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domingo, 25 de marzo de 2018

Pollo Escondido


La puerta se abrió suavemente y por ella se coló una peineta cubierta por una negra mantilla que tapaba parte de  la cara y toda la cabeza de quien la llevaba…Mecagoentóloquesemenea, qué susto jamía….me vas a matar y vienes vestida para el funeral. “-Lo siento, sólo venía a enseñarte mi look para la Procesión del Silencio”. Maruchi, eres como la caja de bombones del Forrest Gam, no dejas de sorprender, no sabía yo que eras tan creyente y más aún  tan devota, siéntate y explícame porque no doy.  “Veras, me he ofrecido  a la Santa Virgen de los Dolores, para que me dé algún indicio de que  Igor está bien, sano y salvo…que hace cuatro meses que se fue a la boda de su prima Natacha, que, según el, no podía faltar  bajo ningún pretexto porque la quiere mucho, mucho. Y estas son las fechas en las que aún no ha dado señales  de vida. De comer no creo que le falte pues se llevó un buen montante de dinero, pero con el frío que hace por allá… Menos mal que cuento con el apoyo emofísico de Paolo para superar la distancia y el silencio” Emofísico?  “Si, hija, sí; me ofrece su hombro para mi desmorone emocional y el resto del cuerpo para aliviar la ausencia física, que es grande, grande” Y cuando vuelva Igor cómo se va a tomar lo de Paolo? “Según Samantha, la que echa las cartas en mi bloque, Igor no va a volver porque una mujer (con la que guarda cierto parentesco) se ha cruzado, en plena estepa siberiana, en su vida y él está feliz en sus brazos. Como no me fio mucho de lo que dice Samy, pues por eso acudo a la Virgen, a ver si veo una señal y mientras  espero la señal, pues Paolo me ayuda a superar este duro momento en mi existencia” Bien Maruchi, aclarado todo y viendo las horas que son, que te parece si te quitas la peineta y la mantilla y preparamos algo para cenar?

POLLO ESCONDIDO


Ingredientes (4 personas):

½ pechuga de pollo limpia y cortada en trozos pequeños.
1 c.c de orégano.
Sal y pimienta recién molida (cantidad al gusto).
1 bolsa  (150 grs) de 4 quesos rallados.
1 c.s de aceite de oliva.
6 quesitos en porciones.
4 lonchas finas de bacon ahumado.
1 puerro (la parte blanca) muy picado.
200ml de nata para cocinar.
8 bases refrigeradas de mini pizzas.

Elaboración:

Picamos el pollo,

lo salpimentamos y le añadimos el orégano

 Reservamos.

En una de las bases de pizza colocamos ¼ parte del pollo


y encima ponemos, con generosidad, parte de la mezcla de 4 quesos rallada.
Cerramos la base de pizza con otra base, y colocamos en la fuente del horno. Hacemos lo mismo con el resto. Hasta conseguir 4 pollos escondidos.


Calentamos el horno a 180º y metemos nuestra bandeja con los pollos escondidos por unos 20 minutos, hasta que la masa adquiera un bonito color dorado.
Mientras la preparación está en el horno, hacemos la salsa: en una sartén ponemos 1 c.s de aceite y echamos el bacon muy picadito, esperamos hasta que esté crujiente, momento en el que añadimos el puerro y pochamos suavemente.
Cuando el puerro esté transparente añadimos los quesitos y la nata y removemos bien para que los quesitos se derritan y la salsa adquiera la textura deseada. Rectificamos la salsa de sal y pimienta al gusto.
Fuera del horno nuestro pollo escondido, lo napamos con la salsa caliente y…


nos lo comemos.



