Mostrando entradas con la etiqueta harina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta harina. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de julio de 2018

Gofres de Calabacín Y Queso Feta


José camina por la ciudad con la mirada alta. Por ver si hay ángeles en los tejados, piensa que nadie está a salvo de la felicidad y él, tampoco. El cielo no se le cae encima y el clima podría ser tildado por un puntilloso cronista meteorológico de agradable. A José se le cruzan por la mirada piernas bronceadas y caderas vestidas de estío, saluda a las estatuas y casi todas le contestan. Una  con toga le cuenta sus calores, es de falso mármol, por eso no me enfría, le confiesa la hierática estatua. A José le gustaría tener una cometa de cuatro colores y echarla a volar, observarla tumbado bocarriba en la hierba del parque, sin pensar en nada, sólo en el aéreo tránsito de la cometa multicolor a la que iría siguiendo con los ojos, sin mover la cabeza, ejercitando el músculo óptico, contemplando cómo la cometa se aleja hacia otros aires, nuevas perspectivas, mismo cielo, distinta ciudad. Cree que sería agradable montar en esa colorida cometa. José no trata de soñar, sólo agarrar por un ángulo nuevo la realidad. Y sigue atravesando la ciudad que quisiera ver con ojos de recién nacido, y en el camino se cruza con un contador de nubes que teme los días de cielo limpio, con una musa que perdió su escritora y la busca en campos de amapolas que sólo ella ve, con un poeta que perdió su primera rima y su último verso. José se pone las gafas de ver la realidad de lejos y se coloca de medio lado su sombrero de papel para que el sol no le haga daño a su mirada recién estrenada.

GOFRES DE CALABACÍN Y QUESO FETA



Ingredientes:

1 calabacín (unos 150 grs).
2 huevos (medianos eco).
100 grs de queso feta.
50 grs de queso crema.
3 c.s (con copete, unos 40 grs) de harina de todo uso.
2 c.c de polvo de hornear (levadura tipo royal).
¼ c.c de azúcar.
Sal (muy poquita).
Pimienta negra molida (un toque).
Mantequilla o aceite para la gofrera.
Para acompañar: queso crema, cebollino picadito, albahaca…

Elaoración:

Lavamos, rallamos el calabacín y reservamos.
Molemos el queso feta con un tenedor y reservamos.


En un bol amplio mezclamos los huevos, el queso crema, la harina, polvo de hornear, sal, azúcar y pimienta. Cuando está todo bien mezclado (textura como una natilla) le añadimos el queso feta y el calabacín bien escurrido (lo apretamos con las manos para retirar el exceso de agua) Removemos y mezclamos bien.  Dejamos reposar la masa cinco minutos. Encendemos la gofrera y la pincelamos con mantequilla derretida o aceite (nada de excesos, pincelada sólo), cuando esté caliente nuestra gofrera le ponemos unas cucharadas de la masa, cerramos y dejamos que se cocine el gofre un par de minutos, hasta que esté dorado.  Nos dará para unos 4 ó 5 gofres grandes.



Lo sacamos y seguimos haciendo lo mismo hasta acabar la masa.
Si no tenemos gofrera…No pasa nada!!! A la sartén: ponemos la sartén al fuego, la pincelamos con aceite o mantequilla, vertemos una cucharada de nuestro preparado y transcurrido un minuto le damos la vuelta a nuestra tortita.



Acompañamos los gofres con queso crema, cebollino picado y hojas de albahaca.

Entre dos gofres, el queso crema


Llega el periodo de descanso en mi cocinaconvistas, mis cazuelas y sartenes pasarán los rigores del estío a la sombra, mis libros y música quedan organizados y a buen recaudo,  yo empiezo a guardar cosas en la mochila en un rato, así que si todo sigue bien...nos vemos en septiembre, mientras tanto, sed felices hasta el infinito y...más allá!!!!

