso. El hombre, tenía que hacer su recorrido nocturno por los locales que regentaba en aquel barrio apartado del mundo, por las predicciones de Rosita puñales, revisó su revolver antes de salir. A las 8:38 Gigi caminaba por la calle del Desamparo, visitando las casas donde oficiaban sus señoras putas. Cuando el reloj marcaba las 8:55 Gigi el amoroso había entrado en la casa del Desamparo 24 donde trabajaban  la mulata Chon y Chelita Rojo. Cuatro minutos necesitó Gigi para conversar con las mujeres. Carmen Rosarios, la dama del amor del Desamparo 29, se asomó a la puerta cuando el reloj se disponía a marcar las 8:59. La calle estaba inexplicablemente desierta a esa hora ya favorable, y vio avanzar, hacia donde ella se encontraba a dos hombres. Entonces Carmen escuchó una risa y desvió la mirada hacia la acera de enfrente.  De la casa nº 24 salía, en ese instante, Gigi el amoroso y sintió unos pasos en el tejado. Y empezaron los disparos. Carmen no pudo ver nada más, porque se tapó la cara. Mimí Morales era una de las mujeres de Gigi y trabajaba en Desamparo 35. Esa noche había recibido a un cliente y a las 8:59 salía del baño, fresca y perfumada dispuesta a continuar la faena. Al oír las detonaciones, Mimí se asomó y vio a un hombre que corría y otro que yacía en el suelo. Un presentimiento insondable le hizo acercarse al que estaba frente a su casa y, con lágrimas en los ojos, fue testigo de la agonía de su amado Gigi. Casi a las diez en punto de la noche Mimí Morales cayó arrodillada junto a su hombre: le parecía imposible que, sobre los adoquines del Desamparo, yaciera como un simple mortal el cuerpo del más hermoso y fatigante ejemplar del sexo masculino que ella jamás hubiera conocido. Gigi el amoroso sangraba por dos heridas: una en el hombro y otra en el costado izquierdo del cuerpo. Nadie notó que en el borde de la acera, junto a la casa del Desamparo 33, temblaba, con un impulso telúrico indetenible la corona de un rey.



Ingredientes:
Masa Choux:
130 grs de agua mineral.
65grs. De mantequilla.
80 grs de harina de todo uso.
½ c.c de sal.
2 huevos grandes.
Ganaché de avellanas.
Nata  endulzada (al gusto) y montada fuerte.

Elaboración:
Ponemos al fuego  un cazo el agua con la sal y la mantequilla y cuando rompa a hervir – unos 2 segundos- con burbujas gordas, separamos el cazo del fuego y echamos de golpe la harina, removemos bien y volvemos a poner al fugo unos segundos más, seguimos removiendo hasta que la masa se separe de las paredes del cazo.
Retiramos la masa del fuego, esperamos unos 8 minutos  y añadimos los huevos de uno en uno, hasta que no esté completamente integrado el primero, no incorporamos el segundo.
Encendemos el horno a 180º, con aire.

En un molde colocamos (+/-) una cucharada de masa. Si no disponemos de molde, depositamos la cucharada de masa directamente sobre la placa de hornear, sin papel, ya que el papel absorbería parte de la humedad de la masa.



Horneamos hasta que la masa empieza a dorarse. Sacamos los choux/ buñuelos del horno y cuando están fríos procedemos a rellenar.
Mientras se hacen nuestros choux, preparamos la Ganaché.

Ganaché de avellanas

ingredientes:

50 grs Chocolate  para cobertura del 70%
20 grs Pasta de avellanas.
50 grs nata.









Elaboración:
Calentamos la nata en un cazo pequeño y de doble fondo, cuando esté bien caliente (pero sin hervir) le incorporamos el chocolate en trocitos pequeños, el mismo calor de la nata iré derritiendo el chocolate. Y por último la pasta de avellanas, removiendo bien para que quede todo perfectamente integrado.



