Llevaba una temporada durmiendo
mal, se pasaba las noches despertando cada dos o tres horas. Esta noche
también. Por un momento observó lo que le rodeaba. El reflejo de la luna
atravesaba los cristales de la ventana y dibujaba formas esquivas en la
superficie de la cama, que se transformaban grotescamente cuando se alteraba la
perspectiva desde la que eran descubiertas. Eran las figuras de la soledad. La
almohada parecía ahora un perro acurrucado y casi redondo, como el viejo Rufo. La sábana, caída hacia el suelo,
un velo abandonado, como el de una novia que huye de forma trágica. Encendió la
luz de la lámpara de noche y la magia se evaporó: la sábana perdió tragicidad y
la almohada recuperó su identidad de simple, vulgar, desconsolada almohada.
Miró el reloj: las cuatro y treinta y cinco de la noche…otra noche de desvelo,
otra noche que quedaría reflejada en sus ya oscuras ojeras. Se levantó y bajó
hasta la cocina, ni siquiera encendió la luz, suficiente con la que entraba por
el ventanal. Miró hacia afuera, sin buscar nada y buscando algo que pudiera
relajarlo un poco, la luz de un barco en el horizonte, algún gato callejero
buscando amores, un papel movido por la brisa de la noche…Recordó algo que
había leído hacía tiempo a cerca de que cada noche tiene su manera de ser, como
las personas. Hay noches tranquilas, pacíficas, belicosas, antipáticas,
felices, profundas, monótonas. Las personas dependen de sus amistades y las
noches de los cuerpos, de todo lo que se esconde dentro de un cuerpo. Dime con
quién andas y te diré quién eres. Dime qué tipo de oscuridad se esconde en tu
cuerpo y te diré cómo anda tu vida y cómo pasas las noches. Antes de llegar a
la cara, todas las preocupaciones necesitan por lo menos una noche para dejar
su huella. Según esto a él sólo le queda saber qué era lo que le preocupaba y
no conseguía ver…Si todo, aparentemente, todo a su alrededor estaba ok.
SWEET VARESE DE CALABACÍN Y NARANJA
El Varese es un dulce típico de
la ciudad lombarda de la que toma su nombre, se caracteriza por hacerse en
un molde semicircular acanalado y cuyo ingrediente fundamental es la harina
fina de maíz utilizada en la elaboración de la polenta, que le otorga el color
amarillento característico.
Como ves, mi SWEET VARESE, se
parece al original en el color y en la forma. Aparentemente...Sí es un Varese.
Ingredientes:
2 huevos.
125 grs de azúcar.
6 semillas de cardamomo molidas.
Ralladura de 1 naranja (su piel).
Zumo de 1/2 naranja.
Zumo de 1/2 naranja.
85 grs de aceite de avellana (sustituible por girasol o maíz)
150 grs de harina de todo uso.
50 grs de harina de arroz.
50 grs de harina de arroz.
10 grs de levadura (tipo royal).
Pizca de sal.
Elaboración:
Encendemos el horno a 180º para que se vaya calentando
mientras preparamos el Varese.
Rallar el calabacín y reservar bien escurrido.
Batir los huevos junto con el azúcar hasta que doblen su volumen y la mezcla se vuelva blanquecina (unos 10
minutos con las varillas eléctricas). Entonces, añadir con cuidado el aceite (como si fuera una mayonesa) y seguir batiendo. Incorporar la ralladura de naranja, las semillas de cardamomo, el calbacín rallado y el zumo y mezclar todo bien con la ayuda de una espátula.
Mezclar la harina de trigo, con la harina de arroz, la levadura y la sal y tamizándola vamos añadiendo sobre la mezcla.
Mezclar con cuidado y llenar el molde, previamente
engrasado.
Nota: como me
sobró masa llené unos cuantos moldecitos de madeleines para luego decorar el
Varese.
Introducir en el horno y cocer a 180º durante 20/25 minutos
(depende del horno: lo mejor es la prueba del palillo). Cuando falten 10
minutos introducimos la bandeja de las madaleines que se harán enseguida.
NOTA: Mis pucheros y cazuelas me han pedido vacaciones hasta septiembre, creo que es justo y hasta necesario que descancansen y yo con ellos...así que ¡Volvemos en Septiembre!!!
Sed Felices...