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sábado, 28 de abril de 2018

Caprese de Fresa (con vinagreta de fresas)


A última hora de la tarde, en aquel abril, Marina se encuentra sentada y sola en el exterior de un café del centro de la medina. Se trata del tipo de local que atrae a la marea de turistas que husmean por los puestos del Zoco Chico, que buscan un refugio del agresivo comercio de ese mercado, del regateo y del acoso, de los guías y los buhoneros, que quieren encontrar una silla en la que tomar un té con menta mientras observan cómo sigue desarrollándose la vida de Tánger. El camarero, un marroquí joven de sonrisa fácil y mirada distraída, atiende mientras Marina le pide lo que quiere, luego hace un ademán amable y se marcha con gran lentitud. Entorno a ella hay ingleses, italianos, ciudadanos franceses y españoles; algunos todavía lucen miradas de entusiasmo, otros han adoptado la postura lánguida del viajero cansado, todos ellos en sillas de plástico colocadas junto a mesas destartaladas que bordean la plaza, que ahora baña el suave calor del sol poniente, y en la que las sombras se alargan a medida que cae la noche. Las imágenes y los olores llegan a una parte de su interior, acarician su memoria: Las majestuosas siluetas de las altas palmeras que recorren el perímetro del Zoco Chico, negras frente al cielo vespertino y las arrugadas nubes grises que avanzan raudas por el horizonte, el agradable parón comercial que se produce a esa hora del día, antes de que aparezcan los mercaderes nocturnos y coloquen sus puestos, el aroma fuerte y purificador del té de menta que se prepara en toda la extensión de esta hilera de cafés.  Entre todas las personas de este lugar bullicioso, Marina es la única que está sola.

CAPRESE DE FRESA


Ingredientes:

Fresas frescas de tamaño mediano (no fresón).
Mini Mozzarellas (tantas como fresas).
Anchoas en aceite de oliva.
Hojas de albahaca frescas.

Vinagreta de fresas
4 c.s de aove.
2 c.s de mermelada de fresa (mejor si es casera).
2 c. s de vinagre de manzana.
Sal y pimienta negra molida (al gusto).








Elaboración:
Empezamos elaborando la vinagreta, para ello mezclamos muy  bien todos los ingredientes y pasamos la preparación por un colador de malla fina para asegurarnos de eliminar las posibles semillas de las fresas. Reservamos.
Lavamos y secamos bien las fresas.

Con ayuda de una pajita (introduciéndola por la punta de la fresa) eliminamos el corazón de las fresas. El hueco que nos queda lo rellenamos con anchoa (½ o 1 dependiendo del tamaño y del hueco).
Encima de las fresas rellenas colocamos una bolita de mozzarella y ponemos unas hojitas de albahaca. Para que el conjunto se mantenga atravesamos la mini mozzarella y la fresa con una pipeta “cargada” con vinagreta de fresas.

A la hora de degustar introducimos el conjunto en la boca a la vez que apretamos la pipeta a fin de conseguir que salga la vinagreta y podamos disfrutar del contraste de sabores.


 Con esta receta participo en el "III Concurso de Fresas de Europa" Fresas de Europa.

domingo, 4 de febrero de 2018

Tartar de Dorada

Bajaron hasta el bar para escuchar a un chico que cantaba canciones de Aute y Silvio Rodríguez acompañándose con una guitarra y la gente en silencio, atenta, casi sin respirar, y cuando el chico terminó, todos aplaudieron a rabiar, pedían otra, otra, otra. Canta precioso, ¿verdad?, dijo Rosa acercándose un poco a Silvia, y pudo atrapar su olor a miel, a burbujas, no supo bien, algo se le aflojó por dentro muy despacito. Quería estar con ella a solas pero era imposible, las amigas revoloteaban alrededor, eran seis y parecían mil. Rosa le quitó el cigarrillo de los labios y le dio una chupada que marcó de rouge el filtro. Después no se dijeron nada. Caminaron hacia la casa de Rosa ensimismadas, serenamente contentas, porque algo había quedado flotando ahí, en el centro mismo de todas las palabras que no pronunciaron y ya en la puerta de la casa de Rosa se sonrieron como viejas conocidas, no porque hubieran dicho algo gracioso sino porque la risa que apaga los silencios entre dos mujeres siempre es cómplice, como cómplice se vuelve el simple pasear por el parque donde nos cruzamos con gente que nos saluda. Cómplice cruzar la calle juntas, cómplice su única silueta alejándose contra las paredes cuando alcanzan la otra acera, cómplice instalarse en una mesa cualquiera de “El Milagrito” y cómplice la sonrisa de una atrapada en la sonrisa de la otra. Silvia  abrazó a Rosa y en su abrazo encontró a todos. A su madre, a su padre, a su hermano, a todos los que había amado y a los que estaba por amar.