domingo, 11 de febrero de 2018

Ajiaco Colombiano

Al abuelo le gustaba que su nieta le leyera algunos fragmentos de los pocos libros que tenían en casa. Era muy culto su abuelo y había leído bastante hasta que aquella enfermedad extraña en los ojos lo fue dejando ciego. Ella se preguntaba si hubiera resistido vivir así, en ese horror oscuro toda su vida. No, si le incomodaba hasta la oscuridad del cine cuando iba con las amigas y llegaban con la película empezada. Qué miedo esa negrura absoluta, ese tener que andar a pasitos cautelosos, con el temor a estrellarse de pronto con una pared o caerse a un abismo. Pero a todo se acostumbra uno, sobre todo los ciegos que aún recuerdan los colores, los objetos, las formas. Además, lo cierto era que los ciegos desarrollaban mejor los otros sentidos, el oído, el tacto, el olfato. Y debía ser así, pensaba ella, porque su abuelo sacaba a las personas por el ruido de los pasos. Y sus manos, recordó: como dos arañas atentas, descubriendo las formas rutinarias como por primera vez siempre; cuando tocaba los vasos, la empuñadura del bastón, la manta con la que se envolvía las tardes de frío, cuando la humedad calaba sus huesos cansados. Aun escuchando mejor, oliendo mejor, ella no cambiaría la vista por nada del mundo. Cómo sería? Recordaba que su primo una vez le había preguntado, tan torpe como siempre: “Abuelo, cómo es estar ciego?, y antes de que ella pudiera decir nada, el abuelo sonrió y le dijo mete la mano en tu bolsillo y rebusca lo que tengas allí: así es estar ciego.

AJIACO COLOMBIANO


Ingredientes:

½ Pechuga de pollo.
1 l. de caldo de pollo (o agua).
1 mazorca tierna (cortada en rodajas)
2 patatas amarillas.
2 patatas criollas (o patatas de cachelos).
Unas hojas de cilantro.
Unas hojas de guasca secas.
1 diente de ajo.
1 cebolla tierna (no muy grande).
2 c.s de alcaparras.
2 c.s de crema de leche.
Sal (optativo) y pimienta.

Elaboración:

En una olla ponemos el pollo, el caldo, el cilantro, el ajo, la cebolla y sal y cocemos de 35 a 40 minutos.

Retiramos el pollo y reservamos.
En el mismos caldo colocamos el maíz y seguimos cociendo unos 30 minutos a fuego bajo.  Pasado este tiempo retiramos la cebolla  y añadimos los dos tipos de patatas cortadas en rodajas como de 2 cm. Y cocinamos a fuego lento de 15 a 20 minutos. Salpimentamos al gusto.


Con ayuda de dos tenedores deshebramos la carne de pollo y la ponemos de nuevo en la olla. Servimos caliente con alcaparras, crema de leche y si tenemos, unos cubos de aguacate.

*La guasca la podemos encontrar en tiendas de productos sudamericanos, al igual que las papas amarillas y las criollas.


domingo, 19 de junio de 2016

Zapallito, Pollo y Queso: Milhojas

La última patada que la vida le dio a Marta la ubicó directamente en un pequeño pueblo, de esos de interior, mejor diría que  de  un profundo interior de vértigo. El pueblo  es tan joven y tan pobre que no tiene leyendas, fantasmas ni historias remotas. No cuenta siquiera con un cementerio, propicio a los aparecidos, y la santa de la iglesia jamás realizó ningún  milagro memorable, tampoco ninguno que fuera  discretamente rumoreado…ni milagritos en el pueblo!!! El pueblo  sí que tuvo algo así como un par de damas acaudaladas y neuróticas - cualidades indispensables y parejas- pero sin oscuras noches de lujuria dedicadas a juegos prohibidos, y que nunca  llegaron a engendrar voluptuosos recuerdos, aunque sí algún pícaro comentario sobre las necesidades espirituales nocturnas que, hacían indispensable, la visita del maduro pater, hisopo en ristre y sotana al viento, a una, otra o ambas dos; la mayoría de las veces en horas donde sólo se oye el maullar de los gatos a la luna. Por eso, cuando en la calle más estrecha del pueblo apareció la fachada de la casa de Marta, pintada de los colores del agua y las nubes, la imaginación de la gente se inflamó como vela que se agita con los vientos favorables. Y han surgido historias insólitas, maravillosas, espeluznantes a veces. Pero esto ha pasado cuando el primer fantasma visto en el pueblo debe tener, por lo menos, setenta y cinco años de soledad.  Cuando el sol va escondiéndose,  sale  a pasear el tranquilo y adormilado fantasma,  en su vestimenta no  falta un detalle de hombre de honor de cualquier tiempo presente o pasado. Lo curioso es, que la voz se ha corrido y de vez en cuando  hay más de un fantasma jugando a las cartas en algún rincón de la vieja  chopera…se les oye cantar las cuarenta en bastos  y a poquito que te quedes sin hablar, el viento trae sus risas y voces. No es de extrañar que los fantasmas estén empezando a salir de sus aburridos silencios, cuando lo que les llega es el aroma de la cocina de Marta:

