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domingo, 21 de enero de 2018

Carrot Cake con Pistachos

Encendió el cigarrillo despacio, atento al diminuto incendio que devoraba el papel y las hebras de tabaco. Aspiró voluptuosamente, sin dejar de mirar la brasa que poco a poco empezaba a crecer, a atizarse con cada chupada. Sara estaba sentada frente a él, silenciosa, con los ojos atentos al pausado deleite con que el cigarrillo subía una y otra vez hasta los labios de Ricardo. Sobre la mesa quedaban las tazas vacías, el azucarero abierto, unas servilletas. Deja el cigarrillo y con extrema cautela le pasa la mano por su negro cabello y luego la besa suavemente en el cuello. Sara le mira y le sonríe cerrando los ojos que vuelve a abrir cuando su boca comienza a decir: Vamos, tonto, que se nos hace tarde para coger el bus. Ricardo vuelve a buscar el cigarrillo que abandonó en el cenicero, pero tiene que encenderlo otra vez, le sabe amargo y luego de darle dos caladas lo apaga nuevamente. Cuando salen de la casa, en el pasillo juegan unos niños y como todas las tardes, encuentran sentado junto a la puerta al viejito de pelo blanco y barba cana que parece una momia. Tiene los ojos celestes y aguados y las manos blanquísimas, que apoya permanentemente sobre la manta que cubre sus piernas, están surcadas de venitas azules. Ya en la calle Ricardo piensa que desde que llegó a aquel viejo edificio del centro, nunca lo ha oído hablar o responder a sus saludos. Vive en otro mundo el viejo, se dice mentalmente Ricardo sintiendo una extraña envidia, unas ganas de envejecer igual, sin prisas ni aspavientos.
CARROT CAKE


Ingredientes:
3 huevos.
140 grs de aceite de girasol.
210 grs de azúcar (mejor si es integral)
½ vaina de vainilla abierta y rallado el interior.
2 c.c de canela molida.
¼ c.c de sal
240 grs de harina.
2 c.c de bicarbonato.
½ sobre de levadura royal.
75 grs de nueces picadas.
45 grs de avellanas picadas.
150 grs de zanahorias ralladas.
1 yogur de piña.
Nuez moscada rallada (una pizca)
Jengibre en polvo (una pizca) opcional

2 clavos de olor machacaditos.
1 tarrina de queso crema.
3 c.s de azúcar glas.
Pistachos pelados y picados.
Frambuesas y hojas de menta para decorar (opcional)

Elaboración:
Mezclamos los ingredientes secos (harina, azúcar, canela, sal, bicarbonato, jengibre, nuez moscada, levadura, clavos molidos).

Batimos los huevos con el yogurt, le añadimos el aceite y mezclamos bien. A esto le incorporamos la zanahoria rallada,
las nueces y avellanas molidas
y la mezcla de los ingredientes secos tamizada. Removemos para que queden todos los componentes bien integrados.

Precalentamos el horno a 180º. Untamos un molde con mantequilla (o aceite) espolvoreamos con harina y vertemos el preparado del pastel. Cocemos durante 30-35 minutos.



Dejamos enfriar, untamos la superficie con la mezcla de queso y azúcar y por encima le ponemos los pistachos pelados y picados.



domingo, 22 de octubre de 2017

Chocolate Y Amapolas: Un bizcocho

Él era, de verdad, ese tipo de personas que creía que  las cosas pasaban así: en el momento menos esperado conoces a alguien, hay una conexión mágica, una complicidad instantánea y tu vida cambia. Y durante años había estado esperando fielmente un momento así. Y llegó. Recuerda que lo primero que le había atraído de ella eran su voz y su sonrisa. Su voz tenía un encanto increíble, un poco áspera y ronca, un poco nasal, un poco como la de un personaje de dibujos animados, una voz de la que brotaban juventud y bondad. Y se fue. En el tiempo que duró su ausencia, todas las noches salía a la calle, subía por una acera de la calle y bajaba por la otra, entreteniéndose en las ventanas empañadas y leyendo los menús que conocía de memoria, pensando que tipo de comida debería elegir para la cena, a qué restaurante barato debería entrar esa noche, en que bar debería tomarse un trago o dos o tres o cinco y no sentirse  solo esa noche. Cuando ella estaba a su lado él era un hombre diferente, un hombre mejorado, por el amor y la felicidad que experimentaba. Ahora, ni un solo día se sentía mejor que el anterior. Y no volvió.