domingo, 27 de mayo de 2018

Huevos en Salsa Blanca con Cebollino


La tarde recababa a su fin pero aún quedaba luz en la playa. El día había sido lluvioso, pero repentinamente las nubes compactas empezaron a romperse y dispersarse y entre ellas asomó el azul del cielo ya algo descolorido por el atardecer aunque todavía luminoso. Las nubes se abrían como por ensalmo y se desplazaba rápidamente. Apenas si soplaba el viento y Andrea pensó en un rezo mágico y se dio la vuelta sobre sí misma como buscando al hechicero, al chamán que con sus rezos provocaba todo aquello, pero no había nadie a su alrededor salvo una pareja a lo lejos que caminaba rodeada de los saltos de su pequeño y las piruetas de un perro y una vela cruzando ante la línea del horizonte. El sol también descendía hacia el horizonte, a punto de tomar ese color amarillo anaranjado del crepúsculo antes de hundiré en  el agua. La playa era una inmensa y vacía extensión de arena en la bajamar, la soledad abierta del enorme espacio que se extendía entre el agua que se retiraba en suaves olas y las lomas verdes que se sucedían hacia el interior, eran una invitación a la serenidad, como si el prodigioso espacio que abrían llenara de vastos sentimientos esa soledad de la que Andrea se apropiaba ahora y disfrutaba allí, descalza, con las zapatillas en la mano y abrigada con una gruesa chaqueta y unos pantalones remangados a media pierna. Con las plantas de los pies sintiendo el tacto de la arena, el dulce frío en el rostro y la luz del atardecer  y la súbita transparencia del aire ante sus ojos, Andrea contemplaba el mar, la mar, siempre igual y siempre diferente.

HUEVOS EN SALSA BLANCA CON CEBOLLINO


Ingredientes (2 pers.):

4 huevos duros.
Salsa blanca:
2 c.s de mantequilla.
2 c.s de harina.
½ c.c de mostaza seca (opcional)
Sal y pimienta blanca  (al gusto)
250 ml de leche semidesnatada.
Cebollino y flores de cebollino.

Elaboración:

Picar los huevos duros y reservar.


Para preparar la salsa blanca:
Derretir la mantequilla en una sartén y agregar la harina, la sal, la pimienta y la mostaza seca, cocinar por un minuto.
Agregar la leche y remover bien con varillas de mano, para que no queden grumos, seguir removiendo mientras se cocina todo y espesa.



Agregar la salsa a los huevos y decorar con cebollino picado y unas flores del mismo cebollino.




domingo, 1 de abril de 2018

Galletas de Mayonesa Y Lacasitos

Ya había cumplido los ytantos  pero siempre, antes de empezar un viaje, Mario fantaseaba con la esperanza de conocer a una mujer con la que  vivir una apasionada historia amorosa que duraría lo que el trayecto. Su medio de locomoción preferido era el tren, especialmente un tren nocturno. En un avión la intimidad es más difícil, y en un autobús imposible. En cambio el coche cama es el escenario adecuado, eso pensaba Mario. Aquella mañana del día del viaje, un viernes, comenzó tras el sonido agudo del despertador que le hizo saltar de la cama a las seis y cuarto para subir en el tren que salía a las ocho menos veinticinco del andén segundo de la estación Central. Mario caminaba por el segundo andén cuando la vio de espaldas, avanzando, una mujer que se movía con esa elegancia felina que solo es posible lucir desde unas caderas sensuales. Con un trasero que se adivinaba espléndido a pesar de hallarse medio oculto por un chaquetón negro. El pelo castaño recogido en una larga trenza. La siguió hipnotizado hasta que sobrepasó el último vagón de clase turista y se dirigió a los de clase preferente. Mario volvió sobre sus pasos maldiciendo el ataque de tacañería que le había hecho comprar el billete de clase turista que lo alejaba de la mujer y lo llevó a sentarse al lado de un joven mochilero perdido entre sus auriculares. El tren dio el tirón que iniciaba el viaje y el entorno de la estación comenzó a deslizarse hacia atrás, Mario buscó en su bolso la novela que había comprado la tarde anterior, una de C. McCarthy, y se puso a leer.


GALLETAS DE MAYONESA Y LACASITOS


Ingredientes:

150 grs de harina (de todo uso).
½ c.c de levadura en polvo (tipo Royal).
50 grs de azúcar moreno.
50 grs de azúcar blanco.
60 grs de mantequilla fría.
60 grs de mayonesa.
1 c.c de esencia de vainilla.

Elaboración:

Tamizamos la harina junto con la levadura y reservamos.
Precalentamos el horno a 160º, calor arriba y abajo y aire.
Batimos la mantequilla junto con la mayonesa y los dos tipos de azúcar hasta conseguir una crema y sin dejar de batir añadimos la esencia de vainilla. A esta  mezcla le añadimos la harina y levadura tamizadas y mezclamos todo muy bien.


