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domingo, 8 de julio de 2018

Gofres de Calabacín Y Queso Feta


José camina por la ciudad con la mirada alta. Por ver si hay ángeles en los tejados, piensa que nadie está a salvo de la felicidad y él, tampoco. El cielo no se le cae encima y el clima podría ser tildado por un puntilloso cronista meteorológico de agradable. A José se le cruzan por la mirada piernas bronceadas y caderas vestidas de estío, saluda a las estatuas y casi todas le contestan. Una  con toga le cuenta sus calores, es de falso mármol, por eso no me enfría, le confiesa la hierática estatua. A José le gustaría tener una cometa de cuatro colores y echarla a volar, observarla tumbado bocarriba en la hierba del parque, sin pensar en nada, sólo en el aéreo tránsito de la cometa multicolor a la que iría siguiendo con los ojos, sin mover la cabeza, ejercitando el músculo óptico, contemplando cómo la cometa se aleja hacia otros aires, nuevas perspectivas, mismo cielo, distinta ciudad. Cree que sería agradable montar en esa colorida cometa. José no trata de soñar, sólo agarrar por un ángulo nuevo la realidad. Y sigue atravesando la ciudad que quisiera ver con ojos de recién nacido, y en el camino se cruza con un contador de nubes que teme los días de cielo limpio, con una musa que perdió su escritora y la busca en campos de amapolas que sólo ella ve, con un poeta que perdió su primera rima y su último verso. José se pone las gafas de ver la realidad de lejos y se coloca de medio lado su sombrero de papel para que el sol no le haga daño a su mirada recién estrenada.

GOFRES DE CALABACÍN Y QUESO FETA



Ingredientes:

1 calabacín (unos 150 grs).
2 huevos (medianos eco).
100 grs de queso feta.
50 grs de queso crema.
3 c.s (con copete, unos 40 grs) de harina de todo uso.
2 c.c de polvo de hornear (levadura tipo royal).
¼ c.c de azúcar.
Sal (muy poquita).
Pimienta negra molida (un toque).
Mantequilla o aceite para la gofrera.
Para acompañar: queso crema, cebollino picadito, albahaca…

Elaoración:

Lavamos, rallamos el calabacín y reservamos.
Molemos el queso feta con un tenedor y reservamos.


En un bol amplio mezclamos los huevos, el queso crema, la harina, polvo de hornear, sal, azúcar y pimienta. Cuando está todo bien mezclado (textura como una natilla) le añadimos el queso feta y el calabacín bien escurrido (lo apretamos con las manos para retirar el exceso de agua) Removemos y mezclamos bien.  Dejamos reposar la masa cinco minutos. Encendemos la gofrera y la pincelamos con mantequilla derretida o aceite (nada de excesos, pincelada sólo), cuando esté caliente nuestra gofrera le ponemos unas cucharadas de la masa, cerramos y dejamos que se cocine el gofre un par de minutos, hasta que esté dorado.  Nos dará para unos 4 ó 5 gofres grandes.



Lo sacamos y seguimos haciendo lo mismo hasta acabar la masa.
Si no tenemos gofrera…No pasa nada!!! A la sartén: ponemos la sartén al fuego, la pincelamos con aceite o mantequilla, vertemos una cucharada de nuestro preparado y transcurrido un minuto le damos la vuelta a nuestra tortita.



Acompañamos los gofres con queso crema, cebollino picado y hojas de albahaca.

