lunes, 8 de octubre de 2018

Tarta De Moras (en sartén)


El domingo por  la mañana, Begoña estaba en el patio removiendo la tierra de unas macetas, empeñada en hacer que reverdecieran las flores a las que no había regado durante la semana. Cientos de plantas resisten hasta seis días sin riego, pero los pendientes de la reina se ofenden con poco, así que Begoña estaba concentradísima en la labor. Su hija apareció por allí, la miró serenamente y le comentó algo de ir  a no sé dónde que ella no logró entender bien porque no le hizo mucho caso, porque creyó saber perfectamente  a dónde decía que iba. Es lo que tiene la vid en común,  que conduce   a una comprensión del otro que a veces, parece sobreentender todo. Le tiró un beso con la mano negra de hurgar entre las plantas y le deseó que le fuera bien. Quedaron de verse a la hora de la comida. Al rato, Begoña dejó las macetas, regó las plantas mientras tarareaba un bolero y entró en la casa y a la ducha. Llevaba el sol en la cabeza, sintió un cansancio de esos que se bendicen porque auguran el gusto con que se meterá uno en la cama cuando acabe el día. Se puso un vestido verde. Habían quedado para comer con la abuela y aunque no era santo de devoción de la nieta, no dejaba de ser su madre. Begoña miró el reloj. A las dos y veinte su hija no había regresado y las cosas empezaron a ponerse de otro color. Semejante tardanza sólo podía decir una cosa: su hija había decidido darle plantón a la abuela. Cuando llegó en el restaurante, Begoña mostraba un ligero temblor en los labios. Tendría que explicarle a su madre la ausencia de su rebelde hija.  Una mano se alzó entre las mesas y, temiendo no ser vista, su dueña se levantó para llamar a Begoña que ahí estaba, mirándola de lejos, asombrada de su hija y de ella misma. “Mamá, te dije que me pasaría por la floristería para traerle unas flores a la abuela, que no me esperaras en casa, pero ni caso me hiciste. A veces, estas en la luna”. O en Marte, pensó Begoña.

TARTA DE MORAS (en sartén)


Ingredientes para una sartén de 16 cm de diámetro:

Pasta:
30 gr de mantequilla fría.
90 g de harina de todo uso.
40 gr de azúcar.
1 huevo.
½ c.c de levadura (tipo royal).












Relleno:
1 huevo.
60 gr de azúcar.
100 gr de queso crema.
75 grs de tofu (sustituible por mascarpone)
Ralladura de una lima.
10 gr de harina.
50 gr de nata.
100 gr de moras frescas.










Elaboración:

Pasta:
Mezclamos la mantequilla con la harina con las manos, hasta que la mantequilla absorba la harina, agregamos el azúcar, la levadura y el huevo


y con todo ello formamos una masa que envolvemos en papel film y reservamos en la nevera hasta que la vayamos a utilizar.
Relleno:
En un bol batimos el huevo con el azúcar y cuando blanquee añadimos el queso crema y el tofu y mezclamos bien a esto le ponemos la ralladura de lima, la harina y la nata y lo mezclamos bien, hasta obtener una crema homogénea. Finalmente incorporamos las moras lavadas y secas.
Engrasamos la sartén. Con ayuda de papel de hornear


extendemos la masa hasta que tenga un diámetro que cubra la base de la sartén y suba como dos dedos por los bordes.


Vertemos sobre la pasta la crema de queso y moras, cubrimos la sartén con una tapadera y la colocamos sobre el fuego al mínimo, mínimo.


Unos 30 minutos. A los 25 minutos destapamos para verificar que se esté cocinando correctamente, sin quemarse la base. La tarta estará lista cuando los bordes se colorean y la crema se espesa.
Dejar enfriar completamente antes de pasarlo al plato donde la serviremos.


Decoramos al gusto.


Nota: lo ideal es hacerla en una sartén de hierro fundido, pero si no la tenemos podemos utilizar una de fondo grueso antiadherente.


