martes, 21 de noviembre de 2017

Pan de Leche

A las nueve “ante meridiem” ha sonado el timbre de casa y, quién crees que era? Pues sí, acabas de acertar, ella en persona, Maruchi, en todo el cuerpo y alma que la vida le está regalando, venía desencajada y no precisamente por el frío, ha pasado hasta la cocina y una vez despojada de su abrigo y  cómodamente acomodada ha empezado el relato origen de tanto desencaje: “Ayer nos comunicó  mi tía Eulalia que se vuelve al pueblo, que las “modernuras” de la ciudad la estaban volviendo loca.Lo que son las cosas…no había terminado de decir la frase la pobre anciana cuando ya estaba mi Igor, en la puerta de casa, con el coche arrancado y el maletero abierto. Mi madre la pobre: "Igor, por Dios Santo, disimula un poquito…"Pero es que mi tía, es mucha tía y saca de quicio a cualquiera. En mi casa, como sabes, somos tres mujeres: mi madre, mi tía  y yo…por eso, lo peor de todo es cuando la octogenaria empieza con las indirectas tipo:- “ALGUIEN” se ha recortado los pelos del bigote y ha dejado el lavabo hecho un asco. Esto a la hora de la comida, con todos sentados a la mesa…inconscientemente, mi madre y yo, levantamos la cabeza y miramos a mi Igor como diciendo: No la escuches Igor, contente, está mayor, arrugada y apenas mide metro y medio ¿va a poder contigo?…inspira…expira…inspira…expira… A ella le gustaría que todo fuera como cuando vivía en el pueblo: el botijo, el candil, el agua del pozo y la verdura del huerto. Y tenemos que explicarle mil veces, que no debe pasar al jardín  del vecino y cogerle las naranjas del árbol, que aquí no es como en el pueblo. Y por mucho que diga mi madre, lo que ocurre es que ella no se adapta, llegó a mi casa queriendo ser la dueña y señora…pero todo el mundo sabe que el dueño y señor de mi casa es…Taco, el perro. Y así están las cosas, mi tía despotricando todo el día, mi madre con el rosario en ristre a todas horas, mi Igor desquiciado de todos los nervios que hay en su cuerpo y yo…sin desayunar y mira las horas que son”. -No se hable más Maruchi, pongamos mantel en la mesa  que mira lo que mira lo que tengo para tí:


PAN DE LECHE 



Ingredientes:


500grs de harina (mejor si es de fuerza).
110 grs de azúcar.
1 huevo.
2 c.s de mantequilla.
25 grs de levadura fresca de panadería.
250 ml de leche
2 c.s de miel.
Pizca de sal.






Elaboración:
En un bol mezclar la levadura desmenuzada con la harina tamizada, agregar el huevo y mezclar bien. Añadir la leche templada y remover todo bien. Enseguida añadir el azúcar, la miel y la sal y mezclar todo. Por último agregar la mantequilla y mezclar todo bien con las manos, hasta conseguir una masa suave que comience a despegarse de las manos.  Hacer una bola y dejar reposar en un bol algo enharinado y tapado con un paño unas dos horas o hasta que la masa duplique su tamaño. Pasado este tiempo sacar la masa y cortar con los dedos trocitos de ella, que colocaremos en un molde apto para el horno (llenamos 2/3 partes)

también podemos colocar los panecillos moldeados a mano directamente sobre el papel de horno, guardando una distancia de 2 a 3 cms entre panecillo y panecillo. Pincelamos con leche y dejamos reposar 30 minutos. Mientras, precalentamos el horno a 180º.
Introducimos nuestros panecillos en el horno y los cocemos durante 10 o 15 minutos, hasta que estén doraditos. 


Retiramos los panes del horno y dejamos reposar unos minutos antes de consumirlos. 


lunes, 13 de noviembre de 2017

Calabacín Y Soja

Él era, de verdad, ese tipo de personas que creía que las cosas pasaban así: en el momento menos esperado conoces a alguien, hay una conexión mágica, una complicidad instantánea y tu vida cambia. Y durante años había estado esperando fielmente un momento así. Y llegó. Recordaba que lo primero que le había atraído de ella era su voz y su sonrisa. Su voz tenía un encanto increíble, un poco áspera y ronca, un poco nasal, un poco como la de un personaje de dibujos animados, una voz de la que brotaban juventud y bondad. Y se fue. En el tiempo que duró su ausencia, todas las noches salía a la calle, subía por una acera de la calle y bajaba por la otra, entreteniéndose en las ventanas empañadas y leyendo los menús que conocía de memoria, pensando qué tipo de comida debería elegir para la cena, a qué restaurante barato debería entrar esa noche, en qué bar debería tomarse un trago o dos o tres o cinco y no sentirse solo esa noche. Cuando ella estaba a su lado él era un hombre diferente, un hombre mejorado por el amor y la felicidad que experimentaba. Y no volvió.