 ZAPALLITOS, POLLO Y QUESO: MILHOJAS


Ingredientes (4 personas):

4 zapallitos no muy grandes.
½ pechuga de pollo fileteada.
6 c.s de queso mozzarella rallado.
Un poquito de orégano seco.
Pimienta negra recién molida (optativo y al gusto)
Salsa de tomate casera (cantidad necesaria) fría.





Elaboración:
Lavamos bien y cortamos  horizontalmente, en rodajas no muy gruesas, los zapallitos. Reservamos.
Fileteamos y cortamos en trozos pequeños la ½ pechuga de pollo (para que no se nos salga en exceso de la milhoja).


Colocamos una primera rodaja de zapallo (le cortamos un poquito la base para que se mantenga en el plato), le ponemos un pizco de orégano y encima el pollo (procurando ajustarlo a la forma de la base) con su toque de pimienta y sal…si quieres, vertemos una cucharada de salsa de tomate y por último el queso. Repetimos la operación hasta acabar con la rodaja final de zapallito, servirá de sombrero.


Para que no se nos vaya al garete nuestra obra de arte, le insertamos un palo de brocheta.
Vertemos unas cucharadas de salsa de tomate en el fondo de la fuente, o el plato donde lo vas a servir (como he hecho yo).


Introducimos en el microondas, a máxima potencia, 3 minutos si es en versión individual y unos 8 si ponemos tres o cuatro en la fuente.


Al ser tierno el zapallito queda perfectamente cocinado, al igual que el resto de los ingredientes. 


domingo, 8 de mayo de 2016

Pollo con Piña Y Salsa de Cebolla

La casa de la calle Esperanza número diecisiete ya no existe. Sus paredes, lamidas por el tiempo, el abandono y las lluvias de uno tras otro abril, tuvieron al fin grietas insalvables, y la casona, antes aristocrática y ventilada, lanzó sus últimos gemidos en el acto irreversible de la demolición. Cayó vencida, con pena y sin gloria, como unos años antes, en uno de los más calurosos veranos, muriera allí su último morador. Allí dijo adiós un hombre que había venido a la tierra para alegrar a los demás. En su pequeño altar de madera noble, con su hábito negro y el rostro serio de siempre, santa Rita había visto también el final de ese hijo suyo, un hombre de muchos amigos, pero que se había ido solo como cualquier olvidado de la tierra. ¡¡Ay, santa Rita, Rita... te olvidaste que lo que se da no se quita!! Agustín era algo más que un excelente payaso, era un ejemplo vivo de intuición creadora. Agustín se rodeaba de cuanta cosa pudiera dar música, sartenes, botellas, bocinas, timbales…todo le servía. Ninguno de los que lo vieron olvidó su gran número, en el verano que más calor hizo, llenó con agua, hasta distintas alturas, varias botellas de refrescos que colocó sobre una mesa, allí, en una esquina de la plaza. Profirió un grito, abrió los ojos desorbitados y con sus baquetas empezó a extraerle música recóndita y única a la inconcebible hilera de botellas… ocho canciones después, aquel rincón de la plaza se convertiría en su cuartel general y en el lugar más visitado del pueblo. Dicen los viejos del lugar que un inexplicable talento musical guiaba los oídos y las manos de este hombre para sacar armonía de objetos diversos y diferentes. Agustín ganó mucho dinero y nunca se preocupó por tener nada, ni siquiera un coche, y sin embargo, ayudaba a todo aquel que se lo pedía y por eso tenía muchos amigos. El dinero para él sólo servía para el buen ron y para sus amigos. Así era Agustín.