Entre dos gofres, el queso crema


Llega el periodo de descanso en mi cocinaconvistas, mis cazuelas y sartenes pasarán los rigores del estío a la sombra, mis libros y música quedan organizados y a buen recaudo,  yo empiezo a guardar cosas en la mochila en un rato, así que si todo sigue bien...nos vemos en septiembre, mientras tanto, sed felices hasta el infinito y...más allá!!!!

domingo, 24 de junio de 2018

Mousse de Manzana


Con los ojos cerrados, Alicia se imagina una reunión de mujeres en la que comparten tertulia Julieta, Cleopatra, Isabel Segura y Juana la loca. Todas ellas hablan del amor, de sus grandes y apasionados amores. Tanto amor las llevó a todas y cada una de ellas a la muerte. Con los ojos cerrados Alicia se pregunta si cada una de estas mujeres hubiera podido dar marcha atrás, amarían menos? Amarían con más cuidado? Quizás no amarían nada? Por las noches, en lugar de contar ovejitas, Alicia piensa en alguna de ellas. La existencia de estas mujeres estaba regida por unas pautas muy rígidas dentro de las que había burbujas rellenas de placer. La conversación era una de esas burbujas, también la comida y, en algunos casos, hasta la oración. Los días, en palacio o casas nobles, eran largos a menos que los llenasen de rutinas: el paseo, la escritura, la música, lo bailes. A cualquiera de ellas, Alicia la imagina en sus aposentos,  tumbada en la cama mirando al techo, efectuando conjeturas sobre lo que habría ocurrido si en vez de amar tanto hubiera amado un poco menos. Todo aquel amor (el que profesaba cualquiera de ellas) bien administrado hubiera dado para dos o tres vidas. Se las imagina echando las cuentas, distribuyendo tanto amor en montoncitos. Se arrepentirán? Y Alicia se pregunta si se arrepentiría ella de haber sido Cleopatra, o Julieta, o Isabel o Juana y haber llevado su amor hasta la muerte.

MOUSSE DE MANZANA


Ingredientes:

2 manzanas rojas (Fuji).
1 lima.
2dl de nata para montar.
2 claras de huevo.
75 grs. De azúcar.
4 hojas de gelatina (6 grs)
Hojas de menta y flores comestibles para adornar.









Elaboración:

Exprimir el limón, lavar y reservar ¼ de manzana en la nevera. Pelar el resto, retirarles el corazón y trocearla. Triturar las manzanas con el zumo hasta obtener un puré homogéneo. Mezclar la nata con la mitad del azúcar (no es necesario montar).  Montar las claras con el azúcar restante  a punto de nieve firme. Poner la gelatina a remojo en agua fría (mínimo 5 minutos), escurrir bien la gelatina y diluir en ¼ parte del puré de manzana caliente (unos segundos al microondas), agregar el puré restante y remover.

Añadir la nata suavemente e incorporar el merengue con movimientos envolventes.


Rellenar los moldes semiesféricos (esta cantidad da para unos 10 moldes) con la preparación, tapar con film transparente y dejarlos cuajar en la nevera.


Cortar la manzana reservada en tiritas. Desmoldar los mousses y decorarlos con la manzana cortada, hojas de menta y flores comestibles.


Un toque de canela le viene que ni pintado.


 

domingo, 10 de junio de 2018

Tortilla de Zanahoria


Maruchi vino ayer  a charlar un rato, que hacía bastante que no nos veíamos, que las amistades hay que cuidarlas, que cosas de la vida, que los viajes, que las familias, que los trabajos, que los amores… Me contaba  que ya ha hecho la declaración de la Renta y que teniendo en cuanta su salario consideraba que era mala leche tener que obligarla a declararlo y que bien pensado, más que obligarla a declarar sus ingresos deberían obligarla a mantenerlos en secreto. También me contaba que ya le había dicho un par de  veces al contable de su empresa : “Guapo, a ver si te estás equivocando y estás poniendo la coma donde no es…que puede pasar, que eso son cosas que se ven todos los días… no creas tú, que no digo yo que tu no seas un profesional como la copa de un eucalipto del Nóminaplus office, que no es eso, pero que puede pasar que te coge un día revuelto, le das dos veces al F7, Alt, Ctrl. F8 y en un esto pa´ca, lo otro pa´llá se te va la coma al santo cielo…Tú me lo has mirado bien? Es que para lo que pone aquí (se lo dije señalando la casilla indicada de la nómina) mejor me haces un ticket y santas pascuas. Que ya cuando firmé el contrato y me dijeron los ingresos en bruto y en neto se lo expliqué bien clarito al jefe: Mire, usted me lo ingresa en bruto, que por muy bruto que sea, ya me encargaré yo de educarlo…que más bruto que mi primo Mariano no lo hay y fíjese…estuvo dos meses en mi casa y ya come en el plato…en dos semanas consigo que utilice los cubierto, se lo digo yo”. -No hay quien pueda contigo Maruchi, me muero y no te educo y por cierto… la copa es la del pino!!!  Qué te parece si cenamos algo que he preparado pensando en mi amiga Concha y en su club de la Tortilla Perfecta?,que creo que esta no la tiene por allí y me da que le va a gustar.