TARTAR DE DORADA


Ingredientes:

1 dorada limpia de piel y espinas cortada en cubos pequeñitos.
1 lima (el zumo)
5 pepinillos.
1 c.s de alcaparras.
½ cebolleta fresca.
2 c.s de mayonesa.
1 c.s de mostaza.
1 c.s de vodka (opcional).
Sal y pimienta (al gusto).
Para decorar: huevas de salmón, hojas de cilantro.


Elaboración:

En un bol ponemos a macerar la dorada troceada y salpimentada en el zumo de lima, tapamos con papel film y llevamos al frigorífico, como mínimo dos horas.
Picamos muy, muy pequeños los pepinillos, las alcaparra y la cebolleta fresca (mejor con un picador de verduras). Reservamos.



En un bol pequeño mezclamos la mayonesa con la mostaza y el vodka, a esto le añadimos la picada anterior.

Sacamos la dorada del jugo de lima y la incorporamos a la mezcla de mayonesa, removemos  y mezclamos bien y ponemos en el plato o recipiente de servicio, adornamos con huevas de salmón y unas hojitas de cilantro.

domingo, 28 de enero de 2018

Huevos Encurtidos Rellenos

Este sería su primer día. La señora Elvira clava sus ojos grises en Laura: son como dos ratoncitos que corren  inventariando el cabello ensortijado y corto, los ojos grandes y dóciles, los labios trémulos, el cuello, el vestido estampado, las piernas morenas y tersas, los zapatos blancos, cuarteados. Laura caminó detrás de ella en silencio por el sendero de piedras que cortaba en dos el jardín y serpenteaba hasta la puerta principal. Se oía  el zumbido de las abejas en torno a los rosales. También había claveles y macetas de geranios y Laura podía respirar el aroma mineral y primario de la tierra húmeda, del jardín cuidado y amplio. La señora abrió la puerta de la casa: una sala grade y en penumbras, sofocada por un silencio solemne que obligó a Laura a caminar casi de puntillas y observar de reojo el cuadro antiguo y oscuro sobre la chimenea; luego otra sala más pequeña y mesitas atiborradas de fotos, platería, adornos, jarrones, un caos primoroso y como suspendido en otro tiempo. Al extremo opuesto, el comedor y al cruzarlo, una puerta blanca: la cocina. Unas cortinas blancas semitransparentes franqueaban la ventana sobre el fregadero, el sol entraba con fuerza iluminando la superficie del suelo, una mesita con un mantel de cuadros rojos y blancos, la alacena inmaculada, qué distinto, pensó Laura, sintiéndose bruscamente de otro ánimo en la cocina, más contenta, más viva.

HUEVOS ENCURTIDOS RELLENOS



Ingredientes:

6 huevos de gallina cocidos (No más de 12 minutos ni menos de 10).

Escabeche de remolacha:

1 remolacha (de las que ya vienen cocidas) rallada y el jugo que viene en la bolsa.
(Como referencia de medida utilizaremos un vaso).
1 vaso de vinagre de manzana (o  de vino blanco).
½  vaso de azúcar blanca.
1 cebolla cortada muy fina (en pluma).
Cáscara de naranja (sin la parte blanca).
Opcional: pimienta negra en grano,  romero…

Relleno de los huevos:
Cada uno puede rellenarlos con los ingredientes que más le gusten, yo te digo mi opción.
Pechuga de pavo (2 lonchas)
5 pepinillos encurtidos.
1 c.s de alcaparras.
5 cebollitas encurtidas.
3 yemas cocidas.
1 c.s de mostaza (He usado mostaza Gulden´s)
2 c.s de mayonesa.

