domingo, 14 de enero de 2018

Hojas de Parra con Queso

Desde el primer día que David despertó en el apartamento de Arturo hasta casi el último, Arturo lo acompañó a la estación de metro todas las mañanas, excepto cuando iba en bicicleta hasta el trabajo y la dejaba encadenada allí (aunque esa rutina no duró mucho tiempo porque los borrachines y yonquis sin techo que merodeaban por el centro le robaban a menudo el sillín) o cuando llovía o cuando ya iba tan tarde que debía tomar u taxi para llegar al trabajo en la hora o en las raras ocasiones en que David salía disparado por la puerta como un tornado furioso, pues se le hacía tarde, y él estaba todavía ocupado en el baño y le gritaba que esperara, o en las dos o tres veces que estaba tan molesto con él por esto o por aquello que de ninguna manera quería que lo acompañara. Excepto por esos días, siempre lo acompañaba. Le gustaba hasta la manera en que David se quejaba “Ya no me quieres, verdad?”, si no le cogía la mano o le pasaba el brazo por los hombros en el momento en que él lo deseaba. Arturo a veces fantasea que le coge la mano y camina con él. A nadie le sorprende ya ver gente que habla consigo misma por las calles, pues se da por sentado que hablan con algún dispositivo que tiene bluetooth. Pero la gente sí que te mira cuando tienes los ojos enrojecidos y húmedos y los labios torcidos por una mueca de sollozo.

HOJAS DE PARRA CON QUESO Y UVAS CON QUESO AZUL Y NUECES.


Ingredientes:

Hojas de parra en salmuera (una por comensal).
Crema de queso de cabra o semicurado (1 tarrina).
Uvas negras gruesas.
100 grs de queso azul.
4 c.s  de nata líquida.
1 c.s de brandy (opcional)
4 nueces.

Elaboración:

Hojas de parra:
El día antes ponemos las hojas de parra en agua fría y las dejamos toda la noche, para que pierdan parte de la sal.
Sacamos las hojas del agua y las ponemos a escurrir sobre un paño limpio y seco.
Encendemos el horno a 140º.
Colocamos una lámina antiadherente (o papel de cocina) en la bandeja del horno y vamos colocando nuestras hojas de parra previamente untadas con una brocha de cocina por una parte con la crema de queso (la parte untada quedará sobre la lámina). Ya en la lámina antiadherente untamos las hojas por la otra cara con queso.


Introducimos las hojas en el horno y dejamos que se vayan cociendo y secando unos 20 minutos. Sacamos del horno y dejamos enfriar. Quedarán con la textura de un papel crujiente.


Uvas rellenas:
Mezclamos el queso azul con la nata y el brandy muy bien  hasta que nos quede una pasta. Reservamos.
Lavamos y secamos las uvas, las cortamos por la mitad  y con ayuda de un sacabolas pequeño retiramos la pulpa interior.


Rellenamos las uvas con la mezcla de queso y colocamos un trozo de nuez,


juntamos las dos mitades de la uva para que vuelva a quedar con su forma original.


Presentamos cada hoja de parra con unas cuantas uvas rellenas de queso y nueces.



lunes, 8 de enero de 2018

Oreshky y Paté de Setas

Pedro reflexionó sobre la gran diferencia entre su búsqueda de amistades en el colegio y la que estaba llevando a cabo en esta etapa de su vida. En la escuela Pedro buscaba niños que quisieran ser sus amigos no porque deseara tener amistades – eso le importaba un bledo, pues a todos sus compañeros de clase los encontraba  plastas y mocosos -, sino porque lo pasaba muy mal cuando llegaban los domingos y días de fiesta y sus padres le preguntaban con qué amigos había quedado para salir y él tenía que decir que con nadie y veía la cara de preocupación de su pobre madre. Lo pasaba tan mal cuando ellos le hacían aquella pregunta, lo pasaba tan horriblemente mal por ellos que eran las únicas personas del mundo que le importaban, que llegó a inventarse unos amigos, lo que durante un tiempo le  obligó en los días de fiesta a salir de casa –si por él hubiera sido nunca se habría movido de ella – y entrar en cines o deambular absurdamente por la ciudad a la espera de que llegara la bendita hora de poder regresar a su bendita casa. Ahora era diferente, ahora no quería estar solo y obligado todo el rato a mirar cara a cara a la nada. Por eso lo buscaba a él. Por eso la buscaba a ella.

ORESHKI CON PATÉ DE SETAS


Oreshki
Ingredientes (para unos 25):

100 grs de mantequilla a temperatura ambiente.
200 grs de harina.
1 huevo.
1 c.c de levadura (tipo Royal).
Pizca de sal
½ c.c de cúrcuma.
½ c.c de café soluble (mejor descafeinado).