CHOCOLATE Y AMAPOLAS


Ingredientes:
1 yogur bio natural.
1 medida de yogur de aceite suave.
2 medidas de yogur de harina.
½ medida de yogur de maizena.
½ medida de yogur de cacao puro sin azúcar.
1 sobre de levadura (Royal).
3 huevos.
2 medidas de yogur de azúcar de caña.
3 c.s de semillas de amapola molidas.

Cobertura:

1 mango troceado.
2c.s de azúcar de caña.
Las semillas de una vaina de vainilla.
Molde de cake de 25 cm.





Elaboración:

Mezclamos el yogur con el aceite con ayuda de unas varillas. Incorporamos los huevos y mezclamos bien. A esta mezcla le añadimos el resto de los ingredientes secos (harina, maizena, azúcar, cacao y las semillas de amapola molidas).
Forramos con papel de hornear el  molde y encendemos el horno (calor arriba y abajo con aire) a 200º.


Vertemos la mezcla en el molde e introducimos en el horno, bajamos la temperatura a 180º y cocemos durante 35 minutos, hasta que al introducir  un palillo en el bizcocho salga limpio.

Cobertura:
En una sartén, a fuego bajo, ponemos en seco las 2 c.s de azúcar de caña y la vainilla, cuando se haya formado el caramelo vertemos ahí el mango y le damos unas vueltas. Al principio el azúcar se cristalizará, no importa, con más calor volverá a su estado líquido. Cocemos un par de minutos y retiramos del fuego.
Mejor utilizar un mango un poquito duro, yo he usado uno bastante maduro y casi se deshace.


Sacamos nuestro bizcocho del horno y dejamos enfriar, para poder cortar mejor la capa superior a fin de igualarlo.


Cuando la cobertura esté fría se la ponemos por encima al bizcocho y le colocamos unas hojitas de menta para darle una nota de color.


domingo, 13 de marzo de 2016

Financiers con Corazón de Nutella

Esa mañana, la ciudad disfrutó de uno de los días más espléndidos de sus breves y apenas templados veranos. Aquella luz de plata, matizada por los reflejos des sol en el mar, se regocijaba en su encuentro con los jardines donde, alentadas por el calor y la luminosidad, se desplegaban orgullosas las más diversas flores compitiendo por alcanzar los más insólitos tonos de la escala cromática. Pero  aquel día María, no tenía ojos para apreciar aquel espectáculo prodigioso de luz y color. Esa misma tarde, en la soledad de su casa, sentada en su viejo sillón, María se juró que nunca más lloraría. Por ningún motivo. Con el tiempo se tornó más desencantada y cínica. También se hizo más vieja, se sintió más cansada. Supo de muchas maneras que el cielo protector en el cual le habían hecho creer, por el que había sufrido prohibiciones y castigos en aras de una vida eterna, se había desarbolado tanto que ya no podía protegerla de la forma en que se lo habían prometido desde la infancia, acompañado de oraciones y rezos. Y entonces, miró con distancia hacia el territorio que la rodeaba y decidió dedicarse a cuidar de su propia vida y suerte, y de la de sus seres más entrañables. Ahora tuvo la certeza de que estaba mucho más sola que nunca y también experimento el beneficio de sentirse a la vez que era más libre y dueña de sí misma. Ha empezado a caer una lluvia cruzada de relámpagos. María, a salvo de toda inclemencia exterior, bebe un té en silencio, como si ya nada tuviera que decir. Los años y los golpes le han enseñado a disfrutar plenamente de los instantes en que el goce es posible, para dejar caer después esa sensación de disfrute en el recipiente translúcido de la memoria que siempre se puede romper si llegan tiempos peores, en los cuales, incluso, hay razones para llorar.

FINANCIERS CON CORAZÓN DE NUTELLA

Ingredientes:
50 g de harina.
130 g de azúcar glás.
70 g de almendras molidas.
4 claras de huevo.
70 g de mantequilla.
50 g de nutella.











