domingo, 25 de noviembre de 2018

Konafa Rellena de Queso y Miel


Fátima se casó enamorada y casó mal. Por todas partes Naim, su marido, fue acarreando deudas y a todo el mundo le pidió prestado hasta que a todo el mundo le debía un mundo. No se atrevió a decírselo a Fátima, y ella, que lo sabía igual que lo había sabido todo el pueblo, lo dejó irse sin decirle adiós, el día que Naim decidió marchar a buscarse la vida en otro lugar. Fátima trabajó duro hasta que los hijos crecieron y hubo que hacerse cargo primero de pagarles los estudios y luego de acompañarlos en el trajín de cuidar a los nietos. De los cinco hijos que le dejó Naim como quien deja lo mejor de un huerto, todos salieron buenos y trabajadores. Fátima no sabía ni cómo había logrado que cada uno de sus hijos se hiciera de provecho. Ahora, mientras recogía el orégano de una de las macetas recordó las mañanas de los domingos cuando todos sus hijos estaban en casa. Aquellos días, cuando todos se reunían para preparar la comida Alim, el tercero de los hermanos y Larissa la cuarta en orden,  tenían tareas muy especiales: Alim tomaba nota de los ingredientes y la forma de prepararlos que tenía su madre y Larissa ejercía de ayudante de cocina. Con el tiempo Alim y Larissa abrieron una casa de comidas: “Las manos de Fátima” que servía las más deliciosas Konafas (Knafeh Na´ameh) que se pudieran comer en todo el Medio Oriente.

KONAFA RELLENA DE QUESO Y MIEL


Ingredientes:

Jarabe:
230 ml de agua mineral.
180 gr de azúcar blanca.
1 c.s de zumo de limón.
1 c.s de agua de azahar (o agua de rosas).

Konafa:

250 gr de Kataif.
112 gr de mantequilla sin sal derretida y enfriada (o ghee).
300 gr de queso (requesón, ricota, mozzarella o una mezcla de ellos) Yo he utilizado requesón y mozzarella rallada.
2 c.s de miel de brezo.










Adornar:
Pistachos molidos.
Semillas de granada.

Elaboración:

Empezamos con el jarabe, para ello vertemos en un cazo el agua y el azúcar y lo llevamos a fuego medio hasta que el jarabe comienza a burbujear  y lo dejamos así unos 10 minutos, transcurrido este tiempo añadimos el zumo de limón y el agua de azahar (o agua de rosas). Continuamos cociendo 5 minutos más a fuego medio. Apagamos y dejamos que el jarabe se vaya enfriando.
Mezclamos el queso (o la mezcla de quesos) con la miel y reservamos.
Trituramos el Kataif con las manos, que nos quede como si fueran fideos para una sopa.

Preparar la mantequilla: en un bol derretimos la mantequilla (al baño maría o en el microondas, a potencia baja) y dejamos que se enfríe así los sólidos lácteos (la sustancia más blanca) se irán al fondo y la grasa de la mantequilla (el líquido amarillo) flotará hacia arriba. Esta grasa es la que utilizaremos.
Vertemos la grasa de la mantequilla sobre el Kataif triturado y lo mezclamos muy bien con las manos, una vez mezclado cubrimos el fondo y paredes de un molde bajo (o una sartén, la mía mide 22cm y la pequeña 12) con parte del Kataif (como 2/3 partes)


 presionando sobre el fondo y los laterales, sobre esto colocamos la mezcla de quesos y miel


y cubrimos con el resto de Kataif y mantequilla, presionando ligeramente.


Precalentar el horno a 180º e introducir la sartén y cocer 30-35 minutos, hasta que la superficie y los laterales adquieran un color dorado.

Esta  está hecha en el horno

Sacar del horno y verter el jarabe por encima de toda la Konafa.


Dejar reposar unos 7 minutos para que el jarabe penetre, adornar con pistachos molidos y semillas de granada. Servir caliente.