Elaboración:

Escabeche de remolacha:
Ponemos a cocer  la remolacha rallada, el jugo de la misma, el vinagre y el azúcar y lo llevamos a ebullición, removiendo hasta que el azúcar se disuelva. Dejamos enfriar un poco y añadimos la cebolla picada y la cáscara de naranja (junto con las especias, si así lo queremos). Mientras el líquido está un poco caliente lo vertemos en el recipiente y metemos los huevos pelados, cerramos y guardamos en la nevera.

Tiempos:
Gallina: 12 horas.
Codorniz: 5 horas.


Sacamos los huevos, los cortamos longitudinalmente  y con cuidado le quitamos las yemas que luego utilizaremos para preparar los rellenos y para decorar.


Podemos también cortar un poco de la base del huevo y con ayuda de un sacabolas pequeño retirar la yema (es otra opción más de sorpresa).

Relleno:
Picamos todos los ingredientes (menos las yemas, que las rallamos) muy pequeñitos, yo he utilizado un picador de cebolla para hacerlo. Luego rallamos las  tres yemas cocidas y lo mezclamos todo muy bien. A  esta picada añadimos la mostaza y la mayonesa y removemos para que todo quede bien mezclado.


Rellenamos las mitades de huevo con una cucharadita de la mezcla (o si tienes tiempo y quieres bordar los huevos, con manga pastelera) encima del relleno rallamos un poco de las yemas cocidas reservadas y rematamos con una flor de romero.

Servimos acompañados de brotes.


lunes, 8 de enero de 2018

Oreshky y Paté de Setas

Pedro reflexionó sobre la gran diferencia entre su búsqueda de amistades en el colegio y la que estaba llevando a cabo en esta etapa de su vida. En la escuela Pedro buscaba niños que quisieran ser sus amigos no porque deseara tener amistades - eso le importaba un bledo, pues a todos sus compañeros de clase los encontraba  plastas y mocosos -, sino porque lo pasaba muy mal cuando llegaban los domingos y días de fiesta y sus padres le preguntaban con qué amigos había quedado para salir y él tenía que decir que con nadie y veía la cara de preocupación de su pobre madre. Lo pasaba tan mal cuando ellos le hacían aquella pregunta, lo pasaba tan horriblemente mal por ellos que eran las únicas personas del mundo que le importaban, que llegó a inventarse unos amigos, lo que durante un tiempo le  obligó en los días de fiesta a salir de casa -si por él hubiera sido nunca se habría movido de ella - y entrar en cines o deambular absurdamente por la ciudad a la espera de que llegara la bendita hora de poder regresar a su bendita casa. Ahora era diferente, ahora no quería estar solo y obligado todo el rato a mirar cara a cara a la nada. Por eso lo buscaba a él. Por eso la buscaba a ella.

ORESHKI CON PATÉ DE SETAS


Oreshki
Ingredientes (para unos 25):

100 grs de mantequilla a temperatura ambiente.
200 grs de harina.
1 huevo.
1 c.c de levadura (tipo Royal).
Pizca de sal
½ c.c de cúrcuma.
½ c.c de café soluble (mejor descafeinado).

Elaboración:

En un bol amplio ponemos el azúcar, la harina, la levadura, la sal,  la cúrcuma y el café soluble todo tamizado y echamos la mantequilla a trocitos. Mezclamos con las manos bien, primero como si fuera arena y luego ya empezamos a amasar un poquito. Añadimos el huevo, mezclamos bien. Envolvemos la masa en papel film y la dejamos reposar 20 minutos en el frigorífico.


Hacemos bolitas del tamaño de una avellana (grandecita) mejor si las hacemos todas, puesto que se tardan muy poquito en cocer y así no tendremos que andar apagando y encendiendo nuestra maquinita.

Ponemos una bolita en cada hueco de la plancha, bajamos la placa y en cuestión de dos minutos…ya están nuestras “nueces”. Nos ayudaremos de unas pinzas de cocina para retirarlas y evitar quemarnos.
 Probablemente nos salga un poco de reborde, así que  tendremos que ayudarnos de un rallador pequeño para dejarlas  lo más parecidas posible a unas auténticas nueces.


Relleno:

Paté de setas.

Ingredientes:

250 gr. de setas (en mi caso de cardo).
100 gr. de cebolla.
1 diente de ajo.
1 c.c de tomillo y romero picados.
1 c.s de aove.
Sal (opcional).











