domingo, 28 de febrero de 2016

Cabellos de Ángel de Papaya

Mientras vagaba a solas, respirando la brisa amable del mar, Miguel soltó las amarras de su nostalgia por el mundo perdido. Miró hacia su pasado y vio a un Miguel pleno y satisfecho, libre como solo lo puede ser un hombre que actúa, vive y piensa de acuerdo a su conciencia. Así llegó hasta el restaurante donde habían quedado, vagando y mirando al pasado.  En el transcurso de la comida, agotada la segunda copa de vino, se miraron a los ojos, como si quisieran ver algo agazapado más allá de las pupilas del otro, en algún pliegue remoto de sus conciencias. Como si todo lo que representaban el uno para el otro estuviera en los ojos.  Porque todo está en los ojos. Miguel dejó a un lado los mares de los desengaños, los desiertos de los abandonos, las montañas de las frustraciones y encontró detrás de aquellos ojos el oasis tranquilo, amable y protector de un amor que se le ofrecía sin exigencias de compromiso. Luis, tal vez, se topó con la gratitud, con su asombro invencible ante la certeza de que algo invaluable le pertenecía y lo completaba. La sonrisa llegó a sus bocas, las manos se desplazaron por la mesa para colocarse la de uno sobre la del otro, y sin palabras apostaron por la seguridad que solo trae el amor.

CABELLOS DE ÁNGEL DE PAPAYA


Ingredientes:
500 g   de papaya dura, muy dura, que no esté madura (esa que no comprarías para tomar ya)
350 g de azúcar.
350 g de agua.
½ limón, el jugo.









Elaboración:
Pelar la papaya y rallarla con un rallador de agujero grueso o bien cortarla en tiritas muy finas.


Pasarlos por agua hirviendo sin que ablanden mucho, retirarlos, escurrirlos y ponerlos a secar un rato en un lugar seco y templado. (Si la papaya no está muy dura, nos saltamos este paso).
En una olla poner el azúcar con el agua y cocinar hasta que forme un almíbar. Cuando tenga punto de hilo agregar la papaya seca y seguir cocinando  hasta que el almíbar espese y  pegue.


Añadir el jugo de limón, dejar 1 minuto más y luego verter por cucharadas en un plato o bandeja amplia para que enfríe.
Podemos utilizarlo para rellenar unas crepes, poner sobre unas tostadas o hacer unos pastelitos al momento (con unas tartaletas y crema pastelera, como he hecho yo).


domingo, 21 de febrero de 2016

Cake de Roquefort y Albaricoques

Fernando pensó que, en verdad, podía considerarse un ser muy afortunado: le faltaban miles de cosas, le habían robado cientos, lo habían engañado y manipulado, el mundo entero se iba al garete, pero todavía él poseía cuatro tesoros que, podía considerar los mejores premios de la vida. Porque tenía buenos libros para leer, tenía unos amigos a quienes abrazar, con quienes se podía emborrachar y soltarse a recordar otros tiempos que, en la benéfica distancia, parecían mejores; tenía una mujer a la que amaba y, si no se equivocaba demasiado, lo amaba a él y contaba con la seguridad de poder tener a su viejo profesor de pintura siempre que lo necesitara. Para él, su Maestro. Con esta seguridad acudió a ver a su Maestro y le contó su inquietud, le dijo que le gustaría llegar a la tristeza que hay en un hombre de cincuenta años. Que quisiera descubrirla, porque era una tristeza nueva…No es lo mismo el dolor que la tristeza, lo sabías? Tengo mucha experiencia en el dolor, en la ira, en el desengaño, en la frustración…, y también en el goce del éxito, aun cuando los demás no lo entendiesen y me dejaran en el borde del camino…Pero la tristeza es un sentimiento profundo, demasiado personal. La alegría y el dolor, la sorpresa y la ira son exultantes, cambian el rostro, la mirada…, pero la tristeza lo marca por dentro, dónde crees que puedes encontrar la tristeza? “En los ojos. Todo está en los ojos” No, la tristeza no. La tristeza está más allá de los ojos…hay que llegar al pensamiento, al alma del hombre para verla y hablar con esas profundidades para intentar reflejarla. Por eso  muy pocos hombres han logrado retratar la tristeza…Un hombre triste nunca mira a quien tiene en frente. Busca algo que está más allá de quien lo observa, una huella remota, perdida en la distancia y a la vez dentro de sí mismo. Nunca mira hacia arriba, buscando una esperanza; tampoco hacia abajo, como alguien avergonzado o temeroso. Tiene la mirada fija en lo insondable…