Que el fuego esté lo más bajo posible es importantísimo para que no se nos queme la pasta base.



lunes, 1 de octubre de 2018

Frangipane de Higos y Pistachos


A Norma le encanta el calor. Quizás porque, según ella, es una persona de termostato bajo. Cuando empiezan los primeros días de calor, ella un buen día despierta a la dicha de la primavera como una bendición. Este año los pájaros siguen cantando a pesar de haberse acabado el verano y Norma sigue disfrutando del calor residual de la estación que ya pasó, sigue sintiendo calor de verdad y a su cuerpo sigue entrando el júbilo de los días que amanecen amarillos y anochecen con lentitud. Días en que su perro se tira a dormir desde temprano bajo la luna y ella, no lo puede remediar, imagina, desea, sueña despierta. Crea personajes, les da vida, les regala hogares y viajes, los enamora en parques y verbenas, les hace besarse como entonces, como nunca, como quizás. Pero también hay veces que Norma necesita tomar prestado el calor de otros para no sentir frío al pensar en sus pérdidas, en sus deseos, en sus ganas de vivir como en la cresta de una ola. Así es Norma, una mujer de termostato bajo y corazón amable.

FRANGIPANE DE HIGOS Y PISTACHOS


Ingredientes:

Masa:

125 gr de mantequilla a temperatura ambiente.
65 gr de azúcar glás.
1 huevo pequeño.
Ralladura de ½ naranja.
185 gr de harina.
1 gr de levadura tipo royal.
Pizca de sal.

Frangipane :

170 gr de mantequilla en pomada.
170 gr de panela (o azúcar de caña).
2 huevos.
50 gr de harina
170 gr de pistachos molidos.
Mermelada casera de higos negros (siguiendo a K. Arguiñano: 1 kg de higos, zumo de 1 limón, 500 gr de azúcar)









Elaboración:

Masa:

Batimos la mantequilla con el azúcar glás  y agregamos la ralladura de naranja y el huevo. Mezclamos bien y finalmente incorporamos la harina, levadura y sal. Cuando tenemos la masa formamos una bola, la aplanamos un poco con las manos y envuelta en papel film la metemos al frigorífico por dos horas.
Sacamos la masa y dejamos que alcance la temperatura idónea para extenderla con ayuda del rodillo. Con la masa forramos la base y paredes de un molde desmontable y dejamos en el frigorífico una media hora, para que la masa se relaje y no encoja en el horno.

Frangipane:

Batimos la mantequilla y panela en polvo juntos. Agregamos los huevos y mezclamos todo bien. Añadimos la harina y los pistachos molidos y mezclamos hasta que todos los ingredientes estén incorporados.



Extendemos una fina capa de mermelada de higos sobre la base de masa.



Colocamos el frangipane de pistachos sobre la mermelada (si nos sobra, podemos congelar el sobrante hasta 2 meses). Cortamos rebanadas de higos  y las colocamos encima presionando ligeramente.

Horneamos a 180º unos 25-30 minutos y dejamos enfriar en el horno.



Una vez frío podemos poner encima de los higos un poco de miel (para dar brillo) y ralladura de naranja.



Para elaborar esta receta  y aprovechar la temporada de higos me he inspirado en el exquisito Frangipane de higos de Patty, la suya con almendras, la mía con pistachos.