Elaboración:
Introducimos las setas, cebolla, el ajo y las hiervas  con la c.s de aove en un bol apto para el microondas, removemos, tapamos con papel film (le practicamos unos pequeños cortes, para que “respire”) y cocemos durante 5 minutos a máxima potencia en el microondas.  Trituramos todo bien y ya tenemos nuestro paté listo para ser degustado.



Rellenamos los Orehki con el paté y colocamos para servir.


Podemos hacer los Oreshki con unos días de  antelación y guardar en un bote hermético hasta el día que vayamos a rellenarlos.



Generalmente estas pequeñas nueces suelen servirse en versión dulce, puedes ver mi dulce versión aquí.

martes, 7 de noviembre de 2017

Volcán Mexicano

Los ajolotes son una especie de salamandra que nunca abandonan su estado de larva, algo así como renacuajos que nunca se convierten en ranas.  Solían abundar en los lagos que rodeaban la antigua Ciudad de México y eran uno de los platos favoritos de los Aztecas. Ahora, tan sólo sobreviven en acuarios, laboratorios y zoológicos. Yo los vi por primera vez en Xochimilco y tanto me impresionaron que busqué y busqué información sobre esta especie. Buscando llegué hasta un cuento breve de Julio Cortazar sobre un hombre tan fascinado (como yo) por los ajolotes del Jardin des Plantes de Paris que termina convirtiéndose en uno de ellos. Todos los días, incluso tres veces por día, el hombre de ese cuento visita el Jardin des Plantes para observar a los extraños animalitos en su acuario, ver sus cuerpos translúcidos y lechosos, sus delicadas colas de lagarto, sus caras aztecas triangulares, planas y rosadas, las patas diminutas con dedos casi humanos, los bultitos que brotan de sus branquias, el brillo dorado de sus ojos, la manera en que se echan a nada con una sola ondulación del cuerpo. Parecen tan extraños que el hombre se convence de que no son sólo animales, sino que guardan una misteriosa relación con él, que de alguna manera le suplican con sus ojos dorados que los salve. Un día, como de costumbre, el hombre está observando a los ajolotes, con el rostro muy cerca del cristal del acuario, pero, justo a la mitad de esa oración, el “yo” se encuentra en el interior de la pecera y observa al hombre a través del cristal. El cuento termina con el ajolote albergando la esperanza de haberle comunicado algo al hombre, de haber enlazado las calladas soledades de ambos y de que la razón por la que el hombre ya no visita el acuario sea que está en algún lugar escribiendo un cuento sobre lo que significa ser un ajolote.

VOLCÁN MEXICANO


Ingredientes:

Una tacita de guacamole.
Una tacita de pico de gallo.
Salsa de queso:
175 ml de leche evaporada.
1 c.c de chipotle molido.
3 ­+ 3 c.s de mezcla de cuatro quesos.
3 tortillas de trigo (para tacos).
Aceite suave para freir.







Elaboración:
Guacamole: Aquí

Salsa “pico de gallo”:
1 tomate rojo (tomate pera).
½ cebolleta tierna.
Unas ramas de cilantro.
Sal (opcional)
El zumo de 1 lima.
Pizca de pimienta negra molida.
Picar muy menuditos el tomate, la cebolla y el cilantro. Salpimentar y regar todo con el zumo de lima.

Salsa de queso y Chipotle:


En un cazo o sartén ponemos la leche a calentar y le añadimos la c.s de chipotle molido, removemos bien, bien y echamos ahí 3 c.s de mezcla de 4 queso.  Calentamos sin dejar de remover hasta que los quesos se hayan fundido. Apagamos el fuego, tapamos y reservamos la salsa al calor.


Cortamos las tortillas en triángulos y los vamos friendo por tandas en aceite bien caliente, cuando están los bordes doraditos les vamos dando la vuelta. Sacamos y dejamos escurrir sobre papel absorbente.
Encendemos el horno a 160º
 Montamos el plato: En el fondo la salsa de queso, sobre esta unos cuantos triángulos de tortilla, un poco de la mezcla de cuatro quesos, más triángulos, más mezcla de quesos y así…hasta que hagamos nuestra montañita.


Metemos nuestra montaña en el horno esperando que con el calor se fundan los quesos.


Sacamos del horno cuando los quesos están fundidos o un poco antes (depende de gustos) pero  los nachos calientes.