Esta está hecha sobre el fuego

Podemos hacerlo al fuego, para ello colocamos la sartén sobre el fuego y transcurridos unos 5 minutos damos la vuelta (como si fuera una tortilla) a nuestra Konafa para que se dore por el otro lado. Una vez dorada, la regamos con el jarabe y la pasamos al plato para adornar y servir.



Nota:
 Si usamos Kadaif congelado no es necesario separar los sólidos de la mantequilla, en este caso mezclamos  el Kadaif con la mantequilla derretida.
Podemos rellenar nuestra Konafa con crema pastelera o con masa de leche frita, estará igualmente delicioso.



domingo, 18 de noviembre de 2018

Lemon Curd y Avellanas


Doña Paz era una mujer cuyo nombre reñía con ella a cualquier hora que le pidieras al día y a parte de la noche. Peleaba contra el aburrimiento, la monotonía y el conformismo continuamente. Había quien decía que tenía un carácter agrio, pero puedo asegurar que ella era dulce, algo ácida en su sentido del humor pero también dulce e inteligente a partes iguales.  Doña Paz era preciosa por las mañanas, tenía el pelo atado en una trenza que luego doblaba como quien hace una lazada en un regalo, tenía los ojos suaves y azules, tenía el reino de su nombre en el alma y su trono entre los fogones de su grande y luminosa cocina.  Doña Paz supo de buena fuente, porque en los pueblos pequeños las fuentes siempre son buenas que con los limones que se recogían en la huerta del cura se hacían unas deliciosas tartas. Algunas vecinas dudaban que  algo ácido pudiera acabar convirtiéndose en un placer dulce. Fue en el trono de su reino donde doña Paz combinó sabiamente el jugo de los limones de la huerta del cura y algún ingrediente más mientras hablaba con su san Pascual Bailón de esta manera: “San Pascualito, San Pascualito, tu pones tu granito y yo pongo otro tantito. San Pascual Bailón, báilame en este fogón, tu me das la sazón y yo te dedico un danzón”
  
LEMON CURD Y AVELLANAS


Ingredientes:

1 base de hojaldre refrigerado (no congelado).
1huevo batido.
150 gr de avellanas tostadas.
3 c.s de azúcar.
Unas gotas de zumo de limón.
Lemon curd:
200 ml de zumo de limón.
Ralladura de 1 limón.
3 huevos +1 yema.
110 gr de azúcar.
1 c.c de maizena.
Pizca de sal.
60 gr de mantequilla.







Elaboración:
Empezamos preparando el lemond curd para que esté frío cuando lo vayamos a utilizar.
 Lavamos y rallamos un limón y mezclamos la ralladura con el azúcar, la sal y los 200 ml de zumo colado, ponemos esto a fuego lento en un cazo. Cuando comience a hervir lo dejamos hasta que se forme un almíbar (unos 3 minutos). Batimos los huevos y la yema en un bol amplio, añadimos la maizena y la disolvemos completamente, sobre esto vertemos poco a poco y removiendo a la vez el almíbar. (Si no queremos que se note la ralladura de limón, podemos colarlo). Pasamos esta mezcla a un cazo (preferiblemente de doble fondo) y llevamos a fuego bajo, removiendo continuamente hasta que la crema espese, pero sin que llegue a hervir (se cortaría). Retiramos del fuego, añadimos la mantequilla y mezclamos muy bien (una vez frío espesará un poco más). Dejar atemperar y luego guardar en la nevera.
Preparamos la base:
Precalentamos el horno a 200º
Extendemos la masa de hojaldre sobre el papel de hornear y recortamos el borde de 1,5 a 2 cm de ancho, reservamos el recorte.


Pintamos el borde de la masa con huevo batido y colocamos el recorte de la masa todo alrededor de la base. Picamos bien  el fondo de la masa (para que no suba en exceso), pincelamos con huevo el borde y lo espolvoreamos de azúcar. Introducimos en el horno y cocemos hasta que adquiera un bonito color dorado (unos 20 minutos). Sacamos del horno y dejamos enfriar completamente.
Avellanas caramelizadas:
Picamos las avellanas tostadas finamente. Reservamos.


