Maruchi ha venido a casa arrastrando andares y movimientos de
frustración, o como dice ella “momento
Ay! Que se me han caído los palos del chozo”. -Qué pasa, princesa? Que te traigo un regalo (pues por la
cara que luce más bien parece que me trae la dirección de un velatorio y si es
un regalo, bien podría ser envenenado). -Pues cuéntame el por qué y luego el
qué o al revés, pero cuenta que estoy en ascuas. Del bolso ha sacado una bolsa
y de la bolsa una fruta preciosa, -Y eso? Se
llama Kiwano, pero, advierto, no sientas la tentación de salir corriendo a
comprar uno. Es más, no compres un Kiwano a menos que te guste su forma
exterior y sientas nostalgia por la peli de la Guerra de las Galaxias (sale en
uno de sus episodios). Con su aspecto espinoso y su combinación de naranjas
resulta de lo más atrayente y eso me ha pasado, que me ha atraído y lo he
comprado por purita ignorancia y porque dos adolescentes estaban haciendo
comentarios graciosos de los dichosos kiwanos, eso es lo que me acabó de convencer.
Pensé: “algo que provoca que dos adolescentes se olviden del wassap y encima se
rían…tiene que ser bueno por narices”. Y entonces fue cuando añadí dos kiwanos
a la cesta de la compra. Bueno, eso y mi síndrome CVCQ (culo veo, culo quiero). Pues bien, no
ha sido una buena opción, llegué a casa y busqué en Google para ver si
conseguía una buena receta y creo que logre dos muy parecidas y todos los
comentarios que encontré puedo resumírtelos en uno:“
Esto es un fracaso, no compres un kiwuano a no ser que tu hambre sea incontrolable
y esto lo único disponible”. Aun así,
pensé que no podían ser tan malos y menos por el precio que pagué por ellos. Al
abrirlo descubrirás que también su interior es hermoso, de color verde
brillante con pequeñas semillas blancas (como las de un pepino grande y muy
maduro), con una textura gelatinosa. El que abrí lo usé para hacer un coctel
margarita, pero con este … no sé ni qué ni cómo hacerlo.
He probado un poquito del
interior del kiwano para ver qué y cómo prepararlo y me he encontrado con un
sabor entre melón, plátano, limón y pepino. Lo calificaría de muy refrescante.
Y esto es lo que he preparado con el kiwano de Maruchi:
SEMIFRÍO DE KIWANO
Ingredientes
( 4 porciones):
2 plátanos.
2 yogures naturales.
2c.s de sirope de Ágave.
1 naranja (su zumo).
3 hojas de gelatina (5 grs)
Ralladura de lima y grosellas
rojas para decorar.
Elaboración:
Hidratar la gelatina en agua
fría.
Sacar el interior del kiwano para
un bol
y con paciencia y las manos limpias estrujar la pulpa entre las manos
para retirar las semillas, todas, todas. El jugo y la pulpa que obtenemos lo
ponemos en el vaso de la batidora (o thermomix)
y le añadimos los dos plátanos
picados, los dos yogures naturales y el sirope de ágave. Trituramos bien todo y
reservamos.
En un bol que pueda ir al
microondas vertemos el zumo de la naranja y lo calentamos 30”. En este zumo
caliente disolvemos las hojas de gelatina bien escurridas. Cuando la gelatina esté completamente diluida
vetemos esto en la mezcla de yogur. Removemos bien para que se mezclen todos
los ingredientes.
Vertemos la crema obtenida bien en la propia cáscara del
kiwano o en unas copas de postre.
Llevamos al frigorífico y dejamos
ahí (unas 2 horas mínimo) hasta que lo vayamos a servir, momento en el que
decoramos con ralladura de lima y unas grosellas rojas, o lo que más nos guste.
He de contaros que en casa ha
sido todo un éxito, lo han encontrado muy ligero, refrescante y con muchos
matices de sabores.
Y la presentación en su propia cáscara es muy vistosa.
He elegido plátano para acentuar más el sabor original del kiwano y naranja para potenciar el sabor fresco sin que llegue a ácido que lo neutraliza el lácteo y ayuda a la nota final del pepino.