TORTILLA DE ZANAHORIA


Ingredientes:

5 huevos medianos.
400 grs de zanahorias ralladas.
3 dientes de ajo muy picados.
1 c.s de perejil picado.
3-4 c.s de aove.
2 c.s de vinagre de manzana.
Unas ramas de cebollino fresco.
Sal (opcional) al gusto.
Un rábano en rodajas para adornar.








Elaboración:

Lavamos, pelamos y rallamos las zanahorias. Reservamos.
En una sartén ponemos a calentar el aove y le añadimos la zanahoria, los ajos picados, el perejil (mejor si es fresco) y el vinagre y  dejamos que se cocine todo, removiendo de vez en cuando, de 10 a 15 minutos.


Apagamos el fuego y dejamos en la sartén. Batimos los huevos en un bol amplio y le añadimos sal, incorporamos la zanahoria cocinada y mezclamos bien.

Cuajamos la tortilla en la misma sartén donde hemos cocinado la zanahoria, primero a fuego fuerte (1 minuto o 2) y luego a fuego bajo. Damos la vuelta a la tortilla y volvemos a hacer lo mismo con el fuego, primero fuerte y luego bajo.

Dependiendo de cómo nos guste de cuajada (pasada) la tortilla la dejamos más o menos tiempo. Sacamos para el plato de servicio y decoramos con unos rabanitos, un poco de zanahoria rallada y el cebollino picado por encima.


Está igual de sabrosa caliente o fría. Yo suelo tomarla fría pero para gustos…los colores.



domingo, 3 de junio de 2018

Tarta Musgo


Volvió a mirarse una vez más en el espejo de cuerpo entero de su dormitorio y decidió que esa noche iba a divertirse de verdad. Hace ya tiempo que Irene no se dedica a la mundanidad y a la vida social. Absorta en su trabajo, va quemando tiempo en ello sin apenas darse cuenta y los días parecen pasar tan sólo para que llegue el fin de semana o el rato de lectura o de oír música en el confort de su casa a última hora del día. Es una vida rica en lo personal, en su interioridad personal, pero Irene piensa que no tanto en lo que se refiere a la vida propiamente dicha, al movimiento de la vida y de las personas, al trato de la amistad compartiendo ideas y experiencias, ese… apenas lo frecuenta fuera de Carmen- y eso porque viven en la misma ciudad y en el mismo barrio- o del círculo de trabajo. Eso es poco, Irene lo reconoce y, aunque no teme en absoluto la melancolía, no deja de reconocer que en algún momento tendrá que romper con esa rutina del encerramiento cómodo, de las cosas en su sitio, de la reconfortante repetición de actitudes conocidas y previsibles. Si no, corre el riesgo de empequeñecer su vida sin darse cuenta. Tiene que viajar a su ciudad natal aprovechando ciertos momentos porque, si no,  en poco tiempo va a acabar por perder algunas amistades que aprecia verdaderamente. El tiempo no pasa en balde, la distancia no es el olvido, como dice el bolero, pero sí que borra pistas, detalles, gestos que hacen una relación más fluida, que permiten remontar una conversación sobre el tiempo transcurrido sin deterioro aparente. Esa cosa tan grata que es el reencontrar a alguien a quien tienes verdadero afecto, de quien sientes cercanía y darte cuenta de que, apenas empiezas a hablar o a reír con él o ella, todo está donde lo dejasteis la última vez y todo tira adelante desde allí hasta ahora y sigue fluyendo. Irene sabe que una debe cuidar lo que quiere y moverse hacia lo que desea; si no, la distancia puede hacerse insalvable y hacer que la amistad degenere en cortesía, en cumplimiento social o en dependencia y soledad.

