domingo, 26 de junio de 2016

Buñuelos rellenos: Ganaché de Avellanas y Nata

Esta es una crónica de pasión y muerte. Cuando Argimiro nació, la prostitución era en su ciudad un negocio todavía caótico, pero potente y en vías de florecimiento. Unos años después, como quince o diez, ante el auge de la ramería, el alcalde creó un departamento especial, encargado de controlar y supervisar la venta de caricias. Así nació la Casa del Servicio de Higiene y Salud, donde eran atendidas y registradas las damas que ejercían el amor pagado. A los dieciocho años, Argimiro pasó a ser conocido como Gigi (yi-yi), un hombre cuya hermosura, generosidad y educación le augurarían un espacio cada vez mayor, hasta convertirse en Gigi el amoroso, el más conocido accionista del amor rentado en toda la provincia. Las mujeres que viven de su sexo, se enamoran. Son mujeres de carne y hueso como las otras, lo que un poquito más desenvueltas, sin tapujos. Gigi tuvo su harén. Mujeres loquitas por él. Se les caía la baba. Se abrían de piernas. La morena Carmela decía que de los mojigatos nadie se enamora, pero de un tipo como el Gigi, era imposible no hacerlo. Que ella misma, sin haberle hablado nunca, sólo de haberle visto pasearse, ya estaba medio embelesada. Porque él era algo imposible. Un tipo de hombre que cuidaba, respetaba y mimaba a las mujeres, un tipo que no se da fácil. Gigi consultaba  a Rosita Puñales cómo iba a irle el día. Rosita tenía poderes de predecir, y aquel día la Puñales había conseguido alarmar a Gigi el amoroso. El hombre, tenía que hacer su recorrido nocturno por los locales que regentaba en aquel barrio apartado del mundo, por las predicciones de Rosita puñales, revisó su revolver antes de salir. A las 8:38 Gigi caminaba por la calle del Desamparo, visitando las casas donde oficiaban sus señoras putas. Cuando el reloj marcaba las 8:55 Gigi el amoroso había entrado en la casa del Desamparo 24 donde trabajaban  la mulata Chon y Chelita Rojo. Cuatro minutos necesitó Gigi para conversar con las mujeres. Carmen Rosarios, la dama del amor del Desamparo 29, se asomó a la puerta cuando el reloj se disponía a marcar las 8:59. La calle estaba inexplicablemente desierta a esa hora ya favorable, y vio avanzar, hacia donde ella se encontraba a dos hombres. Entonces Carmen escuchó una risa y desvió la mirada hacia la acera de enfrente.  De la casa nº 24 salía, en ese instante, Gigi el amoroso y sintió unos pasos en el tejado. Y empezaron los disparos. Carmen no pudo ver nada más, porque se tapó la cara. Mimí Morales era una de las mujeres de Gigi y trabajaba en Desamparo 35. Esa noche había recibido a un cliente y a las 8:59 salía del baño, fresca y perfumada dispuesta a continuar la faena. Al oír las detonaciones, Mimí se asomó y vio a un hombre que corría y otro que yacía en el suelo. Un presentimiento insondable le hizo acercarse al que estaba frente a su casa y, con lágrimas en los ojos, fue testigo de la agonía de su amado Gigi. Casi a las diez en punto de la noche Mimí Morales cayó arrodillada junto a su hombre: le parecía imposible que, sobre los adoquines del Desamparo, yaciera como un simple mortal el cuerpo del más hermoso y fatigante ejemplar del sexo masculino que ella jamás hubiera conocido. Gigi el amoroso sangraba por dos heridas: una en el hombro y otra en el costado izquierdo del cuerpo. Nadie notó que en el borde de la acera, junto a la casa del Desamparo 33, temblaba, con un impulso telúrico indetenible la corona de un rey.



Ingredientes:
Masa Choux:
130 grs de agua mineral.
65grs. De mantequilla.
80 grs de harina de todo uso.
½ c.c de sal.
2 huevos grandes.
Ganaché de avellanas.
Nata  endulzada (al gusto) y montada fuerte.

