Tuvo que haber sido la misma diosa del amor, Venus, el
modelo de los irresistibles anillos de pasta de los tortellini. Según la
leyenda (yo soy muy de leyendas, me gustan más que las historias reales), en
uno de sus viajes a la Tierra, Venus se detuvo en una modesta fonda y pidió alojamiento
y algo para comer. Cuando el hostelero se presentó en su habitación con una
copa de vino y un plato de comida, se encontró frente a Venus desnuda.
Impresionado por la forma perfecta de su ombligo, corrió a la cocina para
reproducirlo en una pasta.
La realidad es que los tortellini son el símbolo culinario
de Bolonia. En sus calles se pueden contemplar a los fabricantes de pasta en
plena faena. Generalmente los tortellini se sirven en un caldo espeso (por
sustancioso) o con salsa de carne. Aunque si su relleno es “especial” servidos
con un poco de buena mantequilla o un aromático aceite de oliva virgen extra…Para
que más!!! Es como recibir la visita de Venus.
OMBLIGOS DE VENUS (TORTELLINI) DE CALABACÍN CARAMELIZADO CON
ROMERO.
Ingredientes:
(Sigo las indicaciones que me dieron hace tiempo de “cada
100 grs de harina, 1 huevo”)
Para los tortellini:
2 huevos.
1/2 c.s de aove
Pizca de sal.
Pimienta negra recién molida.
Aove c.s
Queso parmesano rallado (opcional)
Una ramita de romero
Para el relleno:
1 calabacín no muy grande.
1 vaso de vino blanco seco.
2 c.s de azúcar integral.
Romero fresco muy picadito.
Elaboración:
Relleno:
Lavamos bien el calabacín y sin pelarlo lo picamos muy, muy
menudito. Ponemos una sartén con 2 c.s de aove al fuego y cuando esté caliente
le añadimos el calabacín, lo dejamos unos 3 minutos y le añadimos el azúcar, el
vino blanco y el romero, dejamos que se haga a fuego bajo, lentamente unos 25
minutos, hasta que se evapore todo el líquido y nos quede una textura como de
mermelada .
Tortellini:
Tamizamos la harina (aunque no es necesario) y con ella
hacemos un volcán dentro del cual cascamos los huevos y añadimos la sal y el
aove. Vamos amasando poco a poco, primero con la punta de los dedos y después
con toditas nuestras dos manos. Que quede bien ligado todo, con alegría y
energía. El resultado es una masa un poquitín dura pero que se despega de las
manos. Puede ocurrir que no sea así (dependiendo del tamaño de los huevos), que
nos quede como un poco húmeda entonces le añadimos un poquitín más de harina,
si por el contrario nos queda demasiado dura (seca) le añadimos un poquito de
agua o caldo. Tapamos la masa bien y la dejamos “dormir” 30 minutos.
Luego dividimos la masa en varias bolas y las vamos
trabajando de una en una. Si tenemos máquina a máquina y si no… rodillo que
dios te crió.
Con ayuda de un cortapastas (los venden especiales para
esto) vamos cortando los circulitos de masa y los rellenamos (no mucha
cantidad) con el preparado elegido. Doblamos como si fuera una mini empanadilla
y le damos la forma del ombligo de Venus. Según los vamos haciendo, los
espolvoreamos con un poquito de harina, para que no se nos peguen.
Y por fin:
Ponemos abundante agua con sal a hervir y cuando esté hirviendo
volcamos nuestros ombligos y cocemos
un minuto, si 1 minuto. Los sacamos del agua con ayuda de una espumadera y los
colocamos en el plato de servicio, regamos con el aove y le ponemos una ramita de
romero. El calor hará que “el perfume” del romero llegue a nosotros.
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