domingo, 11 de noviembre de 2018

Kumato Kinder


Hace mucho tiempo que Valentina usa gafas graduadas y que oye a saltos, que duerme las horas de tres en tres en lugar de ocho seguidas, y que ha dejado en manos de sus hijos casi todas las cuentas, menos la que no ha quitado nunca de su cabeza: dos mil quinientos setenta y seis días con sus noches que han corrido por su piel y sus  rabias sin que haya dejado de contar cada hora que su marido lleva lejos de ella. Cuando está sola, Valentina se acompaña con la música. Oye de todo, desde tangos y boleros hasta ópera pasando por lo último que suena en inglés que, aunque no lo entiende, la acompaña. Por las noches se ha acostumbrado a oír la radio, tanto que se queda dormida igual con un fado  que con un tango que con una triste copla o con una emisora a la que la gente puede llamar para contar historias. A veces, la despiertan las penas de otros: un padre de familia que pide ayuda para encontrar trabajo, un joven al que el amor le dio un mal revés, una chica que lee versos de amor escritos por ella para su amante anónimo… Valentina sueña que una de esas llamadas la hace su marido y que en ella le habla de las flores que, en primavera, colocaba sobre su falda, de los labios entreabiertos jurándose amor eterno, de cómo se habían conocido, de cómo se habían amado, de cómo se habían despedido…

KUMATO  KINDER



Ingredientes (3):

3 tomates: variedad kumato.
Relleno:
9 higos morados pequeños.
3 dátiles sin semilla muy picados.
5 nueces picadas finamente.
½ c.c de melaza de granada (o vinagre de Módena)

Aliño:
1 c.c de melaza de granada (sustituible por vinagre de Módena).
3 c.c de aove.
1/3 c.c de sal de apio.
1/3 c.c de comino molido.

Para decorar:
½ caqui persimón muy picadito.
½ tomate kumato sin piel muy picado.
Brotes de rábano.
Brotes de alfalfa.
Unas hojas de perejil fresco.

Elaboración:

En un bol mezclamos la carne de los higos con los dátiles (super picados) y las nueces (reservamos unas poquitas, muy pocas, para decorar los tomates). Añadimos la melaza de granada y reservamos mientras preparamos los tomates.
Ponemos a calentar agua en un cazo, cuando empiece a hervir escaldamos los tomates unos segundos y los sacamos para un bol con agua muy fría (para evitar que se caliente su interior así podremos pelarlos con facilidad. Una vez pelados los tomates,


con ayuda de un sacabolas pequeño, por la parte del pedúnculo, retiramos la pulpa del interior del tomate, procurando que no se nos rompan y los dejamos escurrir boca abajo.
Rellenamos nuestros tomates con cariño y cuidado con la picada de higos, dátiles y nueces y colocamos sobre el plato de servicio.

Encima de cada tomate ponemos unas poquitas nueces picadas y una ramita de perejil.

Aliño: En un bol mezclamos muy, muy bien la melaza de granada, el aove, la sal de apio y el comino, con este aliño regamos los tomates.




domingo, 28 de octubre de 2018

Tarta de Maní y Plátano


Las tardes con Marta son siempre maravillosas. Marta tiene la firme convicción de que el mundo que decimos nuestro abunda en horrores, pero según ella, también es cierto que si seguimos vivos es porque sabemos que a este mundo no le faltan maravillas, y que muchas de ellas está en nosotros tratar de alcanzarlas. Así, hay maravillas que uno recuerda y maravillas que uno anhela, hay maravillas que uno descubre como tales en el momento mismo en que nos llegan: un parque lleno de árboles y una madre sentada en un banco amamantando a su pequeño. Hay maravillas que se pueden conseguir todos los días, pero que necesitan precisión: el sabor aterciopelado del café turco cuando no hierve, un ibuprofeno a tiempo, un beso a destiempo, un gintonic en la mejor hora, una sonrisa en el peor de los momentos. Hay maravillas que no se pueden siempre: una caricia a deshora, una buena película elegida al azar, una ola del Cantábrico en mitad de la tarde. Marta cree también que hay maravillas inolvidables, otras maravillas que nos estremecen, están las maravillas que nunca alcanzaremos, pero no por ello debemos ignorarlas, están esas que seguiremos esperando y hasta dejaremos pasar algunas sin llegar a valorarla. Y cómo no, todos tenemos maravillas secretas y maravillas públicas y entre las maravillas públicas de Marta está su:

TARTA DE MANÍ Y PLÁTANO


Ingredientes (para un molde desmontable de 20 cm de diámetro):

Relleno:
230 gr de crema de maní (mantequilla de cacahuete).
4 plátanos maduros (300 gr ya pelados).
60 ml de aceite de coco (completamente líquido).
30 gr de azúcar (si los plátanos están muy maduros no es necesario añadir azúcar).
1 lámina de gelatina.
20 ml de agua mineral.