CAKE DE ROQUEFORT  Y  ALBARICOQUES



Ingredientes:
180 gr de harina.
16 gr de levadura (tipo Royal).
Pizca de bicarbonato.
100 gr de queso roquefort.
100 gr de queso mozzarella rallado.
75 gr de albaricoques maduros (sustituibles por albaricoques secos ).
100 gr de leche de soja.
100 gr de clara de huevo.
95 gr de aceite de girasol.
Pimienta blanca molida (al gusto).
Pizca de azúcar (opcional).



Elaboración:
En un bol grande, batir las claras con las varillas hasta que doblen su volumen. Añadir el aceite y la leche y batir suavemente.
Incorporar la harina, la levadura  y la pimienta blanca tamizadas, poco a poco, para  que todo se integre bien.

Añadir a esta mezcla el queso mozzarella rallado, el roquefort desmigado y los albaricoques cortados en pequeños dados. Mezclarlo todo bien, verterlo en un molde apto para el microondas (he utilizado uno de silicona) y hornearlo destapado a la máxima potencia unos 10 minutos (mi micro tiene 850W). Podemos ir abriendo el microondas cada 3 o 4 minutos para comprobar el punto de cocción, sin que se pase.


Una vez fuera del microondas lo espolvoreamos con una pizca de azúcar (opcional) y lo metemos a gratinar 4 o 5 minutos en el horno normal, para que quede doradito.

 Dejar enfriar y desmoldar.

Al poco de sacarlo del horno, templado.
Podemos calentarlo un poquito en el micro antes de servirlo para tomarlo siempre templadito.

domingo, 14 de febrero de 2016

Texturas de Naranja

La primavera se entregaba como un regalo del Creador a la ciudad. Todo revivía, sacudiéndose de encima la modorra del frío, el hielo y los vientos invernales que, por meses, asolaban las calles y oprimían a sus habitantes, sus animales, sus flores. Mientras las temperaturas subían sin darse demasiada prisa y la lluvia se presentaba con frecuencia, los colores se desperezaban, despojando de su protagonismo al blanco de los hielos en los tejados. Con los tonos recuperados  también renacían los ruidos y se avivaban los olores. Al mercado regresaban los vendedores de especias y hierbas aromáticas (orégano, clavo, canela, nuez moscada…), tan delicadas al olfato y al tacto como incapaces de resistir las temperaturas invernales sin perder la perfumada calidez de sus almas; las tabernas abrían sus puertas regalando el olor fermentado de la cerveza y el del vino junto a las risas de los clientes y retornaban a los puestos callejeros los vendedores de semilleros, bulbos y brotes que auguraban prometedoras cosechas anunciadas a gritos para luego decir en voz baja los precios. Las voces de los comerciantes formaban una algarabía compacta que varias veces en la mañana resultaba tapiada por el repique atropellado de las incontables campanas de la ciudad (un día de estos contaré el número de iglesias y capillas que alberga) que, desentumecidas, parecían tañer con más vehemencia en su misión de anunciar maitines, misas, ángelus o cualquier novena. Campanas que informaban de horas, medias y cuartos. José se detuvo ese mediodía y compartió su buen ánimo primaveral con el vendedor de frutas y verduras, hablando del buen tiempo, de los hermosos colores de sus productos y la lograda composición cromática de su surtido puesto. No  pudo resistir el atractivo color de las naranjas, prometedor de una jugosa pulpa en su interior. Y  esa  mañana  de la recién estrenada primavera  eso fue lo que José se llevó del mercado: naranjas.