Abrimos con cuidado nuestros buñuelos (también lo puedes hacer con una manga y una boquilla muy fina, pero a mí me gusta el toque rústico) y ponemos una cucharadita de ganaché y encima otra de nata montada fuertemente.


domingo, 19 de junio de 2016

Zapallito, Pollo y Queso: Milhojas

La última patada que la vida le dio a Marta la ubicó directamente en un pequeño pueblo, de esos de interior, mejor diría que  de  un profundo interior de vértigo. El pueblo  es tan joven y tan pobre que no tiene leyendas, fantasmas ni historias remotas. No cuenta siquiera con un cementerio, propicio a los aparecidos, y la santa de la iglesia jamás realizó ningún  milagro memorable, tampoco ninguno que fuera  discretamente rumoreado…ni milagritos en el pueblo!!! El pueblo  sí que tuvo algo así como un par de damas acaudaladas y neuróticas – cualidades indispensables y parejas- pero sin oscuras noches de lujuria dedicadas a juegos prohibidos, y que nunca  llegaron a engendrar voluptuosos recuerdos, aunque sí algún pícaro comentario sobre las necesidades espirituales nocturnas que, hacían indispensable, la visita del maduro pater, hisopo en ristre y sotana al viento, a una, otra o ambas dos; la mayoría de las veces en horas donde sólo se oye el maullar de los gatos a la luna. Por eso, cuando en la calle más estrecha del pueblo apareció la fachada de la casa de Marta, pintada de los colores del agua y las nubes, la imaginación de la gente se inflamó como vela que se agita con los vientos favorables. Y han surgido historias insólitas, maravillosas, espeluznantes a veces. Pero esto ha pasado cuando el primer fantasma visto en el pueblo debe tener, por lo menos, setenta y cinco años de soledad.  Cuando el sol va escondiéndose,  sale  a pasear el tranquilo y adormilado fantasma,  en su vestimenta no  falta un detalle de hombre de honor de cualquier tiempo presente o pasado. Lo curioso es, que la voz se ha corrido y de vez en cuando  hay más de un fantasma jugando a las cartas en algún rincón de la vieja  chopera…se les oye cantar las cuarenta en bastos  y a poquito que te quedes sin hablar, el viento trae sus risas y voces. No es de extrañar que los fantasmas estén empezando a salir de sus aburridos silencios, cuando lo que les llega es el aroma de la cocina de Marta:

 ZAPALLITOS, POLLO Y QUESO: MILHOJAS


Ingredientes (4 personas):

4 zapallitos no muy grandes.
½ pechuga de pollo fileteada.
6 c.s de queso mozzarella rallado.
Un poquito de orégano seco.
Pimienta negra recién molida (optativo y al gusto)
Salsa de tomate casera (cantidad necesaria) fría.





Elaboración:
Lavamos bien y cortamos  horizontalmente, en rodajas no muy gruesas, los zapallitos. Reservamos.
Fileteamos y cortamos en trozos pequeños la ½ pechuga de pollo (para que no se nos salga en exceso de la milhoja).


Colocamos una primera rodaja de zapallo (le cortamos un poquito la base para que se mantenga en el plato), le ponemos un pizco de orégano y encima el pollo (procurando ajustarlo a la forma de la base) con su toque de pimienta y sal…si quieres, vertemos una cucharada de salsa de tomate y por último el queso. Repetimos la operación hasta acabar con la rodaja final de zapallito, servirá de sombrero.


Para que no se nos vaya al garete nuestra obra de arte, le insertamos un palo de brocheta.
Vertemos unas cucharadas de salsa de tomate en el fondo de la fuente, o el plato donde lo vas a servir (como he hecho yo).


Introducimos en el microondas, a máxima potencia, 3 minutos si es en versión individual y unos 8 si ponemos tres o cuatro en la fuente.


Al ser tierno el zapallito queda perfectamente cocinado, al igual que el resto de los ingredientes. 


domingo, 5 de junio de 2016

Tortitas de Coco (con helado de limón)