TARTA MUSGO


Ingredientes:

5 huevos  medianos.
200 grs de azúcar.
220 ml de aceite de girasol.
350 gr de espinacas frescas (sin pedúnculos).
2 c.s de zumo de limón.
La piel rallada de un limón.
100 grs de harina de almendra.
50 grs de coco rallado.
50 grs de harina de todo uso.
1 c.c de levadura (tipo royal).
1 c.c de bicarbonato.
Una pizca de sal.
Para la crema de mango:
La pulpa de un mango maduro.
250 gr. De queso Mascarpone.
2 c.s de azúcar  (opcional).
¼ vaso de leche.
2 láminas de gelatina (remojadas en agua fría).
Para decorar: frambuesas, hojas de melisa frescas, flores de albahaca, brillantina comestible.

Elaboración:

Le quitamos el tallo a las hojas de espinacas, las lavamos y secamos. Trituramos las hojas de espinacas con ayuda de la batidora o thermomix y reservamos.

Batimos los huevos con el azúcar (mejor con las varillas eléctricas) hasta obtener una crema esponjosa. Vertemos el aceite en esta crema y batimos un poquito más.  Añadimos las espinacas, el jugo y la ralladura de limón y lo mezclamos todo bien.


Incorporamos las harinas, el coco, la levadura y el bicarbonato y lo integramos todo con movimientos suave. Esta masa la vertemos en un molde rectangular (el mío es de 25 X 35) forrado con papel de hornear y horneamos en horno precalentado a 165º unos 45 minutos aproximadamente o hasta que al pinchar el bizcocho con un palito este salga limpio.

Dejamos enfriar la masa en el molde antes de proceder a decorarlo.
 

Crema de mango:
Ponemos a remojar las 2 hojas de gelatina (mínimo 5 minutos). Mezclamos la pulpa de mango con el queso con ayuda de la batidora. Calentamos la leche en el microondas unos segundos (que esté caliente pero no que hierva) en la leche desleímos la gelatina previamente muy escurrida y esto se lo añadimos a la crema de mango. Pasamos la crema al congelador para acelerar el proceso de gelificado.



Cuando el bizcocho esté completamente frío (quedará con la textura de un brownie) le recortamos los bordes y los guardamos desmigados para decorar posteriormente nuestra tarta. Cuando la crema de mango tenga una textura lo suficientemente firme, la colocamos sobre el bizcocho y sobre la crema ponemos las migas que habíamos reservado. 


No sabe para nada a espinacas, predominan los sabores del coco y el limón. Si quieres una textura más abizcochada debes añadir 75 grs más de harina.
Está muchísimo mejor al día siguiente.
 

Decoramos al gusto.