 Regamos con la salsa pico de gallo y el guacamole y…A disfrutar!!


domingo, 15 de octubre de 2017

Buñuelos de Bacalao, Pasas y Miel

Jonás tenía el claro convencimiento de que hasta que no se asomaba a la ventana del hotel donde se alojaba no se sentía realmente en la ciudad a la que había llegado. Y la de este hotel daba a una animada calle, se veía el Atlántico entre las casas, sintió la brisa salada y llenó los pulmones de una alegría azul, contagiosa y enigmática. Ver gaviotas y barcos supone un acontecimiento para un hombre de tierra adentro, como era su caso. El mar, ni feo ni católico pero muy sentimental, la sal más dulce de la creación, se decía Jonás. Tuvo la sensación de lejanía, de estar perdido en medio del océano, lejos ya de todo. Procedente de la calle, se oía el vago rumor de una melancólica música de acordeón. Jonás observó que predominaba el azul en todo lo que su vista abarcaba desde aquella ventana. Azul, lejanía, acordeón callejero. Le invadió de pronto una extraña sensación de difusa felicidad desesperada. Encendió el televisor y entró directamente en una película de los años cincuenta:
“Él: A cuántos hombres has olvidado?
Ella: A tantos como tú mujeres.
Él: ¡No te vayas!
Ella: No me he movido.
Él: Dime algo bonito.
Ella: Qué quieres que te diga?
Él: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años.
Ella: Te he esperado todos estos años.
Él: Dime que habrías muerto si yo no hubiera vuelto.
Ella: Habría muerto si tú no hubieras vuelto.
Él: Dime que me quieres todavía, como yo te quiero.
Ella: Te quiero todavía, como tú me quieres.
Él: Gracias. Muchas gracias”                             Johnny Guitar. Nicolas Ray (1954)
Jonás volvió a mirar por la ventana y sólo vio el perfecto azul de azules del Atlántico. Se puso a silbar una habanera.

BUÑUELOS DE BACALAO PASAS Y MIEL


Ingredientes:

100 gr. de harina
5 gr. de levadura en polvo.
100 ml de leche.
1 huevo pequeño.
25 gr. de mantequilla derretida.
Sal (opcional).
1 c.s de  aove.
1 cs de cebolla muy picada.
150 gr. de bacalao (desalado y desmigado)
2 c.s de pasas (remojadas)
1 cs de cilantro fresco picado.
Miel (cantidad suficiente).
Aceite para freir.


Elaboración:

En un bol mezclamos la harina, la levadura, la leche, el huevo, la mantequilla derretida y una pizca de sal. Lo mezclamos todo bien y dejamos tapado a temperatura ambiente, mientras preparamos el resto de la receta.
En una sartén pochamos, a fuego bajo, la cebolla y cuando esté blanda le añadimos el bacalao desmigado y lo salteamos brevemente, le añadimos las pasas, le damos un par de vueltas y lo incorporamos a la masa de los buñuelos junto con el cilantro picado.


Mezclamos todo bien.
Ponemos aceite a calentar y cuando esté bien caliente añadimos pequeñas porciones de nuestra masa, dejamos un minuto por cada lado y sacamos de la sartén, colocando los buñuelos sobre papel absorbente.


A la hora de poner en el plato de servicio le echamos un hilo de miel por encima.



Para este plato he utilizado la miel que me envió mi querida Isabel Rescalvo, así que bien podríamos titular esta receta, como si de una hermosa canción se tratara :“Buñuelos para Isabel”.


domingo, 17 de julio de 2016

Caramelos Chinatos ( caramelos de aceite al pimentón con pulpo)