La brisa suave y casi imperceptible de esa mañana bate a penas la tela extendida entre dos árboles del paseo, cuyo mensaje dice “Podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera”, y el hombre que está parado frente a ella y lee la vieja consigna, piensa en las velas de un barco, que aguardan vientos favorables para zarpar y no puede por menos de recordar la frase de su viejo amigo: Buen viento y buena mar. Cuando cierra los ojos, incluso puede distinguir, entre los tenues olores de la primavera, el aroma de un salitre remoto que en realidad brota de su memoria más que del aire. Apoyado en su bastón, el hombre siente cómo sus nostalgias y las nostalgias de sus padres se van apoderando de él, y se pregunta por qué extraños designios se construye el destino de una persona. Tal vez esa misma mañana pudo estar caminando por  el Bulevar de la Sidra (calle Gascona), o quizá por la calle Uría de su vetusto Oviedo. O tal vez ascendería hacia los lagos de Saliencia, siempre impresionado por aquel paisaje único de su Asturias de mis amores. Pero no. Está entre dos  árboles apacibles y frente a una tela que dice “Podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera” y hay todo un océano por medio, y más que un mar, una vida hecha en otras latitudes que forjaron otras y mejores esperanzas. El hombre piensa que ya rebasó hace unos años los ochenta y que apenas había cumplido cinco cuando su padre lo trajo a México, huyendo de las balas de los buenos, de los que luego  ganaron… casi todo y casi a todos, que Asturias es un recuerdo cada vez más borroso y él es un hombre sin retorno que a lo largo de su vida ha sufrido una sola y muy extraña enfermedad: la nostalgia adquirida por otras nostalgias. Y cuando veo al hombre, pienso en todos aquellos que se fueron a hacer las américas huyendo de la España que los deshacía  y América los hizo a ellos…

TORTITAS DE COCO (con helado de limón)


Ingredientes:

250 ml de crema de coco (o leche de coco)
2 huevos grandes.40 grs de coco seco rallado.
1 c.s de azúcar.
½ c.c de levadura tipo Royal (opcional).
Pizca de sal.
130 grs de harina de trigo (todo uso) tamizada.
3 c.s de mantequilla derretida.
Ralladura muy fina de ½ naranja.
Zumo de ½ naranja.
Aceite de coco para freír  (sustituible por girasol u oliva).







Elaboración:
En un bol amplio, vertemos la crema (o leche) de coco, añadimos la levadura (si se utiliza)y los huevos.
Batimos con las varillas hasta obtener una masa suave.
Añadimos el coco rallado, el azúcar, la sal, la cáscara de naranja rallada y el zumo de la naranja.

Mezclamos un poco y vamos añadiendo la harina tamizada de poco en poco e integrándola  a la masa. Cubrimos con un paño y dejamos reposar como media hora.


Añadimos la mantequilla derretida y freímos a fuego medio, aproximadamente 1-2 minutos de cada lado, hasta que estén doradas. escurrimos  sobre papel absorvente.




Servir con helado de limón o con el acompañamiento que más nos guste.


domingo, 15 de mayo de 2016

Mousse de Chocolate con Aquafaba (sin huevos)

Palmira estaba ansiosa y no tenía oídos para la suave música que salía del aparato que Miguel había decidido que sonara siempre entre los botones, puntillas, agujas e hilos de colores de la mercería “El Porvenir”. En ese instante la mujer sólo pensaba en las veleidades de un destino que la había llevado de la casa paterna allá en los campos del sur, en cuya puerta solía sentarse las tardes como ésta, para dejar que el aire acariciara su piel morena, entonces muy joven y siempre perfumada con aroma de azahar, mientras le alborotaba los pliegues de su falda. Pero Palmira estaba convencida de que ésa era una tarde especial y trágica, y decidió soltar las amarras de sus recuerdos. Palmira y Miguel se amaron desde el primer día con la furia de un amor imposible y clandestino. La piel rosada del  hombre y el cuerpo moreno y brillante de la gitana, sólo podían unirse, libre y repetidamente, en la intimidad de la alcoba. En el baño de Palmira nunca faltaron perfumes de azahar, y aceites traídas del norte de África. Esos gustos y hacerle el amor a su hombre, eran las satisfacciones de la morena Palmira. La tarde en que Miguel iba a morir, Palmira se bañó más temprano que otras veces, hizo un par de anotaciones en el libro de su pequeño negocio y se sentó en el portal de la mercería, dispuesta a esperar la irreversible noticia que su madre,  la señá Ascensión, había presentido  en el hígado moteado del gallo negro sacrificado ese mediodía. Mientras Miguel agonizaba en la casa, Palmira, la discreta, emprendedora y enamorada gitana que lo había acompañado en su camino, respiraba la brisa suave de aquel largo crepúsculo de julio y dejaba vagar sus ojos por la bonita y transitada calle donde un día Miguel le regalara su pequeña mercería.


MOUSSE DE CHOCOLATE CON AQUAFABA (agua de cocer garbanzos)



Ingredientes (4 raciones):

El agua de un bote de garbanzos cocidos sin sal añadida. (125 grs, aprox)
100 gr de chocolate negro 0%azúcares añadidos VALOR.
Ralladura de naranja.
Unas gotas de zumo de limón.









