domingo, 18 de noviembre de 2018

Lemon Curd y Avellanas


Doña Paz era una mujer cuyo nombre reñía con ella a cualquier hora que le pidieras al día y a parte de la noche. Peleaba contra el aburrimiento, la monotonía y el conformismo continuamente. Había quien decía que tenía un carácter agrio, pero puedo asegurar que ella era dulce, algo ácida en su sentido del humor pero también dulce e inteligente a partes iguales.  Doña Paz era preciosa por las mañanas, tenía el pelo atado en una trenza que luego doblaba como quien hace una lazada en un regalo, tenía los ojos suaves y azules, tenía el reino de su nombre en el alma y su trono entre los fogones de su grande y luminosa cocina.  Doña Paz supo de buena fuente, porque en los pueblos pequeños las fuentes siempre son buenas que con los limones que se recogían en la huerta del cura se hacían unas deliciosas tartas. Algunas vecinas dudaban que  algo ácido pudiera acabar convirtiéndose en un placer dulce. Fue en el trono de su reino donde doña Paz combinó sabiamente el jugo de los limones de la huerta del cura y algún ingrediente más mientras hablaba con su san Pascual Bailón de esta manera: “San Pascualito, San Pascualito, tu pones tu granito y yo pongo otro tantito. San Pascual Bailón, báilame en este fogón, tu me das la sazón y yo te dedico un danzón”
  
LEMON CURD Y AVELLANAS


Ingredientes:

1 base de hojaldre refrigerado (no congelado).
1huevo batido.
150 gr de avellanas tostadas.
3 c.s de azúcar.
Unas gotas de zumo de limón.
Lemon curd:
200 ml de zumo de limón.
Ralladura de 1 limón.
3 huevos +1 yema.
110 gr de azúcar.
1 c.c de maizena.
Pizca de sal.
60 gr de mantequilla.







Elaboración:
Empezamos preparando el lemond curd para que esté frío cuando lo vayamos a utilizar.
 Lavamos y rallamos un limón y mezclamos la ralladura con el azúcar, la sal y los 200 ml de zumo colado, ponemos esto a fuego lento en un cazo. Cuando comience a hervir lo dejamos hasta que se forme un almíbar (unos 3 minutos). Batimos los huevos y la yema en un bol amplio, añadimos la maizena y la disolvemos completamente, sobre esto vertemos poco a poco y removiendo a la vez el almíbar. (Si no queremos que se note la ralladura de limón, podemos colarlo). Pasamos esta mezcla a un cazo (preferiblemente de doble fondo) y llevamos a fuego bajo, removiendo continuamente hasta que la crema espese, pero sin que llegue a hervir (se cortaría). Retiramos del fuego, añadimos la mantequilla y mezclamos muy bien (una vez frío espesará un poco más). Dejar atemperar y luego guardar en la nevera.
Preparamos la base:
Precalentamos el horno a 200º
Extendemos la masa de hojaldre sobre el papel de hornear y recortamos el borde de 1,5 a 2 cm de ancho, reservamos el recorte.


Pintamos el borde de la masa con huevo batido y colocamos el recorte de la masa todo alrededor de la base. Picamos bien  el fondo de la masa (para que no suba en exceso), pincelamos con huevo el borde y lo espolvoreamos de azúcar. Introducimos en el horno y cocemos hasta que adquiera un bonito color dorado (unos 20 minutos). Sacamos del horno y dejamos enfriar completamente.
Avellanas caramelizadas:
Picamos las avellanas tostadas finamente. Reservamos.


 En una sartén ponemos al fuego las 3 cucharadas de azúcar y las gotas de zumo de limón, cuando el azúcar se haya disuelto completamente y adquiera un tono dorado volcamos ahí las avellanas picadas y removemos para que todas se impregnen del caramelo. Volcamos el contenido de la sartén sobre papel de horno, colocamos encima otro papel de horno y con ayuda del rodillo



extendemos lo más posible las avellanas. Una vez se hayan caramelizado y endurecido las avellanas, formando un guirlache duro las picamos de nuevo. Reservamos.
Sobre la base de hojaldre extendemos una capa de lemon curd ya frío


y encima de este ponemos las avellanas caramelizadas y picadas.



  Decoramos a nuestro gusto y si te sobra alguna avellana…aquí te dejo una divertida propuesta.



domingo, 11 de noviembre de 2018

Kumato Kinder


Hace mucho tiempo que Valentina usa gafas graduadas y que oye a saltos, que duerme las horas de tres en tres en lugar de ocho seguidas, y que ha dejado en manos de sus hijos casi todas las cuentas, menos la que no ha quitado nunca de su cabeza: dos mil quinientos setenta y seis días con sus noches que han corrido por su piel y sus  rabias sin que haya dejado de contar cada hora que su marido lleva lejos de ella. Cuando está sola, Valentina se acompaña con la música. Oye de todo, desde tangos y boleros hasta ópera pasando por lo último que suena en inglés que, aunque no lo entiende, la acompaña. Por las noches se ha acostumbrado a oír la radio, tanto que se queda dormida igual con un fado  que con un tango que con una triste copla o con una emisora a la que la gente puede llamar para contar historias. A veces, la despiertan las penas de otros: un padre de familia que pide ayuda para encontrar trabajo, un joven al que el amor le dio un mal revés, una chica que lee versos de amor escritos por ella para su amante anónimo… Valentina sueña que una de esas llamadas la hace su marido y que en ella le habla de las flores que, en primavera, colocaba sobre su falda, de los labios entreabiertos jurándose amor eterno, de cómo se habían conocido, de cómo se habían amado, de cómo se habían despedido…