Elaboración:
Precalentar el horno a 210º.
En un cazo pequeño, derretimos la mantequilla a fuego lento y reservamos.
En un bol mezclamos la harina, el azúcar glás y las almendras molidas. Incorporamos las claras de una en una y después añadimos la mantequilla. Mezclar bien.

Untamos de mantequilla los moldes para financiers y llenamos hasta la mitad con la masa. Añadimos una cucharadita de Nutella en cada molde y rellenamos con más masa.



Hornear de 10 a 12 minutos. 


domingo, 21 de febrero de 2016

Cake de Roquefort y Albaricoques

Fernando pensó que, en verdad, podía considerarse un ser muy afortunado: le faltaban miles de cosas, le habían robado cientos, lo habían engañado y manipulado, el mundo entero se iba al garete, pero todavía él poseía cuatro tesoros que, podía considerar los mejores premios de la vida. Porque tenía buenos libros para leer, tenía unos amigos a quienes abrazar, con quienes se podía emborrachar y soltarse a recordar otros tiempos que, en la benéfica distancia, parecían mejores; tenía una mujer a la que amaba y, si no se equivocaba demasiado, lo amaba a él y contaba con la seguridad de poder tener a su viejo profesor de pintura siempre que lo necesitara. Para él, su Maestro. Con esta seguridad acudió a ver a su Maestro y le contó su inquietud, le dijo que le gustaría llegar a la tristeza que hay en un hombre de cincuenta años. Que quisiera descubrirla, porque era una tristeza nueva…No es lo mismo el dolor que la tristeza, lo sabías? Tengo mucha experiencia en el dolor, en la ira, en el desengaño, en la frustración…, y también en el goce del éxito, aun cuando los demás no lo entendiesen y me dejaran en el borde del camino…Pero la tristeza es un sentimiento profundo, demasiado personal. La alegría y el dolor, la sorpresa y la ira son exultantes, cambian el rostro, la mirada…, pero la tristeza lo marca por dentro, dónde crees que puedes encontrar la tristeza? “En los ojos. Todo está en los ojos” No, la tristeza no. La tristeza está más allá de los ojos…hay que llegar al pensamiento, al alma del hombre para verla y hablar con esas profundidades para intentar reflejarla. Por eso  muy pocos hombres han logrado retratar la tristeza…Un hombre triste nunca mira a quien tiene en frente. Busca algo que está más allá de quien lo observa, una huella remota, perdida en la distancia y a la vez dentro de sí mismo. Nunca mira hacia arriba, buscando una esperanza; tampoco hacia abajo, como alguien avergonzado o temeroso. Tiene la mirada fija en lo insondable…

CAKE DE ROQUEFORT  Y  ALBARICOQUES



Ingredientes:
180 gr de harina.
16 gr de levadura (tipo Royal).
Pizca de bicarbonato.
100 gr de queso roquefort.
100 gr de queso mozzarella rallado.
75 gr de albaricoques maduros (sustituibles por albaricoques secos ).
100 gr de leche de soja.
100 gr de clara de huevo.
95 gr de aceite de girasol.
Pimienta blanca molida (al gusto).
Pizca de azúcar (opcional).



Elaboración:
En un bol grande, batir las claras con las varillas hasta que doblen su volumen. Añadir el aceite y la leche y batir suavemente.
Incorporar la harina, la levadura  y la pimienta blanca tamizadas, poco a poco, para  que todo se integre bien.

Añadir a esta mezcla el queso mozzarella rallado, el roquefort desmigado y los albaricoques cortados en pequeños dados. Mezclarlo todo bien, verterlo en un molde apto para el microondas (he utilizado uno de silicona) y hornearlo destapado a la máxima potencia unos 10 minutos (mi micro tiene 850W). Podemos ir abriendo el microondas cada 3 o 4 minutos para comprobar el punto de cocción, sin que se pase.


Una vez fuera del microondas lo espolvoreamos con una pizca de azúcar (opcional) y lo metemos a gratinar 4 o 5 minutos en el horno normal, para que quede doradito.

 Dejar enfriar y desmoldar.

