Tendría unos ocho años cuando iba a clase de religión y le hablaban
del alma y ELLA con una sonrisa pícara me miraba y con el dedo índice se
señalaba el centro del pecho, al lado del corazón, luego me decía que ella
tenía allí el alma, pegadita a su corazón. Y así fue y así es. Porque ELLA
cuando se enamoró no supo que era lo que mandaba si su alma o su corazón, y se
dejó llevar; cuando nacieron sus hijos puso toda su alma pero mandada por su
corazón y ahora que empiezan los nietos hace las cosas con el corazón pero la
que manda es su alma. ELLA guarda todos sus temores, sus dudas, sus
inseguridades tras una sutil cortina de mujer dura, pero no lo es tanto y por las
noches, ya cansada, le gusta meter su dedo índice (el que señalaba a su alma)
en el vaso de la nocilla y cuando
estoy a su lado siempre me dice: “¿Quieres? Es lo mejor que hay”.
Con vistas a que ELLA me diga cuando nos
veamos, que ahora “mi nocilla” es la mejor que hay; y a que haya una ELLA que a cada uno de vosotros/as
os lo diga también:
NUESTRA NOCILLA
Ingredientes:
30 grs de
avellanas.
50 grs de
chocolate negro.
20 grs de
azúcar.
25 grs de
mantequilla.
50 grs de
leche (yo he usado de oveja, pero vale la de vaca entera)
Pizca de
sal (no necesariamente, a mí se me olvido y no se notó).
Elaboración:
Esparcir
las avellanas sobre una bandeja de horno y tostarlas a 180º durante unos 10
minutos, removiéndolas un par de veces para que no se quemen.
Las sacamos
del horno, las colocamos sobre un paño de cocina y las frotamos con “alegría”,
para que suelten su “camisa”. Esto será lo más duro que hagáis en esta receta.
Picamos las avellanas con el azúcar (la mezcla quedará más fina que si lo
hacemos por separado), ayudándonos de batidora, thermomix, molinillo…lo que
cada uno use, pero conviene reducirlo todo a fino polvo.
Calentamos la leche y la vertemos caliente sobre nuestro polvo de
avellanas, removiéndolo hasta conseguir una pasta homogénea, sin grumos y lo
dejamos reposar.
Fundimos el
chocolate al baño maría y una vez que esté le añadimos la mantequilla y
removemos con amor hasta que quede bien disuelta.
Es el
momento de volcar la mezcla de chocolate sobre el preparado de leche, avellanas
y azúcar y mezclar con cariño estos ingredientes y se producirá el milagrito dulce.
La guardamos en un bonito recipiente y no hay que temer que esté muy líquida,
ya que al enfriar su textura se volverá un poco más espesa.
| VA POR ELLA Y... POR TODOS |
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