Al llevar azúcar de caña la frangipane queda más oscura.



domingo, 23 de septiembre de 2018

Mini Quiches con Masa de Pizza

En otoño los atardeceres se sucedían lentamente casi todos los años. Aquel tiempo y aquella hora significaron para Luis, durante su destino en San Miguel y al término de muchas de sus jornadas laborales, paseos por la playa bajo la luz dorada del crepúsculo: la orilla de fina arena, las mareas, las montañas lejanas, la melancolía, la paz del alma… Después, con esa suma de sensaciones y percepciones, se retiraba a cenar y leer sus queridas novelas mientras dejaba sonar la música de John  Coltrane o  de Carlos Jobim. Cuando estuvo con Andrés desplegaron alguna actividad turística recorriendo la provincia, descubriendo hermosos lugares, mágicos espacios  que quedaron grabados en sus memorias y en sus corazones, pero ya no estaba con Andrés y sus paseos siguieron siendo los mismos y el olvido ingrato, hasta que cambió de destino y la soledad se acomodó a su nuevo hogar. Ahora estaba releyendo La Madre  de M. Gorki. Volvía a este libro con frecuencia. También ahora residía en una población casi seis veces mayor que San Miguel y ubicada en el interior y cuando paseaba lo hacía entre edificios adocenados que decoloraban la última luz del sol apoyados por un rutilante reguero de farolas urbanas. El otoño, sin embargo, estaba siendo templado incluso en el interior y por esta razón parecía dirigirse perezosamente hacia el invierno. Y aprovechando la suave temperatura, Luis y su hermana habían elegido la terraza solitaria de  una cafetería asentada en una placita y apartada del tráfico para charlar con calma, con la calma que charlan dos hermanos que se quieren y se sienten.


MINI QUICHES CON MASA DE PIZZA


Ingredientes (8 mini quiches):

1 paquete de mini bases de pizza.
200 ml de nata para cocinar.
3 huevos medianos.
Sal (yo no le he puesto, ya que los quesos llevan sal y el jamón también) y pimienta al gusto.
8 lonchas finas de jamón serrano
16 tomates cherry.
4- 6 nueces peladas.
60  grs de queso azul.
60 grs de queso cremoso (tipo Arzúa- Ulloa)
1 puerro pequeño (la parte blanca).
Un poquito de pesto (opcional).
Aceite o aerosol para horno.

Elaboración:

Vamos a hacer nuestras mini quiches de dos sabores. Mezclamos en un bol los huevos batidos y la nata y salpimentamos al gusto. Esta preparación la dividimos en dos boles más pequeños y reservamos.
Picamos muy menudito el puerro y lo pochamos suavemente en una sartén con una cucharada de aceite, cuando empiece a tomar color apagamos y retiramos.
En uno de los boles  con el huevo y la nata añadimos el puerro pochado y el queso azul. En el otro el queso cremoso (tipo Arzúa- Ulloa) y cuatro de las lonchas de jamón muy picadas. Reservamos.
Precalentamos el horno a 200º.


Engrasamos los moldes que vayamos a utilizar y los forramos por dentro con las masas de pizza, en cuatro de ellos vertemos la preparación de queso azul colocando por encima unas nueces y en los otros cuatro vertemos la preparación del queso cremoso poniendo unos tomates cherrys y trocitos de jamón (de las 4 lonchas restantes) formando flores.



Introducimos las miniquiches en el horno y bajamos la temperatura a 180º, cocinamos con calor abajo y aire en la rejilla más baja unos 12 a 15 minutos, hasta que nuestras quiches estén doradas por arriba y la masa perfectamente cocida. Una vez fuera del horno colocamos un poquito de pesto en las que llevan tomate (o no, al gusto).