Al poco de sacarlo del horno, templado.
Podemos calentarlo un poquito en el micro antes de servirlo para tomarlo siempre templadito.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Miel y 5 Cereales (en un bizcocho)

Por la tarde, el abuelo Manuel esperó en el salón a que Celia llegara para continuar la historia que habían dejado inconclusa. -Ey, abuelo ya estoy aquí! Por favor, puedes seguir contándome qué le pasó a Orfeo? Verás, Orfeo y los demás dioses lloraron tanto la muerte de Eurídice que llovió durante cuarenta días y cuarenta noches. Mientras duró la canción de Orfeo, sus párpados, y los del mundo, no conocieron el sueño. La cuadragésima noche él comprendió que no podría recuperar a su esposa cantándole al cielo. Miraba en la dirección equivocada. Para recuperarla debía descender al inframundo. Su canción era su escudo contra los demonios del más allá. La lira encandiló a Cerbero, el gigantesco perro de tres cabezas que custodiaba la puerta del inframundo. Mientras Orfeo descendía, los espíritus oyeron su canción y vertieron lágrimas secas, y recordaron lo que era respirar. Sísifo se sentó en su piedra y escuchó. Las tres Furias detuvieron las torturas y se solidarizaron con sus víctimas como por ensalmo. Por un instante Tántalo olvidó la eterna sed que lo aquejaba. Y la canción despertó la compasión de Proserpina. “Llévatela”, dijo la diosa del inframundo. Convocó al dios Mercurio para que trajera a una Eurídice que cojeaba. “Sigue a Orfeo y a su esposa”, ordenó Proserpina a Mercurio. “Devuélvelos a su mundo. Pero escucha, Orfeo, oye lo que tengo que decirte. Tu esposa volverá a vivir con una condición. Te la llevarás de mis dominios, pero no puedes mirar atrás. Si caes en esa tentación, me la quedaré para siempre”. Orfeo partió, salió del inframundo. Oyó tras él los pasos alados del dios, a veces débiles y a veces no. Confió en él y recorrió corredores tenebrosos y escarpados, túneles oscuros y senderos tortuosos. Creía que su amor le seguía. Cambió la luz. Ante él tenía la puerta. Miró hacia atrás y vio como su esposa era arrastrada de regreso al inframundo. “Un último adiós”, le oyó decir, pero el sonido de su voz llegó cuando ella ya se había esfumado. Y la perdió. -Abuelo, esta historia no tiene un final feliz, tu siempre me cuentas historias con final feliz. -Eso es fácil de arreglar. Orfeo murió, descendió al inframundo y pudo buscar a Eurídice todo el tiempo que quiso. -Por qué siempre es malo mirar atrás, abuelo? -La verdad es que no lo sé. Pero lo que sí sé, es que lo que te ha preparado la abuela para merendar te va a gustar mucho, mucho…Vamos:

MIEL Y 5 CEREALES 
(en un bizcocho)


Tenía en la despensa una bolsa de copos de cinco cereales a medias y a  puntito de caducar y pensé que una buena opción era esta.

Ingredientes:

115 grs de mantequilla a temperatura ambiente.
200grs de azúcar integral.
2 huevos.
½ vaso de leche evaporada.
3 c.s de miel de brezo.
1 vaina de vainilla.
210 grs de copos de 5 cereales.
1 c.c de polvo para hornear (levadura Royal)
½ c.c de bicarbonato.
1 manzana Golden picada en trocitos (menos ¼ que laminaremos para adornar).

Elaboración:
Lo primero es triturar, pero no excesivamente, los copos de los cereales hasta convertirlos en harina, (trigo, cebada, avena, centeno y arroz) para ello he utilizado la thermomix.
Batimos con ayuda de las varillas eléctricas la  mantequilla con el azúcar a velocidad media durante unos 4 minutos. Bajamos la velocidad y  añadimos los huevos de uno en uno.  Incorporamos la miel y las semillas del interior de la vaina de vainilla. Batimos un poquito más.

Aumentamos la velocidad  e incorporamos la harina junto con el polvo de hornear y el bicarbonato, que quede todo bien integrado.
Añadimos la leche, mezclamos otro poquito y ahora incorporamos la manzana troceada (menos  ¼  que reservamos para cortar en finas láminas para adornar).
Removemos y vertemos en nuestro molde (20cm.)