POLLO CON PIÑA EN SALSA DE CEBOLLA, SALVIA Y SOJA


Ingredientes (3 personas):

6 contramuslos de pollo limpios de piel y grasa pero con el hueso.
Salsa Tajín.
2 c.s de aove.
1 sobre de sopa de cebolla (3/4 partes)
1 lata de piña en su jugo (utilizaremos 6 rodajas y el jugo).
1 c.c de salsa worcestershire.
2 c.s de salsa de soja baja en sal.
hojas de salvia.



Elaboración:

Sazonamos el pollo con la salsa Tajín  y lo colocamos en un  recipiente que pueda ir al microondas.



Añadimos las 2 cucharadas de aceite,  la piña cortada a trozos, la salsa worcestershire , la soja, el jugo de piña, unas hojas de salvia y por último la sopa de cebolla. Mezclamos todo y lo introducimos 10 minutos a máxima potencia en el microondas.
Sacamos del microondas, removemos y…listo.


domingo, 6 de diciembre de 2015

Espinacas,Setas, Pollo y 4 Quesos, con su base.

Hoy tengo un cuento para ti, érase una vez un pobre pastor que vivía en un pueblo de las montañas. Era tan pobre que no podía alimentar a sus hijos y la familia se acostaba en ayunas con harta frecuencia. Una noche, él tenía tanta hambre que soñó con la ciudad del pan y de la prosperidad. Decidió que se trasladaría a la ciudad a hacer fortuna. No esperó ni un minuto; preparó un hatillo con sus cosas y se puso en camino hacia la ciudad. Anduvo hasta allí, buscó trabajo y para ello habló con todos los comerciantes, constructores, panaderos, cocineros y guardianes. Suplicó que lo contrataran, pero nadie quiso hacerlo. Cómo iba a hacer fortuna? Una semana después aún no había encontrado nada. Tenía el estómago más vacío que nunca y se sentía más solo de lo que podía haber imaginado. Estaba cansado y, al caer la noche, entró en una iglesia y se tumbó en el suelo con la intención de dormir. Pero en mitad de la noche unos guardias lo despertaron, lo golpearon y lo metieron en la cárcel. Compareció ante un juez, quien le preguntó por qué había entrado en la iglesia. El pastor le habló del sueño, pero el juez no se inmutó y lo condenó a tres días de cárcel. “Los sueños son cosa de tontos” dijo el juez. “Justo anoche soñé con un tesoro enterrado en las montañas, en un campo en el que dos almendros, dos robles y un álamo dibujan sombras que parecían las de hombres bailando. Acaso ves que abandone mi trabajo y me lance a la búsqueda de ese tesoro soñado?” El pastor cumplió las tres noches de cárcel y cuando lo soltaron emprendió corriendo el camino de regreso a su casa y buscó aquel lugar familiar donde dos almendros, dos robles y un álamo dibujan sombras que parecen las de hombres bailando, era el campo donde había llevado a pastar a sus ovejas durante años. Desenterró el tesoro y se convirtió en un hombre rico. Alimentó por fin a su familia y pudo acostarse todas las noches saciado y satisfecho. Y qué te parece si nosotros preparamos para cenar:

ESPINACAS, SETAS, POLLO Y 4 QUESOS
(con su base)


Ingredientes:


4 bases de mini pizzas.
1 bolsa de queso rallado (4 quesos)
1 manojo de espinacas frescas.
½ pechuga de pollo cortada en trocitos.
20 setas de cardo (u otra variedad) frescas.
¼ vaso de vino blanco seco.
½ cebolla.
Pimienta negra recién molida.
Sal (opcional)
Aove (cantidad necesaria)





Elaboración:
En una sartén ponemos un poquito de aceite y ahí pochamos la cebolla a fuego medio- bajo, cuando esté blandita añadimos el pollo y lo cocinamos unos minutos (como está muy picado, se hará enseguida), echamos  las setas, removemos, salpimentamos y vertemos el vino blanco, dejamos cocinar unos 10 minutos a fuego no muy fuerte.
En otra sartén y con un poquitín de aceite, echamos las espinacas y las cocinamos un par de minutos, hasta que se ablanden.