domingo, 16 de septiembre de 2018

Panna Cotta de Expreso

Maruchi ha venido hasta casa (mejor dicho, hasta la cocina) con la urgencia de un pecador arrepentido ante un confesionario. Se fue de vacaciones, hace más de un mes. Sola, con una maleta y sin novio. Quería meditar, plantearse un modo de vida más slow, que a mí eso a lo que me suena es a una canción de Aute pero si Maruchi dice que es un modo de vida pues es un modo de vida y no le demos más vueltas. Bien, el tiempo ha pasado y mi Maruchi ha regresado, pero no ha llegado con maleta y tampoco sola, ha venido con media mudanza y ¡Toma yaaa!!! Con Nuevo Novio…y esta vez con nombre de esos que provocan, que pongas otro detrás, sin poder evitarlo. Que se llama Marco y yo sin pensarlo, me sale solo, que enseguida digo Polo, que es como si te dicen James…y no puedes por menos de decir Bond.  Dicho esto, voy al motivo de su reaparición estelar, que me disperso con mucha facilidad, y nunca mejor dicho lo de estelar, porque su mirada,su sonrisa, su pelo...Toda ella!! brilla cual radiante  sol en hora punta. ¡Qué bien le sienta el amor a Maruchi! Que me ha pedido una receta para hacerle un postre a su Marco (Polo…lo siento, no puedo evitarlo) y a poder ser una anécdota o historia, que quiere impresionarlo, que vea que se interesa por su cultura siciliana. “Ay Maruchi…que es siciliano…que a lo peor tiene malas compañías, o dudosa Familia, que tú eres un imán para las turbulencias terrestres y extraterrestres…ya me entiendes” Esto lo pensé al oír lo de siciliano, que es una palabra que me hace pensar en blanco y negro cada vez que la oigo y en Humfry Bogart, que no sé qué tiene que ver una cosa con la otra, pero es así ¡Cosas del pensamiento!  Pero al ver su cara irradiando felicidad por todos y cada uno de sus limpios poros se me anudaron las cuerdas vocales y no pude decírselo, ya encontraré mejor momento, porque avisarla, la tengo que avisar antes de que el Etna entre en erupción, que no veo yo a Maruchi de mafiosa (¡Uy!¡ Lo que he dicho!).  Mientras preparábamos el postre me ha contado todos los detalles, de su ya no tan slow modo de vida debido a la aparición de su amantísimo Marco (Polo…).Se ha ido más feliz si cabe,con una sonrisa de esas que oxidan los pendientes y tarareando La donna è mobile qual piuma al vento muta d´accento e di pensiero… Que parecía mi Maruchi italiana de toda la vida,  del mismísimo centro geográfico  de las italias (y mira que es complicado encontrarle el centro geográfico a ese país).


PANNA COTTA DE EXPRESSO


Ingredientes:
Jalea:
1 hoja de gelatina (rehidratada en agua fría).
60 ml de café exprés.
15 grs de azúcar.
Panna Cotta:
4 hojas de gelatina (rehidratadas en agua fría).
200 ml de nata.
150 ml de leche entera.
25 gr de azúcar.
2 sobres de café liofilizado (puede ser descafeinado).

Elaboración:
Jalea:
Preparamos el café exprés y cuando está caliente disolvemos en él la gelatina y agregamos el azúcar, mezclando bien hasta que esté perfectamente disuelta. Ponemos un poco de nuestra gelatina de exprés en los vasos y llevamos al frigorífico.



Panna Cotta de Expresso:
Hervimos la nata con la leche, el café en polvo  el azúcar. Retiramos del fuego  cuando la mezcla ya no hierva disolvemos  en ella la gelatina bien escurrida. Dejamos que se enfríe a  temperatura ambiente y, cuando la jalea de exprés se haya solidificado vertemos en los vasos hasta llenarlos. Dejar que se enfríe bien, al menos 4 horas.




