lunes, 18 de abril de 2016

Cebreiro, Grosellas rojas y Pistachos

Detrás de todo personaje, siempre se esconde un hombre. Un hombre  al que acompaña una mujer y que, como los demás, siente el paso lento de las jornadas sin esperanza o el ritmo arrollador de los días felices; un ser que ama y sufre, duda y se recupera. Y en ocasiones, los hechos, las decisiones y las actuaciones tienden a borrar con su peso la imagen del hombre que va detrás de ese personaje.  En el número 16 de la calle Príncipe está la casa de mis abuelos. Ahora es na casa moderna que apenas recuerda la antigua construcción de adobe y madera. La avenida que hay frente a la casa, también ha cambiado, antes era un camino polvoriento, transitado únicamente por carretas de mulas, caballos y carretones de bueyes, con el paso del tiempo, se transformó en una avenida que arrasó los árboles donde mi padre y sus amigos cazaban gorriones. Hoy  sufre el paso de coches con prisa, algún que otro bocinazo y gente que cruza, temerosa de ser atropellada. Todo esto lo ha visto la casa de mis abuelos, y aunque ella misma ha cambiado tanto, el rosal del patio es el mismo que, cuando nació su primer hijo, plantó mi abuela Victoria, la mujer que en las épocas buenas y en las muchas malas, siempre acompañó al viejo luchador. La preocupación de la abuela Victoria, en los primeros tiempos de vivir en la casa, fue convertir un rincón del gran patio en un jardín, un hermoso jardín donde pasaría todo el tiempo posible. Con los primeros rayos de sol primaveral empezaba a salir a su jardín armada con una silla de enea y la cesta de mimbre llena de ropa para coser, remendar, y cuando no había qué remendar…bordar. Eso sí, rodeada de las flores que, decía, le daban la vida que los quehaceres diarios le quitaban. El abuelo era un hombre que hipnotizaba, hay una imagen suya que nunca podré olvidar. Era un día de otoño, frío, y él estaba vestido como siempre, pantalón marrón de pana ancha, chaqueta de paño grueso raída en los bajos y en los bordes de las mangas y llevaba también su inseparable boina negra. Lo vi salir al patio, como todos los días, y fui tras él. Allí, cerca del pozo se detuvo y empezó a tirar migas de pan y granos de trigo que llevaba en la mano. Y los gorriones bajaron a comer y algunos se le posaron en los hombros.

            CEBREIRO, GROSELLAS ROJAS Y PISTACHOS
                                                                                  
           
Ingredientes:

225 grs de queso de Cebreiro (sustituible por queso de cabra sin corteza)
300 grs de leche evaporada.
75 grs de  grosellas rojas.
30 grs de pistachos pelados y picados.
1 c.s de zumo de limón.
½ c.c de pimienta blanca.
4 hojas de gelatina.





Elaboración:
Poner a rehidratar las hojas de gelatina en agua fría.
Mezclar el queso de Cebreiro con parte de la leche evaporada (reservar una poca para diluir la gelatina), el zumo de limón y la pimienta blanca. Mezclar bien con la batidora.
Calentar la leche evaporada (que no hierva) , retirar del fuego y añadir la gelatina bien escurrida y mezclar hasta que esté completamente disuelta.
Añadir la gelatina disuelta en la leche a la mezcla de queso, remover para integrar todo y mezclar con cuidado con las bayas de las grosellas.
Verter en un molde, previamente untado con aceite de girasol (facilitará su desmoldado) o con su interior recubierto con film de cocina.

Dejar en la nevera hasta que solidifique.


Desmoldar, y decorar nuestro pastel con los pistachos picados y un racimo de grosellas.

15 comentarios:

  1. Madre mía Sonsoles, eso debe estar de muerte feliz!!.
    Me encanta el dulce que has preparado y la historia, no se si será verídica en este caso, aunque si decirte que no se que tienen los abuelos que nunca los olvidamos y sacan nuestra parte más tierna.
    Me quedo con todo, este dulce es para sorprender.
    Un besazo

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  2. Un postre que se convierte en un broche de oro para finalizar cualquier comida o merienda, aunque creo que este manjar entra bien a cualquier hora y más si cabe, con esos constrastes tan sugerentes.
    ¡Un abrazo!