Andrés lanzó dos impactos al aire, en direcciones opuestas, un-dos, y bostezó. Le gustaba despertar con la algarabía de los gorriones que, por fortuna, habían anidado justo encima de la ventana de su cuarto y se levantó con un ánimo casi, casi inmejorable. Lentamente, con los pasos suaves y ligeros que los setenta años le habían colocado, llegó hasta la cocina y recibió la taza del eterno café oscuro, caliente y dulzón que le sirvió Mercedes, su mujer de toda la vida. Después de beber a pequeños sorbos su negro café, salió al corral donde el sol era todavía una promesa. Se acercó hasta el grifo del lavadero y al principio no advirtió la terrible ausencia, pero, cuando terminó de lavarse la cara, se volvió rápidamente, con el giro de sus mejores años de mozo, pues sabía que faltaba algo en el ritual inviolable de cada amanecer. Buscó con los ojos y, ya desesperado, Andrés gritó: “Merceditas, Merceditas, los faisanes”, y empezó a arrastrar por el corral una pena sin nombre. Le parecía imposible que alguien, cualquiera, le hubiese llevado aquella pareja de faisanes que, durante todo un año, había criado y alimentado con inmenso celo, como hijos, aquellos animales que rotundamente se había negado a sacrificar la última Navidad. Enloquecido, el anciano salió a la calle y comenzó la investigación que, 12 horas después, lo conduciría hasta el ladrón de sus queridos faisanes, el estupefacto adversario con quien  Andrés “Palancas” celebraría su última pelea. Aquella tarde la silla de Andrés quedó vacía. Ante la sorpresa de los otros viejos jugadores de dominó, el fiel Andrés faltaba, por primera vez en once años, a las partidas que cada tarde después de comer, incluidos domingos y fiestas de guardar celebraban en el bar del pueblo. Ninguno de ellos sabía que aquel antiguo luchador se iniciaba, aquel día, como detective privado. Toda la mañana y parte de la tarde estuvo recorriendo el pueblo, indagando por el paradero  de aquella pareja de faisanes que parecían tragados por la tierra. Cuando empezaba a caer la tarde, ya fatigado y sin esperanzas, el viejo “Palancas” llegó a casa de su sobrina Albina y le pidió un vaso de agua fresca. Al verle el aspecto Albina le preguntó qué le había pasado y él le relató su desgracia. En ese momento, el corazón de Albina estuvo a punto de pararse. Pero rápidamente, como ocurre en las malas noticias, le contó  a su tío que Goyo, el de la calle Mentidero, le había ofrecido unos faisanes “que había traído del plantío”. Andrés no pudo escuchar el precio que le había puesto a sus queridas aves, pues ya había doblado la esquina. Con la seguridad de Philip Marlowe, Andrés entro directo al patio de la casa de Goyo, allí buscó con la vista hasta hallar el bidón de basura y lo destapó; en el fondo del recipiente descansaba el plumaje de sus aves. El resto fue fácil. “Palancas” entró en la casa llamando a Goyo. El hombre que dormía para reponerse de la mala noche, le respondió desde la cama y sus ojos enrojecidos miraron a Andrés con la misma  expresión de las aves degolladas. “Palancas” ganó por nocaut a los 25 segundos de comenzado aquel imprevisible combate y Goyo se tragó, como simples aspirinas, los dos dientes de oro que le gustaba exhibir con su sonrisa estruendosa.

CARAMELOS CHINATOS
(caramelos de aceite al pimentón con pulpo)



Ingredientes (6 caramelos):

30 grs A.O.V.E  (debemos obtener al final 22 grs)
½ c.c Pimentón de La Vera “La Chinata”
1 Ajo.
12 grs Maltodextrina.
12 grs Pulpo cocido.
Sal (opcional).
 6 láminas de Obulato.





Elaboración:
Picamos muy, muy menudito el pulpo y lo reservamos.
Pelamos el ajo, le retiramos el germen y lo laminamos. Ponemos en una sartén  el aceite (en frío) y el ajo y dejamos que se vayan friendo lentamente hasta que las láminas de ajo estén doradas, de esta forma  conseguiremos unos crujientes  chips de ajo.


Retiramos del aceite el ajo y reservamos. En el mismo aceite, caliente pero fuera del fuego echamos el pimentón para que se cocine pero que no se requeme (para evitar que el pimentón amargue). En este aceite de pimentón todavía caliente echamos el pulpo, para que tome sabor. Cuando se enfríe  el aceite totalmente, retiramos el pulpo  lo escurrimos bien y reservamos.


Colamos el aceite de pimentón, debemos obtener 22 grs a los que añadimos el pulpo y un poquito de sal (opcional) e incorporamos poco a poca la Maltodextrina, removiendo bien para que se vaya solidificando nuestro caramelo.


Colocamos un poquito de la masa encima del obulato y lo enrollamos para hacer nuestros caramelos, que decoraremos con un chip de ajo.