domingo, 8 de julio de 2018

Gofres de Calabacín Y Queso Feta


José camina por la ciudad con la mirada alta. Por ver si hay ángeles en los tejados, piensa que nadie está a salvo de la felicidad y él, tampoco. El cielo no se le cae encima y el clima podría ser tildado por un puntilloso cronista meteorológico de agradable. A José se le cruzan por la mirada piernas bronceadas y caderas vestidas de estío, saluda a las estatuas y casi todas le contestan. Una  con toga le cuenta sus calores, es de falso mármol, por eso no me enfría, le confiesa la hierática estatua. A José le gustaría tener una cometa de cuatro colores y echarla a volar, observarla tumbado bocarriba en la hierba del parque, sin pensar en nada, sólo en el aéreo tránsito de la cometa multicolor a la que iría siguiendo con los ojos, sin mover la cabeza, ejercitando el músculo óptico, contemplando cómo la cometa se aleja hacia otros aires, nuevas perspectivas, mismo cielo, distinta ciudad. Cree que sería agradable montar en esa colorida cometa. José no trata de soñar, sólo agarrar por un ángulo nuevo la realidad. Y sigue atravesando la ciudad que quisiera ver con ojos de recién nacido, y en el camino se cruza con un contador de nubes que teme los días de cielo limpio, con una musa que perdió su escritora y la busca en campos de amapolas que sólo ella ve, con un poeta que perdió su primera rima y su último verso. José se pone las gafas de ver la realidad de lejos y se coloca de medio lado su sombrero de papel para que el sol no le haga daño a su mirada recién estrenada.

GOFRES DE CALABACÍN Y QUESO FETA



Ingredientes:

1 calabacín (unos 150 grs).
2 huevos (medianos eco).
100 grs de queso feta.
50 grs de queso crema.
3 c.s (con copete, unos 40 grs) de harina de todo uso.
2 c.c de polvo de hornear (levadura tipo royal).
¼ c.c de azúcar.
Sal (muy poquita).
Pimienta negra molida (un toque).
Mantequilla o aceite para la gofrera.
Para acompañar: queso crema, cebollino picadito, albahaca…

Elaoración:

Lavamos, rallamos el calabacín y reservamos.
Molemos el queso feta con un tenedor y reservamos.


En un bol amplio mezclamos los huevos, el queso crema, la harina, polvo de hornear, sal, azúcar y pimienta. Cuando está todo bien mezclado (textura como una natilla) le añadimos el queso feta y el calabacín bien escurrido (lo apretamos con las manos para retirar el exceso de agua) Removemos y mezclamos bien.  Dejamos reposar la masa cinco minutos. Encendemos la gofrera y la pincelamos con mantequilla derretida o aceite (nada de excesos, pincelada sólo), cuando esté caliente nuestra gofrera le ponemos unas cucharadas de la masa, cerramos y dejamos que se cocine el gofre un par de minutos, hasta que esté dorado.  Nos dará para unos 4 ó 5 gofres grandes.



Lo sacamos y seguimos haciendo lo mismo hasta acabar la masa.
Si no tenemos gofrera…No pasa nada!!! A la sartén: ponemos la sartén al fuego, la pincelamos con aceite o mantequilla, vertemos una cucharada de nuestro preparado y transcurrido un minuto le damos la vuelta a nuestra tortita.



Acompañamos los gofres con queso crema, cebollino picado y hojas de albahaca.

Entre dos gofres, el queso crema


Llega el periodo de descanso en mi cocinaconvistas, mis cazuelas y sartenes pasarán los rigores del estío a la sombra, mis libros y música quedan organizados y a buen recaudo,  yo empiezo a guardar cosas en la mochila en un rato, así que si todo sigue bien...nos vemos en septiembre, mientras tanto, sed felices hasta el infinito y...más allá!!!!

domingo, 1 de julio de 2018

Guisantes Frescos: Crema Fría


Marcelo y Mercedes fueron novios desde el momento en el que el cruce en una escalera en el centro de la ciudad los sometió a su hechizo y los marcó para siempre. Marcelo iba subiendo  y Mercedes venía bajando cuando el aire se cruzó entre ellos. Al cruzarse él la paró y le dijo que parecía una paloma con su vestido blanco y ella sonrió con los ojos, con las manos y con la boca. Fueron novios un tiempo, de esos novios que terminaban despidiéndose en la puerta de la casa justo cuando debería empezar el encuentro. Tras una de esas despedidas Marcelo se fue de parrandeo con los amigos y alguna mujer y Mercedes no le perdonó. Marcelo aprendió a cantar todas las canciones que tenían palomas traidoras en alguna de sus letras. La paloma negra, la paloma querida, la paloma que llega a una ventana y la que nunca llegará. Por más que Marcelo cantó, no encontró el perdón.  Su amigo Lucas siempre se sintió culpable de haberle llevado de parranda. Al cabo de los años Mercedes se dio cuenta de que nadie es culpable de la vida ajena y que los tontos habían sido ellos: él por parrandero y ella por inflexible. Pero eso fue al cabo de los años.