Elaboración:
Derretir el chocolate al baño maría y una vez derretido, retirar del fuego pero seguir manteniendo en el baño maría caliente.
Con la batidora de varillas “montar” el líquido de cocción de los garbanzos (aquafaba) durante unos 5 minutos a velocidad baja. Se formaran picos como si fuera un merengue, ahora añadimos las gotas de limón y batimos por otro minuto más. Nuestra aquafaba montada, será muy consistente, tanto que si le damos la vuelta al bol donde está, no se caerá. Reservamos, mientras añadimos 50 grs de mermelada al chocolate, removiendo muy bien para que se integren chocolate y mermelada.
Añadimos esta mezcla de chocolate y mermelada a la aquafaba montada, con cuidado y movimientos envolventes.
En el fondo de  las copas o boles donde vayamos a servir nuestra mousse colocamos una cucharadita de mermelada de naranja y encima vertemos la mousse de chocolate. Refrigeramos durante unas 3 ó 4 horas antes de servir. Completamos con ralladura de naranja  y       Kumquats confitados.
 

Notas:
Þ     Puedes sustituir la mermelada por aquella que más te guste.
Þ     Yo lo he presentado así, pero la creatividad a la hora de presentar el postre es tuya.
Þ  El aquafaba la podemos hacer nosotros: Con una taza de garbanzos (remojados toda la noche) obtendremos dos tazas de garbanzos remojados, tiramos el agua de remojo y los hervimos añadiendo el triple de agua que de garbanzos (6  tazas). Hervir por una hora  o más, hasta obtener 1 taza de líquido, usar el líquido necesario. El resto…podemos congelarlo o utilizarlo para hacer unos ricos merengues veganos.
Mis amigas cuando lo han probado...han sido sorprendidas muy, pero que muy gratamente...ha superado la prueba con honores!!!
No lleva azúcar y está  muy dulce.



Cuando vi cómo hacer la mousse de chocolate sin huevos en el Circo de Catypol… me gustó tanto, tanto que  no he dejado de investigar sobre el aquafaba y probar con varias recetas…todas me han encantado. Gracias Caty por enseñarme tanto.



Esta es otra aportación para el 3º aniversario de Cocineros del Mundo con la colaboración de chocolates Valor.

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domingo, 8 de mayo de 2016

Pollo con Piña Y Salsa de Cebolla

La casa de la calle Esperanza número diecisiete ya no existe. Sus paredes, lamidas por el tiempo, el abandono y las lluvias de uno tras otro abril, tuvieron al fin grietas insalvables, y la casona, antes aristocrática y ventilada, lanzó sus últimos gemidos en el acto irreversible de la demolición. Cayó vencida, con pena y sin gloria, como unos años antes, en uno de los más calurosos veranos, muriera allí su último morador. Allí dijo adiós un hombre que había venido a la tierra para alegrar a los demás. En su pequeño altar de madera noble, con su hábito negro y el rostro serio de siempre, santa Rita había visto también el final de ese hijo suyo, un hombre de muchos amigos, pero que se había ido solo como cualquier olvidado de la tierra. ¡¡Ay, santa Rita, Rita... te olvidaste que lo que se da no se quita!! Agustín era algo más que un excelente payaso, era un ejemplo vivo de intuición creadora. Agustín se rodeaba de cuanta cosa pudiera dar música, sartenes, botellas, bocinas, timbales…todo le servía. Ninguno de los que lo vieron olvidó su gran número, en el verano que más calor hizo, llenó con agua, hasta distintas alturas, varias botellas de refrescos que colocó sobre una mesa, allí, en una esquina de la plaza. Profirió un grito, abrió los ojos desorbitados y con sus baquetas empezó a extraerle música recóndita y única a la inconcebible hilera de botellas… ocho canciones después, aquel rincón de la plaza se convertiría en su cuartel general y en el lugar más visitado del pueblo. Dicen los viejos del lugar que un inexplicable talento musical guiaba los oídos y las manos de este hombre para sacar armonía de objetos diversos y diferentes. Agustín ganó mucho dinero y nunca se preocupó por tener nada, ni siquiera un coche, y sin embargo, ayudaba a todo aquel que se lo pedía y por eso tenía muchos amigos. El dinero para él sólo servía para el buen ron y para sus amigos. Así era Agustín.