Precalentamos el horno a 175º.
Una vez que tenemos la masa en el molde  decoramos con los gajos finitos de manzana y encima de cada gajo ponemos un pizquito de mantequilla y un poquitín de azúcar. Introducimos al horno de  35 a 40 minutos. 
Como lleva azúcar integral el color será más dorado que cuando el azúcar es blanco, pero el sabor es…realmente honey, honey.
Exquisita templada (sólo tendrás que meterla unos segundos en el microondas, si la quieres tomar así), pero fría está deliciosa.


domingo, 4 de octubre de 2015

Bizcocho de Naranja y Azahar

Le vió aparecer por la puerta del viejo bar y sintió en los brazos y las piernas una flojera de títere inservible que añora un rincón tranquilo. Se arrepintió de aquella cita como Judas de haber vendido al Maestro. Deseaba que todas las ausencias acumuladas en los últimos años siguieran contenidas en alguna habitación de su alma ¡Cuán difícil le resultaba! Según avanzaba él, sonreía ella, cada paso que daba él, ella pensaba  en cómo le gustaría tener entre sus dedos un cigarro de aquellos que antaño solían fumar “a medias”, sin huir pero huyendo amordazó sus nervios con una sonrisa más amplia. Se levantó para facilitar lo que más temía pero también más deseaba: su abrazo. Sólo él sabía abrazarla. Y a pesar del tiempo transcurrido pudo comprobar que seguía haciéndolo como si no hubiera pasado un solo minuto desde que se hubieran visto por última vez. Su cerebro avanzó hasta el rincón más oscuro, allá donde se guardan las preguntas que uno no debería hacerse nunca y, se hizo una pregunta: A cuántas habrás abrazado así desde que ya no me abrazas a mí? Para que su corazón no empezara a llorar, halló una respuesta muy rápido: ¡Qué afortunadas han sido todas! Comenzaron con las formalidades típicas y tópicas, esas que empezaron a romper el hielo que el paso del tiempo había ido formando cual iceberg entre ellos. Ellos que habían sido nosotros. La conversación fue avanzando y con ella la tarde que dejó que la noche cayera como un pañuelo sobre un truco de magia. Con la noche, el momento de la despedida. Se estrechó contra ella y la besó en los labios. Sabía a tarde de otra época, a humedad de siesta, a hierba rozada por el agua, fue como volver a sumergirse en el río donde se descubrieron por primera vez aquel verano. Comprobó que en sus labios estaba escondido el verano, todos los veranos… “Ahora que has vuelto, podremos vernos más a menudo, no crees?” Claro, cómo no!! Según caminaba iba pensando cómo todo lo que habían amado permanecía en ellos aunque se hubiera perdido en el tiempo. Todo había cambiado pero les quedaban los recuerdos. Y yo deseo que quede en tu recuerdo, cuando lo prepares, este fantástico:

BIZCOCHO DE NARANJA Y AZAHAR



Ingredientes:

250 grs de azúcar.
1 naranja entera de zumo, bien lavada y sin pelar.
3 huevos.
2 c.s de agua de azahar.
100 grs de mantequilla salada a temperatura ambiente.
160 ml (170 grs) de leche evaporada.
250 grs de harina.
50 grs de maizena.
1 sobre de levadura Royal.
7 rodajas de naranja confitadas (opcional).

Elaboración:
Ponemos en el vaso del Thermomix el azúcar, la naranja troceada y los huevos y programamos 3 minutos a 37º en velocidad 5.

Añadimos la mantequilla, la leche evaporada y el agua de azahar y mezclamos todo a velocidad 3 durante unos segundos.
Incorporamos la harina, la maizena y la levadura y mezclamos todo 15 segundos en velocidad 2 ½ . 
Terminamos de mezclar con la espátula.

Engrasamos un molde de plum-cake con mantequilla y lo forramos con papel de hornear, vertemos la mezcla en él, procurando no llenar más de 2/3 del mismo. Sobre la superficie colocamos unas rodajas de naranja confitada y espolvoreamos con azúcar, para que al cocerse el bizcocho se forme una costra.

Introducimos en el horno precalentado a 180º  unos 30 minutos  con calor abajo y aire. Lo colocamos en el segundo nivel empezando por abajo.