CREMA DE GUISANTES FRESCOS


Ingredientes (2 pers):

250- 300 grs de guisantes frescos (una vez desgranados).
1 patata (100 grs aprox).
5 hojas de menta.
1 lima (zumo y piel rallada).
2 c.s de aove.
Pizca de sal (opcional).
Para decorar: manzana verde cortada pequeña, flores de albahaca.








Elaboración:

Desgranamos los guisantes y reservamos. Pelamos la patata, la lavamos y cortamos en rodajas finas (1-2 cm grosor). En un bol de cristal ponemos los guisantes, la patata y un poco de sal; cubrimos con agua y cocemos en el microondas a máxima potencia durante 5 minutos.  Dejamos que se enfríen los guisantes y patata. Escurrimos el agua.


En el vaso de la batidora colocamos los guisantes, la patata, el zumo de lima, las hojas de menta y el aove y trituramos todo muy, muy bien, hasta que nos quede una crema fina.


Servimos la crema (templada o fría) decorada con manzana verde picada, flores de albahaca y ralladura de lima.



Nota: podemos adornar también con unas flores de guisante y unas hojitas de menta.



domingo, 24 de junio de 2018

Mousse de Manzana


Con los ojos cerrados, Alicia se imagina una reunión de mujeres en la que comparten tertulia Julieta, Cleopatra, Isabel Segura y Juana la loca. Todas ellas hablan del amor, de sus grandes y apasionados amores. Tanto amor las llevó a todas y cada una de ellas a la muerte. Con los ojos cerrados Alicia se pregunta si cada una de estas mujeres hubiera podido dar marcha atrás, amarían menos? Amarían con más cuidado? Quizás no amarían nada? Por las noches, en lugar de contar ovejitas, Alicia piensa en alguna de ellas. La existencia de estas mujeres estaba regida por unas pautas muy rígidas dentro de las que había burbujas rellenas de placer. La conversación era una de esas burbujas, también la comida y, en algunos casos, hasta la oración. Los días, en palacio o casas nobles, eran largos a menos que los llenasen de rutinas: el paseo, la escritura, la música, lo bailes. A cualquiera de ellas, Alicia la imagina en sus aposentos,  tumbada en la cama mirando al techo, efectuando conjeturas sobre lo que habría ocurrido si en vez de amar tanto hubiera amado un poco menos. Todo aquel amor (el que profesaba cualquiera de ellas) bien administrado hubiera dado para dos o tres vidas. Se las imagina echando las cuentas, distribuyendo tanto amor en montoncitos. Se arrepentirán? Y Alicia se pregunta si se arrepentiría ella de haber sido Cleopatra, o Julieta, o Isabel o Juana y haber llevado su amor hasta la muerte.

MOUSSE DE MANZANA


Ingredientes:

2 manzanas rojas (Fuji).
1 lima.
2dl de nata para montar.
2 claras de huevo.
75 grs. De azúcar.
4 hojas de gelatina (6 grs)
Hojas de menta y flores comestibles para adornar.









Elaboración:

Exprimir el limón, lavar y reservar ¼ de manzana en la nevera. Pelar el resto, retirarles el corazón y trocearla. Triturar las manzanas con el zumo hasta obtener un puré homogéneo. Mezclar la nata con la mitad del azúcar (no es necesario montar).  Montar las claras con el azúcar restante  a punto de nieve firme. Poner la gelatina a remojo en agua fría (mínimo 5 minutos), escurrir bien la gelatina y diluir en ¼ parte del puré de manzana caliente (unos segundos al microondas), agregar el puré restante y remover.