POLLO CON PIÑA EN SALSA DE CEBOLLA, SALVIA Y SOJA


Ingredientes (3 personas):

6 contramuslos de pollo limpios de piel y grasa pero con el hueso.
Salsa Tajín.
2 c.s de aove.
1 sobre de sopa de cebolla (3/4 partes)
1 lata de piña en su jugo (utilizaremos 6 rodajas y el jugo).
1 c.c de salsa worcestershire.
2 c.s de salsa de soja baja en sal.
hojas de salvia.



Elaboración:

Sazonamos el pollo con la salsa Tajín  y lo colocamos en un  recipiente que pueda ir al microondas.



Añadimos las 2 cucharadas de aceite,  la piña cortada a trozos, la salsa worcestershire , la soja, el jugo de piña, unas hojas de salvia y por último la sopa de cebolla. Mezclamos todo y lo introducimos 10 minutos a máxima potencia en el microondas.
Sacamos del microondas, removemos y…listo.


domingo, 1 de mayo de 2016

Falso "Mon Cherry"

Una visita a Ángeles es un regalo para el corazón, pasar un rato con ella, escucharla hablar de sus muchas anécdotas, unas más alegres que otras, es una caricia en el alma. Ángeles es una mujer de palabras precisas y preciosas. Ha hablado de su padre, era increíble, dice, aún en los tiempos más difíciles, cuando las labores del campo le exigían su presencia y dedicación diaria, siempre tuvo tiempo para desempeñar sus funciones de abuelo, padre y esposo, de preocuparse por la disciplina y las notas de cada nieto, de orientar las lecturas de los hijos, de sentarse frente a la carretera que cruzaba el pueblo, con algunos familiares y amigos, y saludar muy cortésmente a cada uno de los transeúntes. Él era un fanático de las costumbres y las tradiciones. Por ejemplo, a la hora de las comidas él era siempre el último en sentarse a la mesa. Cuando lo hacía ya todos los demás tenían que estar en sus puestos. Entonces empezaba a comer sin prisa, y al terminar iniciaba una larga y reglamentaria sobremesa que jamás se podía violar. Allí se comentaban los problemas de la casa, de las amistades de la casa, de las amistades de las amistades de la casa, agrega Ángeles, y como las sobremesas, todas las fechas señaladas eran importantes para él. Los cumpleaños, los santos, aniversarios de boda, los bautizos y comuniones. Pero de todas las fechas posibles, una en especial deleitaba a mi padre: el seis de enero, Día de los Reyes, ocasión en que todos sus nietos debían trasladarse, bien temprano, a la casa del abuelo, que era el lugar donde los Reyes Magos dejaban los regalos pedidos. Ángeles mira al cielo y sigue recordando. Pero los reyes de mi padre eran especialmente desordenados. Distribuían los juguetes por toda la casa, en los más inesperados rincones. Dos pequeñas gotas saladas resbalan por su mejilla, mientras dice que parece estar viendo a aquel hombre con el pelo totalmente encanecido, guiando a los muchachos en la búsqueda de los juguetes escondidos.

FALSOS MON CHERRY


Ingredientes:

300 grs de cerezas (del Valle del Jerte)
30 grs de azúcar moreno.
30 grs de azúcar blanco.
75 grs de kirsch (licor de cerezas)
175 grs de agua mineral.
15 grs de gelatina vegetal en polvo.
2 c.s de cacao puro en polvo desgrasado “Valor”














Elaboración:
Lavamos y secamos las cerezas. Les retiramos los “huesos” y las ponemos a macerar con el azúcar moreno durante unas horas (mejor toda la noche).
Trituramos las cerezas y las pasamos por un colador de malla fina, para evitar que quede cualquier resto de piel. El puré que nos queda, lo ponemos  a congelar en una cubitera con los huecos semiesféricos. Si nos sobra puré podemos congelarlo para otra preparación.


Una vez congelados, perfectamente, los cubitos de cerezas los pasamos para un bol o un plato para utilizar más tarde.