Base:
125 gr de anacardos tostados sin sal.
100 gr de uvas pasas.
2 c.s de cacao puro en polvo.

Elaboración:
Rehidratamos en agua fría (mínimo 5 minutos) la hoja de gelatina.
Trituramos bien la mantequilla de maní, los plátanos, el aceite de coco y el azúcar.
Calentamos en el microondas unos segundos el agua mineral y en ella disolvemos la gelatina bien escurrida. Esto se lo añadimos a la mezcla de plátanos y maní y lo integramos bien. Reservamos mientras preparamos nuestra base.


Base:
Con ayuda de la batidora (o thermomix) trituramos las pasas, los anacardos y el cacao, hasta que quede una masa. Esta masa la extendemos sobre la base y paredes de nuestro molde, presionando un poco para que quede bien compacta.


Sobre esta base extendemos nuestro relleno.


Reservamos en la nevera un mínimo de 6 horas (mejor de un día para otro). La tarta se volverá oscura por arriba, como si fuera chocolate. No pasa nada.

Desmoldamos con cuidado y decoramos al gusto, yo le puse un poco de polvo de oro y unos cacahuetes de chocolate.


Nota: el relleno solidificará hasta el punto de mousse, a esto ayuda el aceite de coco ya que en frío este aceite se vuelve sólido.



domingo, 21 de octubre de 2018

Pastel Turco de Yogur


Desde el primer momento María se sintió seducida por la cocina turca, con la variedad culinaria de un país situado en la intersección de oriente y occidente. Rodeada por el mar de Mármara, el Egeo, el mar Negro y el Mediterráneo, Turquía le ofreció a María numerosas especialidades a base de pescado que los cocineros de las regiones costeras transformaban en creaciones llenas de fantasía. Del interior del país disfrutó de las recetas de arroz envuelto en hojas de parra, los deliciosos pilafs y las berenjenas rellenas, así como especialidades locales de la más alta categoría. Con mucho oficio, los cocineros con los que trabajó la introdujeron en los secretos que hacen las delicias de los gourmets turcos, sin olvidar las recetas populares de las familias con las que convivió y las divertidas anécdotas que rodeaban a creaciones realmente exquisitas. Una cocina que fascinó a María con sus aromas,  especias orientales y la sencillez de otros muchos platos. Ayfer le contó el secreto de su Pastel de Yogur Turco, tan apreciado por los muchos clientes que frecuentaban su pequeño restaurante en Bursa. De su estancia en Turquía, María regresó con un par de cuadernos repletos de maravillosas recetas segura de que muchas de ellas las haría y de que otras serían imposibles de realizar sin alguno de los ingredientes que las componían y que le resultaban imposibles de conseguir donde ella vivía, pero eran tan seductoras que no pudo dejar de anotarlas.

PASTEL TURCO DE YOGUR Y MELAZA  DE GRANADA


Para un molde de 22 cm.
Ingredientes:

500 grs de yogur griego.
5 huevos (yemas y claras separadas).
125 grs de azúcar.
½ c.c de levadura (tipo royal).
55 grs de harina de todo uso.
1 limón amarillo pequeño (ralladura de la piel y zumo).

Cobertura:
75 ml de melaza de granada.
50 ml de agua.
1 ½ hojas de gelatina.

Elaboración:

Encendemos el horno a 160º para que se vaya calentando mientras preparamos nuestro pastel.
Batimos las 5 yemas con el azúcar hasta que blanqueen un poco. A las yemas batidas con el azúcar añadimos  la harina y la levadura, mezclamos  bien e incorporamos el yogur, el zumo y la ralladura de limón. Mezclamos todo bien y reservamos.  Montamos las claras a punto de nieve firme y las integramos con movimientos suaves y envolventes a la masa reservada.
Untamos con mantequilla el molde que vamos a utilizar y lo espolvoreamos con harina.  En el molde enharinado vertemos nuestra mezcla, introducimos en el horno  y cocemos 15 minutos a 160º y 30 minutos más a 150º.



Dejamos que se enfríe y guardamos en la nevera un mínimo de 8 horas, aunque está mucho mejor de un día para otro.
Elaboración de la cobertura:
Remojamos las hojas de gelatina en agua fría (5 minutos).
Calentamos los 50 ml de agua y en ella disolvemos completamente la gelatina. Añadimos la gelatina completamente disuelta a la melaza de granada y mezclamos muy bien. Esperamos que se enfríe y tenga una consistencia semicuajada  para cubrir nuestro pastel.



Cubrir con la gelatina de melaza de granada y adornar a nuestro gusto, yo he utilizado moras y unas granadas mini con sus flores.



Durante la cocción nuestro pastel subirá mucho, pero a medida que se enfríe se irá replegando, quedando algo arrugado sobre todo por los laterales.
Podemos cubrirlo con la mermelada que más nos guste o simplemente espolvoreado con azúcar glas, estará igual de delicioso.