Cogemos pequeñas porciones de la masa y le damos forma de bola con las dos manos y las vamos colocando sobre papel de hornear en la bandeja del horno.



Aplastamos las bolas un poco con la palma de la mano y las decoramos con los lacasitos (he usado tamaño mini).



Introducimos en el horno 15 minutos a 160º.  Una vez cocinadas, retiramos y dejamos enfriar las galletas sobre una rejilla.


domingo, 21 de enero de 2018

Carrot Cake con Pistachos

Encendió el cigarrillo despacio, atento al diminuto incendio que devoraba el papel y las hebras de tabaco. Aspiró voluptuosamente, sin dejar de mirar la brasa que poco a poco empezaba a crecer, a atizarse con cada chupada. Sara estaba sentada frente a él, silenciosa, con los ojos atentos al pausado deleite con que el cigarrillo subía una y otra vez hasta los labios de Ricardo. Sobre la mesa quedaban las tazas vacías, el azucarero abierto, unas servilletas. Deja el cigarrillo y con extrema cautela le pasa la mano por su negro cabello y luego la besa suavemente en el cuello. Sara le mira y le sonríe cerrando los ojos que vuelve a abrir cuando su boca comienza a decir: Vamos, tonto, que se nos hace tarde para coger el bus. Ricardo vuelve a buscar el cigarrillo que abandonó en el cenicero, pero tiene que encenderlo otra vez, le sabe amargo y luego de darle dos caladas lo apaga nuevamente. Cuando salen de la casa, en el pasillo juegan unos niños y como todas las tardes, encuentran sentado junto a la puerta al viejito de pelo blanco y barba cana que parece una momia. Tiene los ojos celestes y aguados y las manos blanquísimas, que apoya permanentemente sobre la manta que cubre sus piernas, están surcadas de venitas azules. Ya en la calle Ricardo piensa que desde que llegó a aquel viejo edificio del centro, nunca lo ha oído hablar o responder a sus saludos. Vive en otro mundo el viejo, se dice mentalmente Ricardo sintiendo una extraña envidia, unas ganas de envejecer igual, sin prisas ni aspavientos.
CARROT CAKE


Ingredientes:
3 huevos.
140 grs de aceite de girasol.
210 grs de azúcar (mejor si es integral)
½ vaina de vainilla abierta y rallado el interior.
2 c.c de canela molida.
¼ c.c de sal
240 grs de harina.
2 c.c de bicarbonato.
½ sobre de levadura royal.
75 grs de nueces picadas.
45 grs de avellanas picadas.
150 grs de zanahorias ralladas.
1 yogur de piña.
Nuez moscada rallada (una pizca)
Jengibre en polvo (una pizca) opcional

2 clavos de olor machacaditos.
1 tarrina de queso crema.
3 c.s de azúcar glas.
Pistachos pelados y picados.
Frambuesas y hojas de menta para decorar (opcional)

Elaboración:
Mezclamos los ingredientes secos (harina, azúcar, canela, sal, bicarbonato, jengibre, nuez moscada, levadura, clavos molidos).

Batimos los huevos con el yogurt, le añadimos el aceite y mezclamos bien. A esto le incorporamos la zanahoria rallada,
las nueces y avellanas molidas
y la mezcla de los ingredientes secos tamizada. Removemos para que queden todos los componentes bien integrados.

Precalentamos el horno a 180º. Untamos un molde con mantequilla (o aceite) espolvoreamos con harina y vertemos el preparado del pastel. Cocemos durante 30-35 minutos.



Dejamos enfriar, untamos la superficie con la mezcla de queso y azúcar y por encima le ponemos los pistachos pelados y picados.