Elaboración:
Ponemos al fuego  un cazo el agua con la sal y la mantequilla y cuando rompa a hervir – unos 2 segundos- con burbujas gordas, separamos el cazo del fuego y echamos de golpe la harina, removemos bien y volvemos a poner al fugo unos segundos más, seguimos removiendo hasta que la masa se separe de las paredes del cazo.
Retiramos la masa del fuego, esperamos unos 8 minutos  y añadimos los huevos de uno en uno, hasta que no esté completamente integrado el primero, no incorporamos el segundo.
Encendemos el horno a 180º, con aire.

En un molde colocamos (+/-) una cucharada de masa. Si no disponemos de molde, depositamos la cucharada de masa directamente sobre la placa de hornear, sin papel, ya que el papel absorbería parte de la humedad de la masa.



Horneamos hasta que la masa empieza a dorarse. Sacamos los choux/ buñuelos del horno y cuando están fríos procedemos a rellenar.
Mientras se hacen nuestros choux, preparamos la Ganaché.

Ganaché de avellanas

ingredientes:

50 grs Chocolate  para cobertura del 70%
20 grs Pasta de avellanas.
50 grs nata.









Elaboración:
Calentamos la nata en un cazo pequeño y de doble fondo, cuando esté bien caliente (pero sin hervir) le incorporamos el chocolate en trocitos pequeños, el mismo calor de la nata iré derritiendo el chocolate. Y por último la pasta de avellanas, removiendo bien para que quede todo perfectamente integrado.



Abrimos con cuidado nuestros buñuelos (también lo puedes hacer con una manga y una boquilla muy fina, pero a mí me gusta el toque rústico) y ponemos una cucharadita de ganaché y encima otra de nata montada fuertemente.


domingo, 19 de junio de 2016

Zapallito, Pollo y Queso: Milhojas

La última patada que la vida le dio a Marta la ubicó directamente en un pequeño pueblo, de esos de interior, mejor diría que  de  un profundo interior de vértigo. El pueblo  es tan joven y tan pobre que no tiene leyendas, fantasmas ni historias remotas. No cuenta siquiera con un cementerio, propicio a los aparecidos, y la santa de la iglesia jamás realizó ningún  milagro memorable, tampoco ninguno que fuera  discretamente rumoreado…ni milagritos en el pueblo!!! El pueblo  sí que tuvo algo así como un par de damas acaudaladas y neuróticas – cualidades indispensables y parejas- pero sin oscuras noches de lujuria dedicadas a juegos prohibidos, y que nunca  llegaron a engendrar voluptuosos recuerdos, aunque sí algún pícaro comentario sobre las necesidades espirituales nocturnas que, hacían indispensable, la visita del maduro pater, hisopo en ristre y sotana al viento, a una, otra o ambas dos; la mayoría de las veces en horas donde sólo se oye el maullar de los gatos a la luna. Por eso, cuando en la calle más estrecha del pueblo apareció la fachada de la casa de Marta, pintada de los colores del agua y las nubes, la imaginación de la gente se inflamó como vela que se agita con los vientos favorables. Y han surgido historias insólitas, maravillosas, espeluznantes a veces. Pero esto ha pasado cuando el primer fantasma visto en el pueblo debe tener, por lo menos, setenta y cinco años de soledad.  Cuando el sol va escondiéndose,  sale  a pasear el tranquilo y adormilado fantasma,  en su vestimenta no  falta un detalle de hombre de honor de cualquier tiempo presente o pasado. Lo curioso es, que la voz se ha corrido y de vez en cuando  hay más de un fantasma jugando a las cartas en algún rincón de la vieja  chopera…se les oye cantar las cuarenta en bastos  y a poquito que te quedes sin hablar, el viento trae sus risas y voces. No es de extrañar que los fantasmas estén empezando a salir de sus aburridos silencios, cuando lo que les llega es el aroma de la cocina de Marta:

 ZAPALLITOS, POLLO Y QUESO: MILHOJAS


Ingredientes (4 personas):

4 zapallitos no muy grandes.
½ pechuga de pollo fileteada.
6 c.s de queso mozzarella rallado.
Un poquito de orégano seco.
Pimienta negra recién molida (optativo y al gusto)
Salsa de tomate casera (cantidad necesaria) fría.