Elaboración:

En un bol amplio ponemos el azúcar, la harina, la levadura, la sal,  la cúrcuma y el café soluble todo tamizado y echamos la mantequilla a trocitos. Mezclamos con las manos bien, primero como si fuera arena y luego ya empezamos a amasar un poquito. Añadimos el huevo, mezclamos bien. Envolvemos la masa en papel film y la dejamos reposar 20 minutos en el frigorífico.


Hacemos bolitas del tamaño de una avellana (grandecita) mejor si las hacemos todas, puesto que se tardan muy poquito en cocer y así no tendremos que andar apagando y encendiendo nuestra maquinita.

Ponemos una bolita en cada hueco de la plancha, bajamos la placa y en cuestión de dos minutos…ya están nuestras “nueces”. Nos ayudaremos de unas pinzas de cocina para retirarlas y evitar quemarnos.
 Probablemente nos salga un poco de reborde, así que  tendremos que ayudarnos de un rallador pequeño para dejarlas  lo más parecidas posible a unas auténticas nueces.


Relleno:

Paté de setas.

Ingredientes:

250 gr. de setas (en mi caso de cardo).
100 gr. de cebolla.
1 diente de ajo.
1 c.c de tomillo y romero picados.
1 c.s de aove.
Sal (opcional).











Elaboración:
Introducimos las setas, cebolla, el ajo y las hiervas  con la c.s de aove en un bol apto para el microondas, removemos, tapamos con papel film (le practicamos unos pequeños cortes, para que “respire”) y cocemos durante 5 minutos a máxima potencia en el microondas.  Trituramos todo bien y ya tenemos nuestro paté listo para ser degustado.



Rellenamos los Orehki con el paté y colocamos para servir.


Podemos hacer los Oreshki con unos días de  antelación y guardar en un bote hermético hasta el día que vayamos a rellenarlos.



Generalmente estas pequeñas nueces suelen servirse en versión dulce, puedes ver mi dulce versión aquí.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Ebelskiver (Buñuelos Daneses)

Después de varios días de amenazas, el cielo se encabritó y abrió sus compuertas: truenos, rayos y lluvias inundaron la tarde, como si hubiera llegado el fin del mundo. Cuando llovía de aquel modo apocalíptico y el calor cedía, Irina conocía un método inmejorable para esperar el paso de la tormenta: Tomaba cualquier cosa que le llenara un poco el estómago, se dejaba caer en sofá, abría una asmática novela rusa, de las densas e inhóspita cual tundra y  que leerlas da más calor que un traje de pana en agosto, leía un par de páginas sin entender nada y, al recibir aquel bofetón en el cerebro, arrebujada en el ruido de la lluvia, se dormía, como una niña acabada de mamar. Cuando se despertaba, un par o tres de horas después, a Irina siempre le entraban ganas de cocinar. Caprichos de la tempestad, decía. Aquella tarde, había tenido el mismo desenlace que cualquiera otra anterior pasada por agua. Se desperezó, se preparó un té y agarró su viejo y raído cuaderno de “recetas para días de lluvia”. Eligió una al azar y mentalmente, entre sorbo y sorbo de té, fue repasando los ingredientes: lo tengo, sí que tengo… Así, ingrediente tas ingrediente, hasta que comprobó que contaba con todos  los necesarios para preparar:

EBELSKIVER (buñuelos daneses)



Ingredientes para unos 25 buñuelos:

150grs. de harina de todo uso.
½ C. s de azúcar.
½ C. c de levadura (Royal).
¼ C. c de sal (opcional).
2 huevos (separadas las yemas y claras).
250 ml de leche semidesnatada.
2 C.s de mantequilla a temperatura ambiente.
Spray para cocinar o aceite de girasol.

Elaboración:

En un bol amplio colocamos los ingredientes secos (harina, azúcar, levadura y sal).


En otro recipiente batimos las yemas y le agregamos la leche y la mantequilla. Batimos esto muy bien.
Juntamos los ingredientes secos con el batido de huevos, leche y mantequilla; intentaremos que no nos queden grumos. Batimos las claras (con ayuda de la batidora eléctrica) a punto de nieve fuerte. Añadimos las claras a punto de nieve con movimientos envolventes a nuestra mezcla anterior.


Dejamos reposar mientras rociamos con spray para cocinar (o untamos con aceite de girasol) los huecos de nuestra sartén. Ponemos la sartén a fuego medio y cuando esté tibia añadimos 2 C. soperas de la masa en cada agujero (como 1/3). Agregamos 1 C. de café  de nuestra mermelada preferida


y se la añadimos a la masa y encima ponemos otra C. sopera de masa. Cuando comience a “burbujear” le damos la vuelta con 2 brochetas de madera y cocinamos hasta que estén dorados por abajo.


Nota: Me he acordado de “la Sirenita” y de todos los cuentos de H.C. Andersen… y no para bien precisamente, cuando le daba la vuelta con los palillos de brocheta ¡Santo…dios! Que cosa más difícil. Pero al final, le he cogido "el punto" a los palillos.


Otro día pondré una versión salada.