Nota: Como me sobró un poco de masa la utilicé en unos moldes de silicona (sin engrasar), primero puse la rodaja de naranja y encima eché la masa de bizcocho y el resultado me gustó muchísimo (los saqué del horno a los 20 minutos).


domingo, 2 de agosto de 2015

Sweet Varese de Calabacín y Naranja

Llevaba una temporada durmiendo mal, se pasaba las noches despertando cada dos o tres horas. Esta noche también. Por un momento observó lo que le rodeaba. El reflejo de la luna atravesaba los cristales de la ventana y dibujaba formas esquivas en la superficie de la cama, que se transformaban grotescamente cuando se alteraba la perspectiva desde la que eran descubiertas. Eran las figuras de la soledad. La almohada parecía ahora un perro acurrucado y casi redondo, como el viejo Rufo. La sábana, caída hacia el suelo, un velo abandonado, como el de una novia que huye de forma trágica. Encendió la luz de la lámpara de noche y la magia se evaporó: la sábana perdió tragicidad y la almohada recuperó su identidad de simple, vulgar, desconsolada almohada. Miró el reloj: las cuatro y treinta y cinco de la noche…otra noche de desvelo, otra noche que quedaría reflejada en sus ya oscuras ojeras. Se levantó y bajó hasta la cocina, ni siquiera encendió la luz, suficiente con la que entraba por el ventanal. Miró hacia afuera, sin buscar nada y buscando algo que pudiera relajarlo un poco, la luz de un barco en el horizonte, algún gato callejero buscando amores, un papel movido por la brisa de la noche…Recordó algo que había leído hacía tiempo a cerca de que cada noche tiene su manera de ser, como las personas. Hay noches tranquilas, pacíficas, belicosas, antipáticas, felices, profundas, monótonas. Las personas dependen de sus amistades y las noches de los cuerpos, de todo lo que se esconde dentro de un cuerpo. Dime con quién andas y te diré quién eres. Dime qué tipo de oscuridad se esconde en tu cuerpo y te diré cómo anda tu vida y cómo pasas las noches. Antes de llegar a la cara, todas las preocupaciones necesitan por lo menos una noche para dejar su huella. Según esto a él sólo le queda saber qué era lo que le preocupaba y no conseguía ver…Si todo, aparentemente, todo a su alrededor estaba ok.

SWEET VARESE DE CALABACÍN Y NARANJA



El Varese es un dulce típico de la ciudad lombarda de la que toma su nombre, se caracteriza por hacerse en un molde semicircular acanalado y cuyo ingrediente fundamental es la harina fina de maíz utilizada en la elaboración de la polenta, que le otorga el color amarillento característico.
Como ves, mi SWEET VARESE, se parece al original en el color y en la forma. Aparentemente...Sí es un Varese.



Ingredientes:
200 grs de calabacín rallado (con parte de la piel).
2 huevos.
125 grs de azúcar.
6 semillas de cardamomo molidas.
Ralladura de 1 naranja (su piel).
Zumo de 1/2 naranja.
85 grs de aceite de avellana (sustituible por girasol o maíz)
150 grs de harina de todo uso.
50 grs de harina de arroz.
10 grs de levadura (tipo royal).
Pizca de sal.


Elaboración:
Encendemos el horno a 180º para que se vaya calentando mientras preparamos el  Varese.
Rallar el calabacín y reservar bien escurrido.


Batir los huevos junto con el azúcar hasta que doblen su volumen y  la mezcla se vuelva blanquecina (unos 10 minutos con las varillas eléctricas). Entonces, añadir con cuidado el aceite (como si fuera una mayonesa) y seguir batiendo. Incorporar la ralladura de naranja, las semillas de cardamomo, el calbacín rallado y el zumo y mezclar todo bien con la ayuda de una espátula. 
Mezclar la harina de trigo, con la harina de arroz,  la levadura y  la sal  y tamizándola  vamos añadiendo sobre la mezcla.
Mezclar con cuidado y llenar el molde, previamente engrasado.


Nota: como me sobró masa llené unos cuantos moldecitos de madeleines para luego decorar el Varese.



Introducir en el horno y cocer a 180º durante 20/25 minutos (depende del horno: lo mejor es la prueba del palillo). Cuando falten 10 minutos introducimos la bandeja de las madaleines que se harán enseguida.