Añadir la nata suavemente e incorporar el merengue con movimientos envolventes.


Rellenar los moldes semiesféricos (esta cantidad da para unos 10 moldes) con la preparación, tapar con film transparente y dejarlos cuajar en la nevera.


Cortar la manzana reservada en tiritas. Desmoldar los mousses y decorarlos con la manzana cortada, hojas de menta y flores comestibles.


Un toque de canela le viene que ni pintado.


 

domingo, 17 de junio de 2018

Canoas de Plátano Maduro


Llevaban varios años de no verse. Él se había ido hacía siete, cuando Manuela rondaba la edad media, leía libros de poesía y era la mujer más alegre que podía existir bajo cualquier puesta de sol. No se habían visto pero se conocían los pasos que cada uno había dado como si fueran los propios.  Cuando él llamó aquella tarde a su puerta y ella la abrió Manuela le sonrió enseñando sus pequeños y blancos dientes. Había pocos paisajes tan perfectos como la sonrisa de esta mujer con el sol del atardecer y los ojos de Manuela mirando al jardín con la puntita de ironía que no perdieron nunca .Había muchas pregunta o quizás no había tantas. Por dónde anduviste? Preguntó Manuela. “Por acá y por allá”. Se colocó frente a ella. No pienses que vas a volver a meterte en mi corazón de nuevo. “Cómo voy a meterme si jamás salí de él” Y entre los dos pasó un ángel con su estela de silencio. Y todo el que sabe adivina que tras el silencio de un ángel siempre hay una historia. O muchas.


CANOA DE PLÁTANO MADURO


Ingredientes (2 canoas):

2 plátanos maduros (también llamados  plátanos macho) amarillos por fuera.
Aceite de girasol para freír los plátanos (cantidad suficiente)
 Mi relleno:
2 c.s de soja texturizada (rehidratada).
2 c.s de guisantes de temporada.
½ diente de ajo picadito.
1 c.s de cebolla tierna troceada menuda.
2 c.s de tomate natural muy picado.
1 zanahoria tierna picada muy menuda.
1 tomate seco, en aceite de oliva, picado.
1 c.c de cilantro fresco picado.
2 c.s de aove.
4 c.s de queso rallado (mezcla de tres quesos).
1 c.c de Tajín (opcional).
Para adornar: hojas de albahaca morada, flores de albahaca (moradas y blancas).

Elaboración:

En una sartén ponemos abundante aceite de girasol y cuando esté caliente freímos los plátanos,  a fuego medio, procurando que nos queden bien doraditos por todos los lados.


Sacamos los plátanos y los ponemos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Reservamos y preparamos nuestro relleno. En un bol con agua cocemos durante 3 minutos a máxima potencia en el microondas los guisantes. Escurrimos y reservamos. Calentamos las dos cucharadas de aove en una sartén y le añadimos primero la cebolla y el ajo, dejamos que se cocinen por un minuto y le incorporamos la zanahoria, dejamos otro par de minutos, removiendo y le añadimos el tomate seco y el tomate fresco, damos un par de vueltas y pasado un par de minutos le incorporamos la soja, los guisantes y el cilantro picado.


Dejamos que todos los sabores se integren durante tres o cuatro minutos. Apagamos el fuego y ahí dejamos nuestro relleno al calor. Con un cuchillo hacemos un corte longitudinal a los plátanos, sin llegar a los extremos y tampoco al fondo,


que nos quede como una canoa o barca. Separamos con cuidado las dos partes del plátano e introducimos el relleno,


ponemos encima el queso rallado y espolvoreamos con un poco de Tajín (opcional).


Llevamos al horno a gratinar hasta que el queso se haya fundido. Decoramos y servimos.



Pueden tomarse fríos pero calientes están realmente deliciosos.


El relleno es a gusto de cada cual, puedes hacerlos con carne, pescado…lo que se te ocurra.