TEXTURAS DE NARANJA


MERMELADA DE NARANJAS CON JENGIBRE
MOUSSE DE AZAHAR Y NARANJA
PIEL DE NARANJA CONFITADA.

Mermelada de Naranjas con Jengibre

Ingredientes:
750 grs de naranjas (ya peladas y sin “lo blanco”)
600 grs de azúcar.
La piel (lo más limpia posible de la parte blanca) de un par de naranjas.
Un trocito de jengibre  fresco (unos 10grs) pelado y picado.
1 ½ hojas de gelatina.
Elaboración:
Lo primero es lavar muy bien las naranjas para eliminarles cualquier resto de ceras. Las pelamos   a “lo vivo” y las partimos en cuartos, procurando eliminar todas sus semillas (si las tienen) porque amargan.
Limpiamos bien la piel de un par de ellas de todo lo blanco, he aprovechado y las he limpiado todas para luego confitar el resto.
Ponemos en el vaso de la thermomix las naranjas el azúcar y la piel  y trituramos 5 segundos a velocidad 7. Destapamos y con ayuda de la espátula bajamos lo que se haya pegado a las paredes del vaso. Añadimos  el jengibre picadito y programamos 20 minutos a temp. Varoma y  velocidad 2.
Rehidratamos la gelatina en agua fría.
Cuando acaba la thermomix, es el momento de decidir si la quieres así, con pequeños tropezones o la trituras del todo.
Si eliges la segunda opción pues tritura unos segundos a velocidad 7. La mía está sin triturar.
Dejamos que se enfríe un poco, escurrimos y secamos la gelatina y se la añadimos a la mermelada, removiendo  bien para que se integre perfectísimamente.
Dejamos enfriar y listo para utilizar o embotar.

Mousse de Azahar y Naranja

Ingredientes (4- 6 personas):
1 sobre de gelatina (en polvo) sabor naranja.
6 hojas de gelatina neutra.
200 ml de agua.
50 ml de agua de azahar.
75 grs de azúcar.
250 ml de agua fría.
1 yogur griego.
Elaboración:
Ponemos las hojas de gelatina a rehidratar en agua fría.
En un cazo ponemos los 200 ml de agua, el agua de azahar y el azúcar a calentar al fuego, cuando rompe el hervor añadimos el sobre de gelatina en polvo sabor naranja, removemos bien hasta que esté completamente disuelta. Fuera del fuego mezclamos con los 250 ml de agua fría. Vertemos en una bandeja honda y llevamos al frigorífico por una hora.


Sacamos la preparación y con la batidora de varillas montamos la gelatina, es decir, le incorporamos aire.  Esta preparación la vertemos en un molde forrado con papel film y dejamos que repose toda la noche en el frigorífico.  Mezclamos con el yogur griego y  volvemos a darle aire con la batidora de varillas  para hacer una deliciosa mousse.



 Piel de naranja confitada

Le quitamos todo lo blanco a la piel de la naranja y luego las cortamos en tiritas finas.
Ponemos agua a hervir y cuando rompe el hervor añadimos nuestras tiras de naranja y escaldamos dos minutos. Retiramos las pieles, tiramos el agua y repetimos la operación. De este segundo agua dejamos como ½ vaso (unos 100 ml) y le añadimos 3 c.s de azúcar y un chorrito de vodka (o ron), dejamos al fuego, que reduzca hasta que tenga la consistencia de un almíbar y ahí es cuando echamos nuestras tiritas de naranja, un par de minutos y apagamos el fuego. Las dejamos que se enfríen dentro del jarabe y cuando esté todo frío lo guardamos.


Presentación:

En el fondo de  un tarro de cristal o vaso ponemos un par de cucharadas de nuestra mermelada de naranja, encima vertemos la mousse de naranja y coronamos con unas tiritas de naranja confitada.