NOTA: Mis pucheros y cazuelas me han pedido vacaciones hasta septiembre, creo que es justo y hasta necesario que descancansen y yo con ellos...así que ¡Volvemos en Septiembre!!!
Sed Felices...

domingo, 24 de mayo de 2015

Calabacín Para Todos...Los Gustos.

Esther, mi vecina, era igual a todos los niños del barrio, pero era distinta. Es decir, se reía, se sentaba, se vestía, hacía bromas, corría, bailaba como podría hacerlo cualquiera de nosotros. Pero las cosas que contaba no se parecían a la vida que los demás del barrio vivíamos: que el año nuevo en su familia era en septiembre, ni siquiera tenía fecha fija porque el calendario era lunar; que el mesías no había llegado y que aún lo estaban esperando, por eso no celebraban el nacimiento del Niño Jesús;  que no rezaba en la iglesia, sino en la sinagoga, y no los domingos, sino los viernes; que Israel también era su patria aunque nunca hubiera estado allá. Cuando llegó al barrio se presentó así: Me llamo Esther, como la de la Biblia, y tu?  Yo me llamo Vanesa pero me dicen Vane, y sentí como si mi nombre no tuviera peso, era un nombre sin más, no estaba en ningún libro sagrado. Inicialmente nuestra amistad era balcón. A ella no la dejaban entrar a casas ajenas y a mi no me dejaban salir, así que lo de amigas, es un decir. Ella se paraba unos minutos debajo de mi balcón y me relataba algo, siempre había sucesos a su alrededor. A los dos años de vivir en el barrio, murió doña Raquel, la abuela de Esther. Me llamó la atención el gorrito que los hombres tenían en la cabeza; me enteré de que se llamaba kipá y de que los hombres no debían tener la cabeza descubierta en presencia de Dios. Y como todos los hombres tenían puesta la kipá, pensé que Dios estaba en la casa de mi amiga y lo había traído la abuela muerta. Unos días después de que terminara el ajetreo en la casa de los vecinos y la calle recobrara la calma, Esther volvió a aparecer debajo de mi balcón. Mi mamá me dio permiso para venir a visitarte. Aunque nunca la había invitado a entrar, me gustó la idea. Bajé corriendo a abrir la puerta. A partir de ese momento, puedo decir que, nos volvimos las mejores amigas. Éramos las mejores amigas de lunes a viernes en las tardes. Los fines de semana, ella iba con su familia y yo con la mía. Ella iba al cine con su grupo y yo a la disco con el mío. Nunca intentamos cruzar esos mundos, era tácito que pertenecíamos a esferas diferentes aunque viviéramos en la misma calle y habláramos el mismo idioma. Siempre teníamos historias para compartir.

Hoy triplete de recetas, menú completo cuyo protagonista es el calabacín desde el principio de la comida hasta el fin.
CALABACÍN ENCURTIDO


Ingredientes:
Calabacín.
Cebolla tierna.
Vinagre.
Sal (opcional).
Perejil.
Elaboración:
Lavar y pelar el calabacín (todo o a rayas) y cortarlo en bastones o a rodajas.
Cortar la cebolla en trozos no muy grandes.

Poner el calabacín y la cebolla en un recipiente, añadir un poquito de sal (opcional) y cubrir con vinagre. Dejar en el frigorífico hasta el momento de servir. 

Nota:
*Está mucho mejor según pasan los días.
*Se puede “rebajar” un poquito el vinagre con vino blanco.
*Este entrante lo he preparado para muchísimas personas y siempre ha sido un éxito.

PELOTITAS CRUJIENTES DE CALABACÍN, QUESO Y CECINA


La idea de estas pelotitas me la ha inspirado María José, yo le he puesto un poquito de mi toque personal, pero la idea sigue siendo suya.

Ingredientes (18 pelotitas aprox):1 calabacín de unos 165 grs.
1huevo  semi batido.
50 grs de queso rallado (mezcla de 3 quesos)
50 grs de cecina  muy picada.
Pimienta negra recién molida (al gusto)
½ c.c de tomillo seco (opcional).
4 ó 5 c.s de pan rallado.
Para el rebozado:
1 huevo batido.
Pan rallado.
Panko.