CALABACIN Y SOJA


Ingredientes (2 personas):

1 calabacín mediano
20 grs de soja texturizada.
2 tomates maduros (para salsa)
¼ de cebolla muy picadita.
1 diente de ajo picado.
1 c.c de orégano seco.
½ c.c de pimentón dulce de la Vera.
1 c.s de aove.
Sal




Elaboración:

Ponemos la soja a hidratar en agua tibia.
Lavamos, secamos el calabacín y lo pelamos parcialmente (a tiras). Lo cortamos en  4 ó 5  trozos (dependiendo de lo grande que sea) de unos 8 cm de largo.
Ponemos a calentar abundante agua con sal y cuando rompa a hervir introducimos los trozos de calabacín y dejamos que se cuezan por unos 4 minutos (que queden al dente, no muy pasados). Sacamos los calabacines  de la cazuela y los pasamos por agua fría, para cortar la cocción y que no queden demasiado blandos.
Pelamos y picamos los tomates. Reservamos.
En una sartén ponemos una c.s de aove y añadimos el ajo y la cebolla picados, removemos y a los 3 minutos  añadimos el pimentón, removemos e incorporamos los tomates picados (para que no se requeme el pimentón) y el orégano. Dejamos cocer unos 10 minutos a fuego bajo. Añadimos la soja bien, bien escurrida (yo la pongo en un colador y la aprieto con una cuchara para que suelte la mayor cantidad posible de agua), y dejamos cocer unos 5 minutos más.
Retiramos del fuego y reservamos.
Mientras se cocina la salsa, vaciamos con cuidados los trozos de calabacín con ayuda de una cucharilla o un sacabolas.
 Algunas de estas bolitas podemos pasarlas por la plancha para dorarlas un poquito y que nos sirvan de decoración.
Rellenamos los calabacines con la salsa de tomate y soja y colocamos encima una bolita de calabacín dorada en la plancha.
Podemos dejarlos preparados y calentarlos en el microondas o en el horno convencional.

martes, 7 de noviembre de 2017

Volcán Mexicano

Los ajolotes son una especie de salamandra que nunca abandonan su estado de larva, algo así como renacuajos que nunca se convierten en ranas.  Solían abundar en los lagos que rodeaban la antigua Ciudad de México y eran uno de los platos favoritos de los Aztecas. Ahora, tan sólo sobreviven en acuarios, laboratorios y zoológicos. Yo los vi por primera vez en Xochimilco y tanto me impresionaron que busqué y busqué información sobre esta especie. Buscando llegué hasta un cuento breve de Julio Cortazar sobre un hombre tan fascinado (como yo) por los ajolotes del Jardin des Plantes de Paris que termina convirtiéndose en uno de ellos. Todos los días, incluso tres veces por día, el hombre de ese cuento visita el Jardin des Plantes para observar a los extraños animalitos en su acuario, ver sus cuerpos translúcidos y lechosos, sus delicadas colas de lagarto, sus caras aztecas triangulares, planas y rosadas, las patas diminutas con dedos casi humanos, los bultitos que brotan de sus branquias, el brillo dorado de sus ojos, la manera en que se echan a nada con una sola ondulación del cuerpo. Parecen tan extraños que el hombre se convence de que no son sólo animales, sino que guardan una misteriosa relación con él, que de alguna manera le suplican con sus ojos dorados que los salve. Un día, como de costumbre, el hombre está observando a los ajolotes, con el rostro muy cerca del cristal del acuario, pero, justo a la mitad de esa oración, el “yo” se encuentra en el interior de la pecera y observa al hombre a través del cristal. El cuento termina con el ajolote albergando la esperanza de haberle comunicado algo al hombre, de haber enlazado las calladas soledades de ambos y de que la razón por la que el hombre ya no visita el acuario sea que está en algún lugar escribiendo un cuento sobre lo que significa ser un ajolote.

VOLCÁN MEXICANO


Ingredientes:

Una tacita de guacamole.
Una tacita de pico de gallo.
Salsa de queso:
175 ml de leche evaporada.
1 c.c de chipotle molido.
3 ­+ 3 c.s de mezcla de cuatro quesos.
3 tortillas de trigo (para tacos).
Aceite suave para freir.







Elaboración:
Guacamole: Aquí

Salsa “pico de gallo”:
1 tomate rojo (tomate pera).
½ cebolleta tierna.
Unas ramas de cilantro.
Sal (opcional)
El zumo de 1 lima.
Pizca de pimienta negra molida.
Picar muy menuditos el tomate, la cebolla y el cilantro. Salpimentar y regar todo con el zumo de lima.

Salsa de queso y Chipotle:


En un cazo o sartén ponemos la leche a calentar y le añadimos la c.s de chipotle molido, removemos bien, bien y echamos ahí 3 c.s de mezcla de 4 queso.  Calentamos sin dejar de remover hasta que los quesos se hayan fundido. Apagamos el fuego, tapamos y reservamos la salsa al calor.


Cortamos las tortillas en triángulos y los vamos friendo por tandas en aceite bien caliente, cuando están los bordes doraditos les vamos dando la vuelta. Sacamos y dejamos escurrir sobre papel absorbente.
Encendemos el horno a 160º
 Montamos el plato: En el fondo la salsa de queso, sobre esta unos cuantos triángulos de tortilla, un poco de la mezcla de cuatro quesos, más triángulos, más mezcla de quesos y así…hasta que hagamos nuestra montañita.


Metemos nuestra montaña en el horno esperando que con el calor se fundan los quesos.


Sacamos del horno cuando los quesos están fundidos o un poco antes (depende de gustos) pero  los nachos calientes.

 Regamos con la salsa pico de gallo y el guacamole y…A disfrutar!!