lunes, 8 de enero de 2018

Oreshky y Paté de Setas

Pedro reflexionó sobre la gran diferencia entre su búsqueda de amistades en el colegio y la que estaba llevando a cabo en esta etapa de su vida. En la escuela Pedro buscaba niños que quisieran ser sus amigos no porque deseara tener amistades - eso le importaba un bledo, pues a todos sus compañeros de clase los encontraba  plastas y mocosos -, sino porque lo pasaba muy mal cuando llegaban los domingos y días de fiesta y sus padres le preguntaban con qué amigos había quedado para salir y él tenía que decir que con nadie y veía la cara de preocupación de su pobre madre. Lo pasaba tan mal cuando ellos le hacían aquella pregunta, lo pasaba tan horriblemente mal por ellos que eran las únicas personas del mundo que le importaban, que llegó a inventarse unos amigos, lo que durante un tiempo le  obligó en los días de fiesta a salir de casa -si por él hubiera sido nunca se habría movido de ella - y entrar en cines o deambular absurdamente por la ciudad a la espera de que llegara la bendita hora de poder regresar a su bendita casa. Ahora era diferente, ahora no quería estar solo y obligado todo el rato a mirar cara a cara a la nada. Por eso lo buscaba a él. Por eso la buscaba a ella.

ORESHKI CON PATÉ DE SETAS


Oreshki
Ingredientes (para unos 25):

100 grs de mantequilla a temperatura ambiente.
200 grs de harina.
1 huevo.
1 c.c de levadura (tipo Royal).
Pizca de sal
½ c.c de cúrcuma.
½ c.c de café soluble (mejor descafeinado).

Elaboración:

En un bol amplio ponemos el azúcar, la harina, la levadura, la sal,  la cúrcuma y el café soluble todo tamizado y echamos la mantequilla a trocitos. Mezclamos con las manos bien, primero como si fuera arena y luego ya empezamos a amasar un poquito. Añadimos el huevo, mezclamos bien. Envolvemos la masa en papel film y la dejamos reposar 20 minutos en el frigorífico.


Hacemos bolitas del tamaño de una avellana (grandecita) mejor si las hacemos todas, puesto que se tardan muy poquito en cocer y así no tendremos que andar apagando y encendiendo nuestra maquinita.

Ponemos una bolita en cada hueco de la plancha, bajamos la placa y en cuestión de dos minutos…ya están nuestras “nueces”. Nos ayudaremos de unas pinzas de cocina para retirarlas y evitar quemarnos.
 Probablemente nos salga un poco de reborde, así que  tendremos que ayudarnos de un rallador pequeño para dejarlas  lo más parecidas posible a unas auténticas nueces.


Relleno:

Paté de setas.

Ingredientes:

250 gr. de setas (en mi caso de cardo).
100 gr. de cebolla.
1 diente de ajo.
1 c.c de tomillo y romero picados.
1 c.s de aove.
Sal (opcional).











Elaboración:
Introducimos las setas, cebolla, el ajo y las hiervas  con la c.s de aove en un bol apto para el microondas, removemos, tapamos con papel film (le practicamos unos pequeños cortes, para que “respire”) y cocemos durante 5 minutos a máxima potencia en el microondas.  Trituramos todo bien y ya tenemos nuestro paté listo para ser degustado.



Rellenamos los Orehki con el paté y colocamos para servir.


Podemos hacer los Oreshki con unos días de  antelación y guardar en un bote hermético hasta el día que vayamos a rellenarlos.



Generalmente estas pequeñas nueces suelen servirse en versión dulce, puedes ver mi dulce versión aquí.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Ebelskiver (Buñuelos Daneses)

Después de varios días de amenazas, el cielo se encabritó y abrió sus compuertas: truenos, rayos y lluvias inundaron la tarde, como si hubiera llegado el fin del mundo. Cuando llovía de aquel modo apocalíptico y el calor cedía, Irina conocía un método inmejorable para esperar el paso de la tormenta: Tomaba cualquier cosa que le llenara un poco el estómago, se dejaba caer en sofá, abría una asmática novela rusa, de las densas e inhóspita cual tundra y  que leerlas da más calor que un traje de pana en agosto, leía un par de páginas sin entender nada y, al recibir aquel bofetón en el cerebro, arrebujada en el ruido de la lluvia, se dormía, como una niña acabada de mamar. Cuando se despertaba, un par o tres de horas después, a Irina siempre le entraban ganas de cocinar. Caprichos de la tempestad, decía. Aquella tarde, había tenido el mismo desenlace que cualquiera otra anterior pasada por agua. Se desperezó, se preparó un té y agarró su viejo y raído cuaderno de “recetas para días de lluvia”. Eligió una al azar y mentalmente, entre sorbo y sorbo de té, fue repasando los ingredientes: lo tengo, sí que tengo… Así, ingrediente tas ingrediente, hasta que comprobó que contaba con todos  los necesarios para preparar:

EBELSKIVER (buñuelos daneses)



Ingredientes para unos 25 buñuelos:

150grs. de harina de todo uso.
½ C. s de azúcar.
½ C. c de levadura (Royal).
¼ C. c de sal (opcional).
2 huevos (separadas las yemas y claras).
250 ml de leche semidesnatada.
2 C.s de mantequilla a temperatura ambiente.
Spray para cocinar o aceite de girasol.