Precalentamos el horno a 180º, calor abajo y aire.
Untamos con una brocha los recipientes donde vayamos a poner nuestras bases de mini pizzas, para hacer unos “cestillos” donde colocaremos el relleno de nuestra cena.


Colocamos encima las bases de mini pizzas.


Rellenamos con las setas y el pollo y encima colocamos las espinacas.

Cubrimos con los cuatro quesos rallados y metemos al horno, unos 15 minutos, hasta que la masa esté hecha y el queso fundido.


domingo, 15 de noviembre de 2015

Pollo a la Naranja

Abuelo y nieta disfrutaban enormemente estando juntos, él había conseguido transmitirle a la pequeña Celia el amor que sentía por los libros y la música y ella respondía a sus enseñanzas con una curiosidad inusual y un deseo enorme de compartir todo el tiempo posible con el abuelo Manuel. Hoy te voy a contar la historia del músico más grande que existió nunca.-Tocaba el violín? -Tocaba la lira. Se llamaba Orfeo. Vivió hace mucho, mucho tiempo. Antes de que él existiera el mejor músico era su padre, el dios Apolo. Un día Apolo y su musa mayor, Caliope, tuvieron un hijo llamado Orfeo. Su padre le dio su primera lira y le enseñó a tocarla. Y el hijo superó al padre, el alumno llegó a ser mejor que el maestro, pues era hijo del dios de la música y de la musa de la poesía. Su música era lo bastante poderosa como para seducir a dioses, humanos y bestias e incluso acallar a las sirenas. Orfeo era humano, pero tocaba como un dios, y eso le hizo perder parte de su humanidad y convertirse en semidivino. Y entonces, él…se enamoró y volvió a ser humano. Orfeo conoció a Eurídice y se casó con ella, pero Himeneo, el dios del matrimonio, no pudo bendecir el enlace: las antorchas del himeneo se apagaron, y su humo llenó los ojos de lágrimas. No mucho después de la boda Eurídice paseaba por los prados cuando fue vista por el pastor Aristeo. Embrujado por su belleza, él emitió un silbido de admiración: bajo, largo y lento. Eurídice se asustó y huyó. Mientras corría un escorpión blanco le picó en el tobillo. Eurídice murió y Orfeo se quedó destrozado. Cantó su dolor para que todos lo oyeran. Allá en los cielos, los dioses lloraron. Lloraron tanto que sus ropas quedaron empapadas y hundidas. Por eso en los grandes cuadros los dioses aparecen semidesnudos. En este punto de la historia, apareció la abuela Consuelo para anunciarles que la comida ya estaba en la mesa. El abuelo Manuel le dice a su nieta, que lo mira con ojos de suplicar que acabe el relato, por la tarde seguiremos con la historia de Orfeo, ahora vamos a ver qué es eso que huele tan bien:
POLLO A LA NARANJA



Ingredientes (2 personas):


4 jamones de pollo.
1 puerro (la parte blanca).
1 cebolla pequeña.
1 diente de ajo.
1 rama de romero fresco.
1,5 cm de jengibre fresco (pelado y cortado en bastoncitos).
9 semillas de enebro.
2 guindillas (opcional).
250 ml de zumo natural de naranja.
Piel lavada y seca de 1 naranja (sin la parte blanca, cortada en juliana).
Sal y pimienta negra recién molida.
3-4 c.s de aove (aceite de oliva virgen extra).


Elaboración:
Picar el puerro, la cebolla y el ajo.
Poner a calentar el aceite en una cazuela y dorar ahí el puerro la cebolla y el ajo. 

Cuando estén las verduras doradas añadimos el pollo y lo salpimentamos, le añadimos el jengibre, las semillas de enebro, la rama de romero y la piel de naranja.