 En una sartén ponemos al fuego las 3 cucharadas de azúcar y las gotas de zumo de limón, cuando el azúcar se haya disuelto completamente y adquiera un tono dorado volcamos ahí las avellanas picadas y removemos para que todas se impregnen del caramelo. Volcamos el contenido de la sartén sobre papel de horno, colocamos encima otro papel de horno y con ayuda del rodillo



extendemos lo más posible las avellanas. Una vez se hayan caramelizado y endurecido las avellanas, formando un guirlache duro las picamos de nuevo. Reservamos.
Sobre la base de hojaldre extendemos una capa de lemon curd ya frío


y encima de este ponemos las avellanas caramelizadas y picadas.



  Decoramos a nuestro gusto y si te sobra alguna avellana…aquí te dejo una divertida propuesta.



domingo, 11 de noviembre de 2018

Kumato Kinder


Hace mucho tiempo que Valentina usa gafas graduadas y que oye a saltos, que duerme las horas de tres en tres en lugar de ocho seguidas, y que ha dejado en manos de sus hijos casi todas las cuentas, menos la que no ha quitado nunca de su cabeza: dos mil quinientos setenta y seis días con sus noches que han corrido por su piel y sus  rabias sin que haya dejado de contar cada hora que su marido lleva lejos de ella. Cuando está sola, Valentina se acompaña con la música. Oye de todo, desde tangos y boleros hasta ópera pasando por lo último que suena en inglés que, aunque no lo entiende, la acompaña. Por las noches se ha acostumbrado a oír la radio, tanto que se queda dormida igual con un fado  que con un tango que con una triste copla o con una emisora a la que la gente puede llamar para contar historias. A veces, la despiertan las penas de otros: un padre de familia que pide ayuda para encontrar trabajo, un joven al que el amor le dio un mal revés, una chica que lee versos de amor escritos por ella para su amante anónimo… Valentina sueña que una de esas llamadas la hace su marido y que en ella le habla de las flores que, en primavera, colocaba sobre su falda, de los labios entreabiertos jurándose amor eterno, de cómo se habían conocido, de cómo se habían amado, de cómo se habían despedido…

KUMATO  KINDER



Ingredientes (3):

3 tomates: variedad kumato.
Relleno:
9 higos morados pequeños.
3 dátiles sin semilla muy picados.
5 nueces picadas finamente.
½ c.c de melaza de granada (o vinagre de Módena)

Aliño:
1 c.c de melaza de granada (sustituible por vinagre de Módena).
3 c.c de aove.
1/3 c.c de sal de apio.
1/3 c.c de comino molido.

Para decorar:
½ caqui persimón muy picadito.
½ tomate kumato sin piel muy picado.
Brotes de rábano.
Brotes de alfalfa.
Unas hojas de perejil fresco.

Elaboración:

En un bol mezclamos la carne de los higos con los dátiles (super picados) y las nueces (reservamos unas poquitas, muy pocas, para decorar los tomates). Añadimos la melaza de granada y reservamos mientras preparamos los tomates.
Ponemos a calentar agua en un cazo, cuando empiece a hervir escaldamos los tomates unos segundos y los sacamos para un bol con agua muy fría (para evitar que se caliente su interior así podremos pelarlos con facilidad. Una vez pelados los tomates,


con ayuda de un sacabolas pequeño, por la parte del pedúnculo, retiramos la pulpa del interior del tomate, procurando que no se nos rompan y los dejamos escurrir boca abajo.
Rellenamos nuestros tomates con cariño y cuidado con la picada de higos, dátiles y nueces y colocamos sobre el plato de servicio.

Encima de cada tomate ponemos unas poquitas nueces picadas y una ramita de perejil.

Aliño: En un bol mezclamos muy, muy bien la melaza de granada, el aove, la sal de apio y el comino, con este aliño regamos los tomates.