Elaboración:

En un bol amplio colocamos los ingredientes secos (harina, azúcar, levadura y sal).


En otro recipiente batimos las yemas y le agregamos la leche y la mantequilla. Batimos esto muy bien.
Juntamos los ingredientes secos con el batido de huevos, leche y mantequilla; intentaremos que no nos queden grumos. Batimos las claras (con ayuda de la batidora eléctrica) a punto de nieve fuerte. Añadimos las claras a punto de nieve con movimientos envolventes a nuestra mezcla anterior.


Dejamos reposar mientras rociamos con spray para cocinar (o untamos con aceite de girasol) los huecos de nuestra sartén. Ponemos la sartén a fuego medio y cuando esté tibia añadimos 2 C. soperas de la masa en cada agujero (como 1/3). Agregamos 1 C. de café  de nuestra mermelada preferida


y se la añadimos a la masa y encima ponemos otra C. sopera de masa. Cuando comience a “burbujear” le damos la vuelta con 2 brochetas de madera y cocinamos hasta que estén dorados por abajo.


Nota: Me he acordado de “la Sirenita” y de todos los cuentos de H.C. Andersen… y no para bien precisamente, cuando le daba la vuelta con los palillos de brocheta ¡Santo…dios! Que cosa más difícil. Pero al final, le he cogido "el punto" a los palillos.


Otro día pondré una versión salada.


martes, 21 de noviembre de 2017

Pan de Leche

A las nueve “ante meridiem” ha sonado el timbre de casa y, quién crees que era? Pues sí, acabas de acertar, ella en persona, Maruchi, en todo el cuerpo y alma que la vida le está regalando, venía desencajada y no precisamente por el frío, ha pasado hasta la cocina y una vez despojada de su abrigo y  cómodamente acomodada ha empezado el relato origen de tanto desencaje: “Ayer nos comunicó  mi tía Eulalia que se vuelve al pueblo, que las “modernuras” de la ciudad la estaban volviendo loca.Lo que son las cosas…no había terminado de decir la frase la pobre anciana cuando ya estaba mi Igor, en la puerta de casa, con el coche arrancado y el maletero abierto. Mi madre la pobre: "Igor, por Dios Santo, disimula un poquito…"Pero es que mi tía, es mucha tía y saca de quicio a cualquiera. En mi casa, como sabes, somos tres mujeres: mi madre, mi tía  y yo…por eso, lo peor de todo es cuando la octogenaria empieza con las indirectas tipo:- “ALGUIEN” se ha recortado los pelos del bigote y ha dejado el lavabo hecho un asco. Esto a la hora de la comida, con todos sentados a la mesa…inconscientemente, mi madre y yo, levantamos la cabeza y miramos a mi Igor como diciendo: No la escuches Igor, contente, está mayor, arrugada y apenas mide metro y medio ¿va a poder contigo?…inspira…expira…inspira…expira… A ella le gustaría que todo fuera como cuando vivía en el pueblo: el botijo, el candil, el agua del pozo y la verdura del huerto. Y tenemos que explicarle mil veces, que no debe pasar al jardín  del vecino y cogerle las naranjas del árbol, que aquí no es como en el pueblo. Y por mucho que diga mi madre, lo que ocurre es que ella no se adapta, llegó a mi casa queriendo ser la dueña y señora…pero todo el mundo sabe que el dueño y señor de mi casa es…Taco, el perro. Y así están las cosas, mi tía despotricando todo el día, mi madre con el rosario en ristre a todas horas, mi Igor desquiciado de todos los nervios que hay en su cuerpo y yo…sin desayunar y mira las horas que son”. -No se hable más Maruchi, pongamos mantel en la mesa  que mira lo que mira lo que tengo para tí:


PAN DE LECHE 



Ingredientes:


500grs de harina (mejor si es de fuerza).
110 grs de azúcar.
1 huevo.
2 c.s de mantequilla.
25 grs de levadura fresca de panadería.
250 ml de leche
2 c.s de miel.
Pizca de sal.