domingo, 27 de mayo de 2018

Huevos en Salsa Blanca con Cebollino


La tarde recababa a su fin pero aún quedaba luz en la playa. El día había sido lluvioso, pero repentinamente las nubes compactas empezaron a romperse y dispersarse y entre ellas asomó el azul del cielo ya algo descolorido por el atardecer aunque todavía luminoso. Las nubes se abrían como por ensalmo y se desplazaba rápidamente. Apenas si soplaba el viento y Andrea pensó en un rezo mágico y se dio la vuelta sobre sí misma como buscando al hechicero, al chamán que con sus rezos provocaba todo aquello, pero no había nadie a su alrededor salvo una pareja a lo lejos que caminaba rodeada de los saltos de su pequeño y las piruetas de un perro y una vela cruzando ante la línea del horizonte. El sol también descendía hacia el horizonte, a punto de tomar ese color amarillo anaranjado del crepúsculo antes de hundiré en  el agua. La playa era una inmensa y vacía extensión de arena en la bajamar, la soledad abierta del enorme espacio que se extendía entre el agua que se retiraba en suaves olas y las lomas verdes que se sucedían hacia el interior, eran una invitación a la serenidad, como si el prodigioso espacio que abrían llenara de vastos sentimientos esa soledad de la que Andrea se apropiaba ahora y disfrutaba allí, descalza, con las zapatillas en la mano y abrigada con una gruesa chaqueta y unos pantalones remangados a media pierna. Con las plantas de los pies sintiendo el tacto de la arena, el dulce frío en el rostro y la luz del atardecer  y la súbita transparencia del aire ante sus ojos, Andrea contemplaba el mar, la mar, siempre igual y siempre diferente.

HUEVOS EN SALSA BLANCA CON CEBOLLINO


Ingredientes (2 pers.):

4 huevos duros.
Salsa blanca:
2 c.s de mantequilla.
2 c.s de harina.
½ c.c de mostaza seca (opcional)
Sal y pimienta blanca  (al gusto)
250 ml de leche semidesnatada.
Cebollino y flores de cebollino.

Elaboración:

Picar los huevos duros y reservar.


Para preparar la salsa blanca:
Derretir la mantequilla en una sartén y agregar la harina, la sal, la pimienta y la mostaza seca, cocinar por un minuto.
Agregar la leche y remover bien con varillas de mano, para que no queden grumos, seguir removiendo mientras se cocina todo y espesa.



Agregar la salsa a los huevos y decorar con cebollino picado y unas flores del mismo cebollino.




domingo, 6 de mayo de 2018

Espárragos Silvestres y Arroz

Siempre soñó con visitar la isla y el pueblo donde había nacido su padre. Para Juan, quizás, la parte más relajante del viaje era la posibilidad de conducir: avanzar  decenas de kilómetros sin tener que detenerse en un atasco de tráfico y ni siquiera en un semáforo, y observar la tranquilidad de los pueblos pequeños e imaginarse la existencia pacífica de los que vivían allí. El pueblo era realmente muy hermoso, una tranquila aldea de pescadores construida al pie de una montaña, y en la cima del terreno, sobre un escarpado acantilado rocoso bañado por las olas, se levantaba el viejo castillo de piedra que daba nombre al pueblo. El castillo construido hacía muchos siglos por los sarracenos o los turcos - nadie estaba absolutamente seguro, había servido como atalaya del pueblo para detectar naves invasoras, pero ahora no era más que una estructura en ruinas que no tenía ningún propósito. Como sucedía en la mayor parte de la isla, la historia de aquel pequeño pueblo había sido turbulenta desde hacía siglos, y Juan recordó haber leído que la isla fue conquistada no menos de diez veces: por griegos, sarracenos y normandos; por españoles, franceses e ingleses; por todo tipo de combinaciones de credos, confesiones e ideologías, desde los cruzados hasta los fascistas. Todos habían llegado a esta isla y habían hecho lo que los hombres hacen cuando están lejos de casa, así que la historia de la isla era una letanía de pecados de marineros.

ESPÁRRAGOS SILVESTRES Y ARROZ


Ingredientes  (8 pasteles):

1 manojo de espárragos silvestres (unos 200 grs).
1 zanahoria rallada.
1 cebolla tierna finamente picada (o 3 cebolletas).
100 grs de queso feta desmenuzado.
4 c.s de arroz cocido.
3 huevos
100ml de leche evaporada (o nata para cocinar).
½ c.c de levadura (tipo royal)
Sal, pimienta y hierbas aromáticas al gusto (yo he puesto: tomillo, orégano, romero y perejil).
4 rebanadas de pan de molde (estiradas con el rodillo).