Ponemos el Kirsch, el agua, el azúcar, el cacao en polvo y la gelatina vegetal en un cazo (mejor si es pequeño y hondo), con ayuda de unas varillas disolvemos todo bien, bien y lo llevamos al fuego hasta el punto de ebullición. Retiramos del fuego y dejamos que baje a una temperatura de 80º.
Mientras enfría podemos ir pinchando nuestras bolitas heladas de cerezas con un palillo. Posteriormente cogemos cada palillo y sumergimos las bolitas un par de veces o tres (cuantas más veces se sumerja, mayor será la consistencia del “envoltorio” de nuestro helado) en el líquido caliente. Por el contraste de frío-calor se irá formando una película de chocolate alrededor del helado, formando nuestro Falso Mon Cherry.


Si la gelatina se empieza a solidificar, no problem, la calentamos otro poco y volverá  a su estado líquido (esta es la ventaja de cocinar con este tipo de gelatina vegetal).
Dejamos reposar los Mon Cherrys  (más falsos que judas) en la cucharilla o plato donde los vayamos a servir.


Yo los he servido acompañados de una hoja de cerezo encurtida, haciendo un “todosecome”

domingo, 24 de abril de 2016

Pavo Relleno

Cuando Federico llegó por primera vez a este pueblo pescador, la piel de sus pies era tan fina que el solo contacto con la arena caliente le producía violentos escalofríos. Entonces tenía apenas ocho años, pero en el estómago llevaba un hambre de adulto y en la mente la más remota decisión de su vida: hacerse pescador y poder ganar unas monedas con las que tranquilizar sus ruidosos jugos gástricos. Federico nunca pensó, recién llegado a aquel pueblo paradisiaco y prácticamente deshabitado, que pasaría allí el resto de su vida. Pero lo que Federico jamás hubiera podido imaginar es que él sería el último ejemplar de la vieja especie de los pescadores solitarios: el destino, el desarrollo y el dinero pondrían punto final al idilio de este hombre con la naturaleza más limpia, porque el pueblo pesquero en el que había hecho toda su vida, acompañado por el silencio y las artes de pesca, pronto se llenaría de hoteles, carreteras y personas que convertirían el pequeño pueblo en un paraíso turístico que apenas dejaría sitio para algún recuerdo de su pasado casi virginal. Federico había nacido en el interior más interior de la península, árida meseta castellana, y se fue para la isla con un tío suyo, dispuesto a ser pescador. Cuando aquello, en el pueblo donde recaló apenas si había media docena de casas y, como él decía, aunque esto está en el fin del mundo allí había hecho su casa, allí habían nacido sus hijos, allí se había ganado la vida y allí le gustaría morirse. Decidió quedarse en aquel rincón apartado de todo porque se había enamorado del color del mar.

PAVO RELLENO



Ingredientes:
½ pechuga de pavo, abierta en libro.
12 lonchas muy finas de bacon ahumado.
6 lonchas finas de jamón serrano.
4-6 loncha de jamón cocido.
Un poquito de brócoli.
1 c.s de parmesano rallado.
Ajo molido, especias (orégano, Tajín, pimienta….al gusto)
Ensalada para acompañar.

Elaboración:
Ponemos papel film doblado y de un tamaño grande, sobre la superficie de trabajo. Colocamos las lonchas de bacon ahumado, formando un rectángulo.


Encima del bacon colocamos la pechuga de pavo, ajustándola a la forma del bacon.
Sazonamos la pechuga a nuestro gusto, yo le puse orégano, Tajín, ajo molido…
Sobre la pechuga colocamos el jamón serrano y sobre este el jamón cocido.


Ponemos los arbolitos de brócoli en el centro de nuestra preparación y lo espolvoreamos con parmesano rallado, ajo molido y si quieres con una almendras tostadas molidas.


Con ayuda del papel film, vamos enrollando nuestro pavo, lo cerramos muy bien.


Lo colocamos sobre un plato y 8- 10 minutos al microondas.
Esperamos que enfríe un poco antes de quitarle el film.
Ponemos una plancha (o sartén) al fuego y cuando esté bien caliente colocamos nuestro rollo de pavo y vamos dándole vueltas para que el bacon se dore y nos quede crujiente.



Lo he acompañado con una ensalada caprese: vaciamos un tomate, en el fondo del mismo colocamos unas hojas de rúcula, encima queso mozzarela , coronamos con una anchoa, regamos con unas gotas de vinagre de Módena y tapamos con el trocito superior del tomate y unas hojitas de albahaca fresca.