Elaboración:
En un bol mezclar la levadura desmenuzada con la harina tamizada, agregar el huevo y mezclar bien. Añadir la leche templada y remover todo bien. Enseguida añadir el azúcar, la miel y la sal y mezclar todo. Por último agregar la mantequilla y mezclar todo bien con las manos, hasta conseguir una masa suave que comience a despegarse de las manos.  Hacer una bola y dejar reposar en un bol algo enharinado y tapado con un paño unas dos horas o hasta que la masa duplique su tamaño. Pasado este tiempo sacar la masa y cortar con los dedos trocitos de ella, que colocaremos en un molde apto para el horno (llenamos 2/3 partes)

también podemos colocar los panecillos moldeados a mano directamente sobre el papel de horno, guardando una distancia de 2 a 3 cms entre panecillo y panecillo. Pincelamos con leche y dejamos reposar 30 minutos. Mientras, precalentamos el horno a 180º.
Introducimos nuestros panecillos en el horno y los cocemos durante 10 o 15 minutos, hasta que estén doraditos. 


Retiramos los panes del horno y dejamos reposar unos minutos antes de consumirlos. 


domingo, 22 de octubre de 2017

Chocolate Y Amapolas: Un bizcocho

Él era, de verdad, ese tipo de personas que creía que  las cosas pasaban así: en el momento menos esperado conoces a alguien, hay una conexión mágica, una complicidad instantánea y tu vida cambia. Y durante años había estado esperando fielmente un momento así. Y llegó. Recuerda que lo primero que le había atraído de ella eran su voz y su sonrisa. Su voz tenía un encanto increíble, un poco áspera y ronca, un poco nasal, un poco como la de un personaje de dibujos animados, una voz de la que brotaban juventud y bondad. Y se fue. En el tiempo que duró su ausencia, todas las noches salía a la calle, subía por una acera de la calle y bajaba por la otra, entreteniéndose en las ventanas empañadas y leyendo los menús que conocía de memoria, pensando que tipo de comida debería elegir para la cena, a qué restaurante barato debería entrar esa noche, en que bar debería tomarse un trago o dos o tres o cinco y no sentirse  solo esa noche. Cuando ella estaba a su lado él era un hombre diferente, un hombre mejorado, por el amor y la felicidad que experimentaba. Ahora, ni un solo día se sentía mejor que el anterior. Y no volvió.

CHOCOLATE Y AMAPOLAS


Ingredientes:
1 yogur bio natural.
1 medida de yogur de aceite suave.
2 medidas de yogur de harina.
½ medida de yogur de maizena.
½ medida de yogur de cacao puro sin azúcar.
1 sobre de levadura (Royal).
3 huevos.
2 medidas de yogur de azúcar de caña.
3 c.s de semillas de amapola molidas.

Cobertura:

1 mango troceado.
2c.s de azúcar de caña.
Las semillas de una vaina de vainilla.
Molde de cake de 25 cm.





Elaboración:

Mezclamos el yogur con el aceite con ayuda de unas varillas. Incorporamos los huevos y mezclamos bien. A esta mezcla le añadimos el resto de los ingredientes secos (harina, maizena, azúcar, cacao y las semillas de amapola molidas).
Forramos con papel de hornear el  molde y encendemos el horno (calor arriba y abajo con aire) a 200º.


Vertemos la mezcla en el molde e introducimos en el horno, bajamos la temperatura a 180º y cocemos durante 35 minutos, hasta que al introducir  un palillo en el bizcocho salga limpio.

Cobertura:
En una sartén, a fuego bajo, ponemos en seco las 2 c.s de azúcar de caña y la vainilla, cuando se haya formado el caramelo vertemos ahí el mango y le damos unas vueltas. Al principio el azúcar se cristalizará, no importa, con más calor volverá a su estado líquido. Cocemos un par de minutos y retiramos del fuego.
Mejor utilizar un mango un poquito duro, yo he usado uno bastante maduro y casi se deshace.


Sacamos nuestro bizcocho del horno y dejamos enfriar, para poder cortar mejor la capa superior a fin de igualarlo.


Cuando la cobertura esté fría se la ponemos por encima al bizcocho y le colocamos unas hojitas de menta para darle una nota de color.