Doramos el pollo por todos los lados y cuando esté  a nuestro gusto le añadimos el jugo de naranja.
Dejamos que cueza lentamente hasta que la salsa se reduzca a  un tercio.
  

Nota: el relato, te lo acabaré de contar el próximo domingo acompañado de una receta elaborada especialmente para ti. Feliz semana.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Empanada de Pollo y Curry con Queso, Piña y Arándanos

Las mejores historias siempre empiezan con la aparición de una mujer. La historia de la fonda “El Milagrito” no podía ser menos, y la mujer en cuestión Chelito. Luis vio a Chelito, la morena, y se quedó fascinado. No estamos en un cuento de hadas. Él se quedó prendado. De eso no parece caber duda alguna, pero fue amor a primera vista? Los cínicos niegan el amor a primera vista, argumentando que una persona no puede conocer a otra en un breve instante. Con solo ver a Chelito, Luis supo un buen número de cosas sobre ella. Supo que era una belleza mediterránea, una de esas mujeres que dan ganas de comer tierra. Eso era obvio. Supo que su familia era humilde, luchadora y educada, la forma de vestirse y de moverse la delataban. Supo que si se casaba con ella entraría en un mundo con el que hasta entonces sólo había podido soñar. También supo que ella siempre le miraría dos veces y él se perdería en el fondo de sus ojos una sola, sin posibilidad de ser rescatado. Supo de forma intuitiva que no se trataba de una mujer que confiara en el azar o en la suerte, la morena era trabajadora, como la que más. Chelito caminaba con los sueños y la curiosidad asomando a sus ojos. Dos días después de que Luis se fijara en Chelito por primera vez, se quedara prendado de ella y hasta de los pliegues de su falda y decidiera que era la mujer con quien deseaba casarse, ella se enamoró. Y sí, eso fue amor a primera vista. Se conocieron en la verbena del Cristo y empezaron “a verse” a las tres semanas de conocerse. A los cuatro meses él se había declarado formalmente y ella había aceptado. Luis visitó al padre de su amada para pedirle su consentimiento y presentó a Chelito a su familia. Y empezaron los planes de boda y de futuro en común, donde se incluía "El Milagrito”, porque Chelito cocinaba con la misma pasión que amaba. Desde "El Milagrito" hasta tu mesa:

EMPANADA DE POLLO Y CURRY 
CON QUESO,  PIÑA Y ARÁNDANOS



Ingredientes:

2 placas de hojaldre refrigerado.
400 grs de queso crema.
1 pechuga de pollo (cortada en trocitos).
3 c.c de curry amarillo.
1 c.c de mejorana o hierbaluisa (opcional)
Sal y pimienta, al gusto.
4-5 rodajas de piña al natural en su jugo.
3 c.s de arándanos.
1 c.c de semillas de sésamo.
1 huevo batido (para pintar el hojaldre).
1 pizca de azúcar (para espolvorear por encima el hojaldre).

Elaboración:

Ponemos en un bol el pollo picadito y le añadimos el curry, la sal, la pimienta y la mejorana (o la hierba aromática que más nos guste). Reservamos mientras preparamos el resto.
Encendemos el horno a 200º, que se vaya calentando.
Extendemos una plancha de hojaldre sobre papel de hornear (sirve el que trae la misma masa de hojaldre) y sin llegar a los bordes extendemos sobre él una generosa capa de queso crema.
Encima del queso crema ponemos el pollo y sobre este la piña y los arándanos (no es necesario hidratarlos).

Tapamos con la otra plancha de hojaldre, procurando sellar bien los bordes y pintamos con el huevo batido. Espolvoreamos con el sésamo y un poquito de azúcar.