Con esta receta participo en el apartado Dulce del Reto de Febrero 2016 de CdM patrocinado por naranjasLU.es



domingo, 7 de febrero de 2016

Mini Tatin de Reineta con Sorpresa

De la pequeña Lucía la abuela decía que estaba hecha de rabo de lagartija, su madre que era un culo inquieto y la tía Paquita, que presumía ante todos de leer muchos libros, que todo apuntaba a que la niña era  un claro ejemplo de lo que los estudiosos  llamaban hiperactiva. Así que fue la abuela quien decidió calmar la hiperactividad del pequeño culo inquieto de aquel hermoso rabo de lagartija que era Lucía. Para intentar lograr el éxito en este empeño, la abuela eligió el mejor de los lugares posibles: su cocina. La abuela, ejemplo siempre en la vida de Lucía, de la tenacidad que sólo poseen las almas grandes y atemporales, empezó a enseñarle con paciencia el valor de la innovación partiendo de la tradición, de romper esquemas y de jugársela siempre por la felicidad y la vida. Los huevos, de uno en uno, para no arriesgar la preparación, el color que toman los guisos con el azafrán, unas manos frías para no dañar la masa Clara Elena, y el siempre presente olor a chocolate que la acompañaba al andar. Las enseñanzas, cuidados y amor de aquella mujer lograron, con el tiempo, que Lucía se convirtiera en una química de ideas, una alquimista de sabores, pero sobre todo, lograron que se convirtiera en una mujer que es capaz de transmitir el amor y las ganas de hacer felices a quienes la rodean con sus recetas.
Este post y receta están dedicados con todo mi cariño a una verdadera reina de la cocina: Macu ,  de quien he tomado prestada esta deliciosa receta, a la que fue imposible resistirme y el mismo día que la vi en su blog la  preparé, consiguiendo  deleitar a  todos los que la han probado. Gracias Macu.

MINI TATIN DE REINETA CON SORPRESA


Ingredientes (6 u):

3 manzanas reinetas medianas.
200 g. de azúcar.
50 g. de mantequilla
El zumo de ½ limón.
Pizca de sal.
½  lámina de hojaldre refrigerado.
½ c.c de canela en polvo.
Un poquito de leche.
Relleno:
1 vaso de leche entera.
2c.s de azúcar.
1 yema de huevo.
1 ½ c.c de maizena.
Unas gotas de esencia de vainilla.



Elaboración:
Empezaremos por el relleno, para que esté frío a la hora de utilizarlo.
Poner la leche (menos una poquita) en un cazo al fuego.
En un bol mezclar  bien el azúcar, la maizena, la esencia de vainilla y la yema de huevo junto con un poquitín de leche, evitando que queden grumos.
Añadir esta mezcla a la leche que se está calentando y removemos continuamente, hasta que tengamos una crema espesa.
Retiramos del fuego y dejamos enfriar, mientras preparamos los mini tatines.
Pelamos las manzanas y les retiramos el pedúnculo. Con ayuda de un sacabolas retiramos las semillas y un poquito de la pulpa, para que nos quede un huequecito.
En una sartén ponemos a calentar el azúcar a fuego medio /alto, cuando esté casi toda líquida la vamos removiendo con una cuchara de madera, le incorporamos la mantequilla y cuando esta se haya derretido por completo, echamos una gotas de limón. Removemos.


Incorporamos las manzanas a la mezcla de caramelo y mantequilla y le damos unas cuantas vueltas, con cuidado para que no se nos partan.
En un molde que pueda ir al horno colocamos en cada hueco un trozo de manzana, lo rellenamos con un poco de crema y lo tapamos con un hojaldre adecuado al tamaño del hueco.


Encendemos el horno a 180º con aire.

Pincelamos el hojaldre (pero no lo picamos) con leche y lo espolvoreamos con un poquito de azúcar y canela.


Introducimos en el horno y cocemos hasta que el hojaldre esté dorado (unos 20 minutos).
Sacamos del horno dejamos que se enfríe un poco y volteamos, con cuidado de no quemarnos, los mini tatines.


Si nos sobra salsa de caramelo podemos ponerla en una jarrita para añadir un poco por encima de la manzana.


Están mucho mejores templados que fríos, pero fríos tampoco están nada mal.