Los ingredientes:
El Obulato es una lámina transparente y ultrafina elaborada con almidón de patata, soja y aceite de girasol. Es como “el plástico” que envuelve las capsulas de los medicamentos, pero muchísimo más fino. Se deshace en contacto con líquido, por eso se deshace en la boca. No tiene sabor.
La Maltodextrina es de origen natural, concretamente se obtiene del almidón del maíz, del de la patata y del de la tapioca. Se utiliza entre otras aplicaciones, como espesante para estabilizar alimentos con muchas grasas.
El pulpo aparece aquí como un guiño a la cocina gallega y porque es un alimento que se deja querer por el sabor ahumado del pimentón y la suavidad del aceite de oliva virgen.

El ajo y el pimentón son dos ingredientes básicos en la cocina de cualquier rincón de nuestro país.

lunes, 18 de abril de 2016

Cebreiro, Grosellas rojas y Pistachos

Detrás de todo personaje, siempre se esconde un hombre. Un hombre  al que acompaña una mujer y que, como los demás, siente el paso lento de las jornadas sin esperanza o el ritmo arrollador de los días felices; un ser que ama y sufre, duda y se recupera. Y en ocasiones, los hechos, las decisiones y las actuaciones tienden a borrar con su peso la imagen del hombre que va detrás de ese personaje.  En el número 16 de la calle Príncipe está la casa de mis abuelos. Ahora es na casa moderna que apenas recuerda la antigua construcción de adobe y madera. La avenida que hay frente a la casa, también ha cambiado, antes era un camino polvoriento, transitado únicamente por carretas de mulas, caballos y carretones de bueyes, con el paso del tiempo, se transformó en una avenida que arrasó los árboles donde mi padre y sus amigos cazaban gorriones. Hoy  sufre el paso de coches con prisa, algún que otro bocinazo y gente que cruza, temerosa de ser atropellada. Todo esto lo ha visto la casa de mis abuelos, y aunque ella misma ha cambiado tanto, el rosal del patio es el mismo que, cuando nació su primer hijo, plantó mi abuela Victoria, la mujer que en las épocas buenas y en las muchas malas, siempre acompañó al viejo luchador. La preocupación de la abuela Victoria, en los primeros tiempos de vivir en la casa, fue convertir un rincón del gran patio en un jardín, un hermoso jardín donde pasaría todo el tiempo posible. Con los primeros rayos de sol primaveral empezaba a salir a su jardín armada con una silla de enea y la cesta de mimbre llena de ropa para coser, remendar, y cuando no había qué remendar…bordar. Eso sí, rodeada de las flores que, decía, le daban la vida que los quehaceres diarios le quitaban. El abuelo era un hombre que hipnotizaba, hay una imagen suya que nunca podré olvidar. Era un día de otoño, frío, y él estaba vestido como siempre, pantalón marrón de pana ancha, chaqueta de paño grueso raída en los bajos y en los bordes de las mangas y llevaba también su inseparable boina negra. Lo vi salir al patio, como todos los días, y fui tras él. Allí, cerca del pozo se detuvo y empezó a tirar migas de pan y granos de trigo que llevaba en la mano. Y los gorriones bajaron a comer y algunos se le posaron en los hombros.

            CEBREIRO, GROSELLAS ROJAS Y PISTACHOS
                                                                                  
           
Ingredientes:

225 grs de queso de Cebreiro (sustituible por queso de cabra sin corteza)
300 grs de leche evaporada.
75 grs de  grosellas rojas.
30 grs de pistachos pelados y picados.
1 c.s de zumo de limón.
½ c.c de pimienta blanca.
4 hojas de gelatina.





Elaboración:
Poner a rehidratar las hojas de gelatina en agua fría.
Mezclar el queso de Cebreiro con parte de la leche evaporada (reservar una poca para diluir la gelatina), el zumo de limón y la pimienta blanca. Mezclar bien con la batidora.
Calentar la leche evaporada (que no hierva) , retirar del fuego y añadir la gelatina bien escurrida y mezclar hasta que esté completamente disuelta.
Añadir la gelatina disuelta en la leche a la mezcla de queso, remover para integrar todo y mezclar con cuidado con las bayas de las grosellas.
Verter en un molde, previamente untado con aceite de girasol (facilitará su desmoldado) o con su interior recubierto con film de cocina.

Dejar en la nevera hasta que solidifique.


Desmoldar, y decorar nuestro pastel con los pistachos picados y un racimo de grosellas.