Introducimos en el horno y cocemos durante 25-30 minutos a 180º con calor abajo y aire en la parte media-baja del horno.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Coquetas de Yuca y dos salsas

Aquella mañana de domingo, vestida, perfumada y bien peinada, como si fuera en busca de novio o a Misa Mayor en la  Catedral, Manuela cruzó el portón de madera y salió al vapor de la calle. Su proa apuntaba hacia la casa de su amiga Irene, porque necesitaba comunicar sus sueños truncados y todas sus ensoñaciones y elucubraciones a cerca de lo que pensaba sería su futuro más próximo y además llenar un poco su estómago, y no conocía en el mundo mejores oídos que los de su amiga Irene y mejor magia gastronómica que la de doña Prudencia, capaz de transformar a golpes de imaginación la simplicidad de los productos hasta llegar a convertirlos en  auténticos regalos para cualquiera de los sentidos. A pesar del calor, encontró la plaza de Los Encantes abarrotada de gentes: mientras unos vendían las cosas más inimaginables, otros compraban o soñaban comprar; mientras unos expulsaban por cada poro de su piel el último sudor haciendo footing, otros sonreían, frescos, detrás de sus cervezas bien heladas; mientras estos salían de la iglesia, aquellos tomaban un trago en el bar y se desahogaban maldiciendo en voz alta… un indigente pedía limosna en las escaleras de esa iglesia, poca era la generosidad de tanto devoto y  reza rosarios como salía por la  puerta. Un negro, fuerte y con gafas de sol vendía collares de todos los tipos y colores. Un pintor, al cual le faltaba una pierna, intentaba plasmar en su lienzo la esquina de la plaza y la calle de La Esperanza… En medio de aquel vértigo Manuela trató de ubicarse a sí misma y no lo consiguió. Por fin llegó a casa de Irene, donde su madre, doña Prudencia, había preparado:

COQUETAS DE YUCA y dos salsas



Ingredientes:

1 yuca mediana.
Carne picada (½ pechuga de pollo).
1 cebolleta.
2 c.s de aove.
¼ de mango (muy picado).
Unas hojas de cilantro.
PanKo (o pan rallado).
Aceite de girasol para freír (cantidad suficiente).
Ali-oli 12 c.s (mejor si es casero).
1 c.c de pasta de frambuesa.
Unas gotas de tabasco (opcional y al gusto.
2 c.s de salsa (escurrida) de tomatillo verde (salsa mejicana, de venta en grandes superficies).

Elaboración:
Coquetas de Yuca:
Pelamos y cocemos la yuca troceada en agua con sal.
Una vez cocida, la hacemos puré (mejor con un tenedor), y reservamos.
Ponemos  una sartén  al fuego con el aceite y cuando esté caliente añadimos la cebolleta muy, muy picadita. Antes de que se dore la cebolleta, añadimos la carne picada de pollo y la sofreímos. Cuando el pollo este hecho, apartamos la sartén y fuera del fuego le añadimos el mango picado muy chiquitín y el cilantro. Reservamos.
Tomamos una porción de yuca en la palma de la mano (como una cucharada sopera con copete) y le hacemos un hueco en el medio  donde depositamos una pequeña porción de nuestro relleno.   Cerramos nuestra bola-bolita de yuca bien, que no pierda el contenido.
Seguimos hasta rematar el puré de yuca y el relleno.
Una vez formadas todas las bolas-bolitas las pasamos por pan rallado o panko y las freímos en aceite caliente hasta que estén doraditas.


Servimos calientes  acompañadas de nuestras salsas, una no pica y la otra si.
Si las bolas se nos “secan” un poco, podemos humedecerlas ligeramente con un poquitín de agua, antes de pasarlas por el pan rallado.


Salsas:
Alioli de  Frambuesa:
6 c.s de alioli casero.
1 c.c de pasta de frambuesa.
Mezclar el alioli y la pasta de frambuesa muy, muy bien que queden perfectamente integrados.
Alioli de Tomatillo Verde:
6 c.s de alioli casero.
2 c.s escurridas de salsa de tomatillo verde.


Escurrir muy bien la salsa de tomatillo verde y ponerla en un bol junto con el alioli y unas gotas de tabasco. Integrar muy bien los ingredientes y habremos conseguido una deliciosa y picante salsita para acompañar nuestras coquetas.