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  3. Esto tiene que estar delicioso, sin duda. La imagen de tus abuelos coincide al 100% con la de los míos, sobre todo, esa imagen de tu abuela sentada en la silla de nea con la costura en el regazo. Besos :)

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  4. Una receta muy buena enmarcada con un relato que nos ha hecho viajar en el tiempo.
    Besos Sonsoles,desde
    http://siempreseraprimavera.blogspot.com.ar/2016/04/piruletas-de-caramelo-con-flores.html

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  5. ¡¡Hola Sonsoles!! Hoy casi me despistas con el día de publicación, pero lo importante es que estés compartiendo otra vez con nosotros.
    Me gusta mucho las historias con abuelos, y más si son de recuerdos bonitos. Yo no tuve tanta suerte. Mis abuelos paternos a penas los conocí, y con mis abuelos maternos, a pesar de ir todos los veranos, no son precisamente mis mejores recuerdos. Me sentía muy sola con ellos y no entendía lo poco cariñosos y los estrictos que eran. ¡¡Ni la tele me dejaban ver!! ¡¡Ni un día a la semana!! Siempre he añorado tener unos abuelos como los demás niños, y no se si será por eso, pero me encantan todas las historias con abuelitos.
    Tu receta de hoy es estupenda, pero yo creo que para mi, con un poco de azúcar mejor (ya conoces mi amor por lo dulce). Y bueno, como receta salada, en una tosta para desayunar, seguro que así es perfecto. Besitos.

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  6. Preciosa historia, mi abuelo era más de ciudad y menos tierno y no conocí rasgos suyos como estos, tu queso de hoy inmejorable!! un beso

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  7. Que maravilla de dulce, este queso me encanta, por su textura y sabor y tu le has dado una vuelta más con todo lo que le has puesto, me ha encantado...Bess

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  8. Sonsoles, te he echado de menos, ya sabes que para mi los domingos no son lo mismo sin tus preciosos relatos.
    Que bonito, por cierto el de hoy, estaba leyéndolo y he visto tantas escenas familiares para mi en él, que casi he llegado a pensar que te he contado cosas de mi vida sin habernos visto nunca.
    Un bocado delicioso, y aunque nos das la opción de poder cambiara el tipo de queso, ya no sería esta delicia que tu has hecho, porque debe estar fantástico.
    Besos, y ven cuando puedas, pero ven.

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  9. Hola Sonsoles, andaba buscándote!! el postre se ve delicioso, tan elegante y seguro que es una delicia. por otro lado el recuerdo de los abuelos está siempre en mi mente, sobre todo los maternos que siempre estuvieron a mi lado. Sin embargo lo que dices de tu abuela , que las flores le daban vida es lo que más recuerdo de mi madre, tenía unas plantas maravillosas, que cuidaba con mimo , además les hablaba como de si sus niñas se tratara. Tenía un don especial para ellas. Creo que cuando no pudo cuidarlas se fue. Un beso y mil gracias querida amiga!

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  10. Pintaza la de este postre!!! me lo apunto ya!! que cosa mas rica y bonita. Bs.

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  11. Lo que me gustan este tipo de postres,sólo me falta un poquito de salsa de frutos rojos por encima pero te perdono,jeje.
    Un besazo.

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  12. No es un postre....que es un aperitivo, por eso no lleva dulce.

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  13. Madre mía Sonsoles, qué rico, menuda elaboración para dipear con tostas, aunque, si le quitas la pimienta y le metes dulce tiene que ser una bomba explosiva, jejejejejej,
    me requeteencanta, jajajaj
    un besazo mi niña!

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  14. No llegué a conocer a tres de mis abuelos y del cuarto conocí poco tiempo, sera por eso que me arrimo a ellos y me encanta escucharles y mirar su caminar lento, también su mal genio. Un relato muy bonito y una receta muy buena,

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