KUMATO  KINDER



Ingredientes (3):

3 tomates: variedad kumato.
Relleno:
9 higos morados pequeños.
3 dátiles sin semilla muy picados.
5 nueces picadas finamente.
½ c.c de melaza de granada (o vinagre de Módena)

Aliño:
1 c.c de melaza de granada (sustituible por vinagre de Módena).
3 c.c de aove.
1/3 c.c de sal de apio.
1/3 c.c de comino molido.

Para decorar:
½ caqui persimón muy picadito.
½ tomate kumato sin piel muy picado.
Brotes de rábano.
Brotes de alfalfa.
Unas hojas de perejil fresco.

Elaboración:

En un bol mezclamos la carne de los higos con los dátiles (super picados) y las nueces (reservamos unas poquitas, muy pocas, para decorar los tomates). Añadimos la melaza de granada y reservamos mientras preparamos los tomates.
Ponemos a calentar agua en un cazo, cuando empiece a hervir escaldamos los tomates unos segundos y los sacamos para un bol con agua muy fría (para evitar que se caliente su interior así podremos pelarlos con facilidad. Una vez pelados los tomates,


con ayuda de un sacabolas pequeño, por la parte del pedúnculo, retiramos la pulpa del interior del tomate, procurando que no se nos rompan y los dejamos escurrir boca abajo.
Rellenamos nuestros tomates con cariño y cuidado con la picada de higos, dátiles y nueces y colocamos sobre el plato de servicio.

Encima de cada tomate ponemos unas poquitas nueces picadas y una ramita de perejil.

Aliño: En un bol mezclamos muy, muy bien la melaza de granada, el aove, la sal de apio y el comino, con este aliño regamos los tomates.




domingo, 28 de octubre de 2018

Tarta de Maní y Plátano


Las tardes con Marta son siempre maravillosas. Marta tiene la firme convicción de que el mundo que decimos nuestro abunda en horrores, pero según ella, también es cierto que si seguimos vivos es porque sabemos que a este mundo no le faltan maravillas, y que muchas de ellas está en nosotros tratar de alcanzarlas. Así, hay maravillas que uno recuerda y maravillas que uno anhela, hay maravillas que uno descubre como tales en el momento mismo en que nos llegan: un parque lleno de árboles y una madre sentada en un banco amamantando a su pequeño. Hay maravillas que se pueden conseguir todos los días, pero que necesitan precisión: el sabor aterciopelado del café turco cuando no hierve, un ibuprofeno a tiempo, un beso a destiempo, un gintonic en la mejor hora, una sonrisa en el peor de los momentos. Hay maravillas que no se pueden siempre: una caricia a deshora, una buena película elegida al azar, una ola del Cantábrico en mitad de la tarde. Marta cree también que hay maravillas inolvidables, otras maravillas que nos estremecen, están las maravillas que nunca alcanzaremos, pero no por ello debemos ignorarlas, están esas que seguiremos esperando y hasta dejaremos pasar algunas sin llegar a valorarla. Y cómo no, todos tenemos maravillas secretas y maravillas públicas y entre las maravillas públicas de Marta está su:

TARTA DE MANÍ Y PLÁTANO


Ingredientes (para un molde desmontable de 20 cm de diámetro):

Relleno:
230 gr de crema de maní (mantequilla de cacahuete).
4 plátanos maduros (300 gr ya pelados).
60 ml de aceite de coco (completamente líquido).
30 gr de azúcar (si los plátanos están muy maduros no es necesario añadir azúcar).
1 lámina de gelatina.
20 ml de agua mineral.

Base:
125 gr de anacardos tostados sin sal.
100 gr de uvas pasas.
2 c.s de cacao puro en polvo.

Elaboración:
Rehidratamos en agua fría (mínimo 5 minutos) la hoja de gelatina.
Trituramos bien la mantequilla de maní, los plátanos, el aceite de coco y el azúcar.
Calentamos en el microondas unos segundos el agua mineral y en ella disolvemos la gelatina bien escurrida. Esto se lo añadimos a la mezcla de plátanos y maní y lo integramos bien. Reservamos mientras preparamos nuestra base.


Base:
Con ayuda de la batidora (o thermomix) trituramos las pasas, los anacardos y el cacao, hasta que quede una masa. Esta masa la extendemos sobre la base y paredes de nuestro molde, presionando un poco para que quede bien compacta.


Sobre esta base extendemos nuestro relleno.


Reservamos en la nevera un mínimo de 6 horas (mejor de un día para otro). La tarta se volverá oscura por arriba, como si fuera chocolate. No pasa nada.

Desmoldamos con cuidado y decoramos al gusto, yo le puse un poco de polvo de oro y unos cacahuetes de chocolate.


Nota: el relleno solidificará hasta el punto de mousse, a esto ayuda el aceite de coco ya que en frío este aceite se vuelve sólido.