domingo, 17 de julio de 2016

Caramelos Chinatos ( caramelos de aceite al pimentón con pulpo)

Andrés lanzó dos impactos al aire, en direcciones opuestas, un-dos, y bostezó. Le gustaba despertar con la algarabía de los gorriones que, por fortuna, habían anidado justo encima de la ventana de su cuarto y se levantó con un ánimo casi, casi inmejorable. Lentamente, con los pasos suaves y ligeros que los setenta años le habían colocado, llegó hasta la cocina y recibió la taza del eterno café oscuro, caliente y dulzón que le sirvió Mercedes, su mujer de toda la vida. Después de beber a pequeños sorbos su negro café, salió al corral donde el sol era todavía una promesa. Se acercó hasta el grifo del lavadero y al principio no advirtió la terrible ausencia, pero, cuando terminó de lavarse la cara, se volvió rápidamente, con el giro de sus mejores años de mozo, pues sabía que faltaba algo en el ritual inviolable de cada amanecer. Buscó con los ojos y, ya desesperado, Andrés gritó: “Merceditas, Merceditas, los faisanes”, y empezó a arrastrar por el corral una pena sin nombre. Le parecía imposible que alguien, cualquiera, le hubiese llevado aquella pareja de faisanes que, durante todo un año, había criado y alimentado con inmenso celo, como hijos, aquellos animales que rotundamente se había negado a sacrificar la última Navidad. Enloquecido, el anciano salió a la calle y comenzó la investigación que, 12 horas después, lo conduciría hasta el ladrón de sus queridos faisanes, el estupefacto adversario con quien  Andrés “Palancas” celebraría su última pelea. Aquella tarde la silla de Andrés quedó vacía. Ante la sorpresa de los otros viejos jugadores de dominó, el fiel Andrés faltaba, por primera vez en once años, a las partidas que cada tarde después de comer, incluidos domingos y fiestas de guardar celebraban en el bar del pueblo. Ninguno de ellos sabía que aquel antiguo luchador se iniciaba, aquel día, como detective privado. Toda la mañana y parte de la tarde estuvo recorriendo el pueblo, indagando por el paradero  de aquella pareja de faisanes que parecían tragados por la tierra. Cuando empezaba a caer la tarde, ya fatigado y sin esperanzas, el viejo “Palancas” llegó a casa de su sobrina Albina y le pidió un vaso de agua fresca. Al verle el aspecto Albina le preguntó qué le había pasado y él le relató su desgracia. En ese momento, el corazón de Albina estuvo a punto de pararse. Pero rápidamente, como ocurre en las malas noticias, le contó  a su tío que Goyo, el de la calle Mentidero, le había ofrecido unos faisanes “que había traído del plantío”. Andrés no pudo escuchar el precio que le había puesto a sus queridas aves, pues ya había doblado la esquina. Con la seguridad de Philip Marlowe, Andrés entro directo al patio de la casa de Goyo, allí buscó con la vista hasta hallar el bidón de basura y lo destapó; en el fondo del recipiente descansaba el plumaje de sus aves. El resto fue fácil. “Palancas” entró en la casa llamando a Goyo. El hombre que dormía para reponerse de la mala noche, le respondió desde la cama y sus ojos enrojecidos miraron a Andrés con la misma  expresión de las aves degolladas. “Palancas” ganó por nocaut a los 25 segundos de comenzado aquel imprevisible combate y Goyo se tragó, como simples aspirinas, los dos dientes de oro que le gustaba exhibir con su sonrisa estruendosa.

CARAMELOS CHINATOS
(caramelos de aceite al pimentón con pulpo)



Ingredientes (6 caramelos):

30 grs A.O.V.E  (debemos obtener al final 22 grs)
½ c.c Pimentón de La Vera “La Chinata”
1 Ajo.
12 grs Maltodextrina.
12 grs Pulpo cocido.
Sal (opcional).
 6 láminas de Obulato.





Elaboración:
Picamos muy, muy menudito el pulpo y lo reservamos.
Pelamos el ajo, le retiramos el germen y lo laminamos. Ponemos en una sartén  el aceite (en frío) y el ajo y dejamos que se vayan friendo lentamente hasta que las láminas de ajo estén doradas, de esta forma  conseguiremos unos crujientes  chips de ajo.


Retiramos del aceite el ajo y reservamos. En el mismo aceite, caliente pero fuera del fuego echamos el pimentón para que se cocine pero que no se requeme (para evitar que el pimentón amargue). En este aceite de pimentón todavía caliente echamos el pulpo, para que tome sabor. Cuando se enfríe  el aceite totalmente, retiramos el pulpo  lo escurrimos bien y reservamos.


Colamos el aceite de pimentón, debemos obtener 22 grs a los que añadimos el pulpo y un poquito de sal (opcional) e incorporamos poco a poca la Maltodextrina, removiendo bien para que se vaya solidificando nuestro caramelo.


Colocamos un poquito de la masa encima del obulato y lo enrollamos para hacer nuestros caramelos, que decoraremos con un chip de ajo.



Los ingredientes:
El Obulato es una lámina transparente y ultrafina elaborada con almidón de patata, soja y aceite de girasol. Es como “el plástico” que envuelve las capsulas de los medicamentos, pero muchísimo más fino. Se deshace en contacto con líquido, por eso se deshace en la boca. No tiene sabor.
La Maltodextrina es de origen natural, concretamente se obtiene del almidón del maíz, del de la patata y del de la tapioca. Se utiliza entre otras aplicaciones, como espesante para estabilizar alimentos con muchas grasas.
El pulpo aparece aquí como un guiño a la cocina gallega y porque es un alimento que se deja querer por el sabor ahumado del pimentón y la suavidad del aceite de oliva virgen.

El ajo y el pimentón son dos ingredientes básicos en la cocina de cualquier rincón de nuestro país.