Elaboración:
Lavamos y picamos muy bien los espárragos, las cebolletas y rallamos finamente la zanahoria. 
Mezclamos nuestras verduras y reservamos. En un bol hondo batimos los huevos, le incorporamos las hierbas aromáticas, la sal  la pimienta y la levadura, removemos todo bien y a esto le añadimos los espárragos silvestres y demás verduras picadas, el queso desmenuzado


y el arroz (yo he utilizado un poco que me sobró y estaba dando tumbos por el frigorífico).


Untamos con aceite o aerosol para hornear un molde de cupcakes


Encendemos el horno a 180º y mientras se calienta  con ayuda del rodillo estiramos las rebanadas de pan de molde y cortamos unos círculos de pan que se ajusten a nuestro molde.



Introducimos en el horno y dejamos que nuestros cakes se cocinen durante unos 15 minutos como máximo.



Decoramos al gusto y podemos servir templados o fríos.




domingo, 11 de marzo de 2018

Alcachofas Y Soja


La barra del salón de baile “La Amistad” se encuentra en una agradable semipenumbra solitaria, no es un lugar de tomadores de café y es muy temprano para bebedores; un camarero adormilado controla el final de la barra. Mauricio está sentado en un sillón de cuero negro y ante una mesa achaparrada pensando en que la vida debería irse volviendo al paso de los años más simple, y no lo es. Mira hacia la pista de baile, un hombre de traje oscuro, de mediana estatura, nariz afilada y rasgos finos, tan suaves que parece un aristócrata de porcelana, está bailando. Baila un tango con una mujer morena que de vez en cuando saca la pierna de la falda cortada como una herida, mandando un destello de la mejor lujuria. La pierna se muestra completa y maravillosa, cubierta con una media negra y coronada con una liga cuyo color a Mauricio le recuerda el manto de un obispo. La vida debería ser más simple y yo debería bailar tango.

ALCACHOFAS Y SOJA


Ingredientes:
8 fondos de alcachofas.
4 c.s de soja texturizada rehidratada y escurrida.
4 tomates secos en aceite de oliva.
1 calabacín pequeño.
1 diente de ajo.
½ puerro (la parte blanca).
2 c.s de aove.
Sal (opcional)
 Pizca de tomillo picadito y pimienta negra molida (opcional)
Puré:
 2 patatas medianas.
1 hoja de laurel.
Sal (opcional)
Agua para cocer las patatas.
1 huevo.
Ensalada verde y queso Parmesano para acompañar.

Elaboración:

Empezamos por el puré.
Pelamos, lavamos, cortamos y ponemos a cocer las patatas con sal y una hoja de laurel (unos 15 minutos). Mientras preparamos el relleno de los fondos de alcachofa, para ello picamos en trocitos muy pequeños el calabacín, el ajo, el puerro y los tomates secos.
En una sartén ponemos a calentar el aove y ahí pochamos a fuego lento el ajo y el puerro, cuando empiecen a tomar color añadimos los tomates picados damos un par de vueltas e incorporamos el calabacín, cuando está todo bien pasado (unos 8 ó 10 minutos) añadimos la soja bien escurrida, echamos el tomillo y la pimienta negra, damos unas vueltas y dejamos un par  de minutos más para que se tomen bien los sabores. Apagamos el fuego y sin retirar la sartén dejamos ahí nuestra preparación.


 Retiramos la hoja de laurel y trituramos (con la batidora) las patatas con un poco del agua de cocción, a este puré le añadimos el huevo y removemos bien para que se incorpore al puré de forma homogénea.



Vaciamos un poco, con ayuda de un sacabolas o de una cucharilla, los fondos de las alcachofas (lo que retiramos se lo podemos añadir a la preparación de soja y calabacín) y ponemos en cada fondo nuestro relleno de soja y calabacín.


Cubrimos con el puré de patatas y llevamos al horno a gratinar hasta que el puré comience a dorarse.
Servimos calientes acompañadas de una ensalada verde.