Elaboración:
Lavamos bien y cortamos  horizontalmente, en rodajas no muy gruesas, los zapallitos. Reservamos.
Fileteamos y cortamos en trozos pequeños la ½ pechuga de pollo (para que no se nos salga en exceso de la milhoja).


Colocamos una primera rodaja de zapallo (le cortamos un poquito la base para que se mantenga en el plato), le ponemos un pizco de orégano y encima el pollo (procurando ajustarlo a la forma de la base) con su toque de pimienta y sal…si quieres, vertemos una cucharada de salsa de tomate y por último el queso. Repetimos la operación hasta acabar con la rodaja final de zapallito, servirá de sombrero.


Para que no se nos vaya al garete nuestra obra de arte, le insertamos un palo de brocheta.
Vertemos unas cucharadas de salsa de tomate en el fondo de la fuente, o el plato donde lo vas a servir (como he hecho yo).


Introducimos en el microondas, a máxima potencia, 3 minutos si es en versión individual y unos 8 si ponemos tres o cuatro en la fuente.


Al ser tierno el zapallito queda perfectamente cocinado, al igual que el resto de los ingredientes. 


domingo, 5 de junio de 2016

Tortitas de Coco (con helado de limón)

La brisa suave y casi imperceptible de esa mañana bate a penas la tela extendida entre dos árboles del paseo, cuyo mensaje dice “Podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera”, y el hombre que está parado frente a ella y lee la vieja consigna, piensa en las velas de un barco, que aguardan vientos favorables para zarpar y no puede por menos de recordar la frase de su viejo amigo: Buen viento y buena mar. Cuando cierra los ojos, incluso puede distinguir, entre los tenues olores de la primavera, el aroma de un salitre remoto que en realidad brota de su memoria más que del aire. Apoyado en su bastón, el hombre siente cómo sus nostalgias y las nostalgias de sus padres se van apoderando de él, y se pregunta por qué extraños designios se construye el destino de una persona. Tal vez esa misma mañana pudo estar caminando por  el Bulevar de la Sidra (calle Gascona), o quizá por la calle Uría de su vetusto Oviedo. O tal vez ascendería hacia los lagos de Saliencia, siempre impresionado por aquel paisaje único de su Asturias de mis amores. Pero no. Está entre dos  árboles apacibles y frente a una tela que dice “Podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera” y hay todo un océano por medio, y más que un mar, una vida hecha en otras latitudes que forjaron otras y mejores esperanzas. El hombre piensa que ya rebasó hace unos años los ochenta y que apenas había cumplido cinco cuando su padre lo trajo a México, huyendo de las balas de los buenos, de los que luego  ganaron… casi todo y casi a todos, que Asturias es un recuerdo cada vez más borroso y él es un hombre sin retorno que a lo largo de su vida ha sufrido una sola y muy extraña enfermedad: la nostalgia adquirida por otras nostalgias. Y cuando veo al hombre, pienso en todos aquellos que se fueron a hacer las américas huyendo de la España que los deshacía  y América los hizo a ellos…

TORTITAS DE COCO (con helado de limón)


Ingredientes:

250 ml de crema de coco (o leche de coco)
2 huevos grandes.40 grs de coco seco rallado.
1 c.s de azúcar.
½ c.c de levadura tipo Royal (opcional).
Pizca de sal.
130 grs de harina de trigo (todo uso) tamizada.
3 c.s de mantequilla derretida.
Ralladura muy fina de ½ naranja.
Zumo de ½ naranja.
Aceite de coco para freír  (sustituible por girasol u oliva).







Elaboración:
En un bol amplio, vertemos la crema (o leche) de coco, añadimos la levadura (si se utiliza)y los huevos.
Batimos con las varillas hasta obtener una masa suave.
Añadimos el coco rallado, el azúcar, la sal, la cáscara de naranja rallada y el zumo de la naranja.

Mezclamos un poco y vamos añadiendo la harina tamizada de poco en poco e integrándola  a la masa. Cubrimos con un paño y dejamos reposar como media hora.


Añadimos la mantequilla derretida y freímos a fuego medio, aproximadamente 1-2 minutos de cada lado, hasta que estén doradas. escurrimos  sobre papel absorvente.




Servir con helado de limón o con el acompañamiento que más nos guste.