Elaboración:
Lavamos el calabacín, lo secamos, pelamos (podemos quitarle toda la piel o sólo parte. Yo he optado por quitarle una tira sí y otra no…) y rallamos.  Lo colocamos sobre  papel absorbente y lo apretamos levemente, para quitarle un poco el agua que suelta.

En un bol ponemos el huevo y lo batimos un poquito, añadimos el calabacín, el queso, la cecina, un poquito de pimienta molida, el tomillo y el pan rallado.
Mezclamos todo bien y dejamos reposar durante una hora en la nevera, así el pan absorberá el exceso de líquidos,  y todos los sabores se integrarán.
No he puesto sal porque los quesos y la cecina ya llevan sufiente.


Rebozado y fritura:
Formamos pequeñas bolas un poco más grandes que una nuez y las pasamos primero por pan rallado, luego por huevo batido y finalmente por panko (esto le dará una corteza muy crujiente). Freímos en aceite caliente y cuando estén nuestras pelotitas doradas las sacamos y dejamos sobre papel absorbente para que dejen allí el exceso de grasa. De aquí al plato.


Acompañamiento:

Base: Salsa de tomatillo verde (salsa mexicana, un puntito picante).
Cima: Mermelada de tomate rojo y hierbas aromáticas (salvia, romero, orégano).


TARTA DE CALABACÍN CON SU COBERTURA DE CHOCOLATE BLANCO.



Ingredientes:

Para el bizcocho base:
250 grs de calabacín.
3 huevos.
150 grs de azúcar.
1 c.c de jengibre.
¼ c.c de nuez moscada.
1 ½  c.c Canela
Ralladura de lima (o limón).
100 grs de aove suave.
200 grs de harina.
10 grs de levadura tipo Royal.
Pizca de sal.

Para la cobertura de chocolate blanco:
*para realizar esta cobertura necesitaremos un termómetro de cocina.
270 grs de yogur griego.
360 grs de chocolate blanco.
25 grs de azúcar invertido.
90 grs de mantequilla.

Para decorar:
Algunas tiras de piel de calabacín (bien lavadas y secas).

Elaboración:


Bizcocho de calabacín:
Rallamos el calabacín y reservamos hasta su uso.
Encendemos el horno a 180º (que vaya calentándose, todo será rápido de elaborar).
En un bol batimos los huevos junto con el azúcar y la ralladura de lima hasta que doblen su volumen (unos 10 minutos aprox). Añadimos el Aove cuidando de que la mezcla anterior no baje.
Mezclamos la harina, la levadura, la nuez moscada y el jengibre y se lo añadimos tamizando de tres veces a la mezcla de huevos, azúcar y aceite. Por último añadimos el calabacín.
Engrasamos un molde, ponemos la masa, espolvoreamos con la canela y cocemos unos 30 minutos aproximadamente (lo mejor, es la comprobación del palillo una vez transcurrido este tiempo).
Una vez frío guardamos es bizcocho en una bolsa de plástico hasta el día siguiente, que será cuando montemos nuestra tarta. 

Cobertura:
Fundimos el chocolate a 40º máximo (mejor hacerlo al baño maría para controlar la temperatura).
Mezclar el yogur y el azúcar invertido y calentar  en el microondas a 35º (esto nos llevara unos 23 segundos, pero mejor  ir comprobando, a los 20 sacamos, removemos y comprobamos, y así hasta que esté). Mezclamos con el chocolate  y emulsionamos con la batidora de brazo (la de toda la vida de dios). Calentamos la mezcla hasta 35º y añadimos la mantequilla cortada en dados, removemos hasta que esté todo perfectamente integrado. Pasamos  esta mezcla a la nevera por un mínimo de 24 horas, lo cual permitirá que en el momento de utilizarla tenga la consistencia ideal para cubrir nuestro bizcocho.


 Piel de calabacín confitada: Hacemos un almíbar espeso y  ponemos unas tiras de piel de calabacín a cocer unos 5 minutos, las sacamos del almíbar y dejamos enfriar hasta que las vayamos a utilizar.

Montaje:
Partimos el bizcocho a la mitad (hice dos tartas) y luego abrimos los bizcohos al medio (en horizontal) para rellenar una de las partes con cobertura de chocolate, tapamos con el otro medio bizcocho y cubrimos con la cobertura de chocolate blanco. Decoramos al gusto con la piel de calabacín confitada.