Que aproveche!!!

lunes, 19 de febrero de 2018

Esferas de Natillas


Aquella tarde lluviosa, mientras en la habitación de al lado su padre ensayaba con la nieta los pasos que acompañarían con precisión la Marcha Nupcial d Mendelssohn, Julieta se sintió empujada hasta el sofá con el álbum de las fotos de su ya lejana boda en las manos. Abrió el álbum y a la vez abrió los recuerdos de aquellos  días de ajetreo y preparativos. Recordaba como su padre, apuesto y señorial le había tendido la mano. Ella titubeó, se miró una última vez en el espejo y fue hacia él, cogidos del brazo dieron un paso y tropezaron. Te llevo yo. Recordó que había dicho su padre. Reanudaron la marcha, pero seguían sin acompasar el ritmo, como si su padre hubiera ensayado para este momento durante toda su vida y la vida hubiera decidido no colaborar. Una sonrisa se dibujó en su cara y la lluvia llegó hasta sus ojos en pequeñas gotas saladas. Todo aquello quedaba ya lejos y Julieta tiraba de un invisible hilo para acercarlo al presente y que formara parte de la ilusión y los quehaceres nerviosos de los preparativos de la boda de su hija.

ESFERAS  DE NATILLAS



Ingredientes:
Baño:
1 L de agua (mejor si es desmineralizada).
5 gr de alginato de sodio (Algin).
Relleno:
250 grs de natillas.
6 grs de lactato de calcio.
0,8 grs de Xantana.
Elaboración:
Empezamos preparando el baño, para ello en un bol hondo ponemos el agua y el alginato y con ayuda de la batidora de mano, mezclamos muy, muy bien.  Dejamos reposar esta mezcla en el frigo un mínimo de 2 horas (para que se vaya el aire introducido a la mezcla mientras batíamos y así no se formen burbujas en la envoltura de las natillas).
Mis Natillas
Ingredientes:
½ l de leche semidesnatada.
3 yemas.
3 c.s de azúcar.
10 grs de Maizena.
1 anís estrellado.
Piel lavada y sin la parte blanca de  ½ limón.
Elaboración:
Ponemos a calentar la leche (reservamos una poquita) con el azúcar, la piel de limón y el anís estrellado.
Batimos las yemas y le incorporamos la maicena y la leche reservada. Mezclamos todo muy bien, para que no nos quede grumo alguno, si es necesario lo colamos.
Separamos del fuego la leche caliente y le retiramos el anís estrellado y la cáscara de limón. Vertemos la mezcla de las yemas y volvemos a acercar al fuego, sin parar de remover hasta que espese.



Una vez que tenemos preparadas y frías nuestras natillas pesamos  los 250 grs y en ellos diluimos el lactato de calcio y mezclamos con la xantana  con ayuda de la batidora de mano.
Dejamos reposar la mezcla de natillas un par de horas.
Sacamos el bol con el baño de algín de la nevera y al lado ponemos otro recipiente con agua fría limpia (mejor si es mineral).



Con una cuchara semiesférica vamos vertiendo cuidadosamente en el baño de algín, procurando que las esferas queden cubiertas totalmente por el baño.  Dejamos en el baño unos 2 minutos y con ayuda de una cuchara perforada vamos pasando las esferas al agua mineral, lavamos suavemente y con otra cuchara perforada sacamos escurriendo bien y pasamos al recipiente donde las vayamos a presentar.
Es importante utilizar dos cucharas diferentes para no pasar los líquidos de un recipiente a otro.
Se pueden guardar en agua (o almíbar) en un recipiente cerrado en la nevera.


Para la presentación he puesto encima de las esferas un poquito de azúcar de caña (se disuelve rápido al tener una textura húmeda las esferas) y en otras polvo de galleta maría.



Para hacer estas esferas he contado con la inestimable ayuda de mi sobrina de 10 años, nos hemos divertido y disfrutado  muchísimo haciendo nuestras  dulces esferas.